Recorriendo toda Argentina en autostop

Argentina… No tengo palabras para describir lo muchísimo que me gustó este país hermano. Llegué con expectativas tan altas que tenía miedo de llevarme un chasco. Por suerte no fue así, más bien al contrario. Me sentí como en casa, a la vez que me maravillaba con los lugares que iba visitando. Una combinación perfecta. Por no hablar de la gente maravillosa que conocí y la gastronomía asombrosa que descubrí. Factores que redondearon la experiencia hasta la perfección.

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La entrada en el cono sur, sobre todo a Argentina, marcó económicamente un antes y un después en esta etapa final del viaje. Si he de poner una pega a este país, lo haría con los exageradamente elevados precios de los autobuses. Es incomprensible como los pasajes pueden ser tan caros, no solo en comparación con países como Chile o incluso Europa, sino con el propio salario mínimo o coste de vida en Argentina. ¡Trayectos de 10 horas a 100 euros al cambio! Tanto en el norte como en el sur del país. En un país productor de petróleo. Nadie me lo supo explicar… En definitiva, me tocó hacerme toda Argentina, de norte a sur y de sur a norte, varios miles de kilómetros, a dedo. En autostop.

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Como todo, tuvo su lado malo y su lado bueno. El negativo fue el desgaste físico y psicológico que supone exponerse tanto en la carretera, el positivo fue lo mucho que aprendí sobre el país con la gente que me iba levantando de los arcenes. En Argentina hay mucha cultura de dedo, hasta profesores y militares lo hacen para desplazarse de una ciudad a otra. Pero la creciente delincuencia a creado un ambiente de mucha desconfianza que a veces ponía las cosas bastante difíciles. El dedo se dio muy bien en el norte, bastante mal en el centro y aceptablemente bien en la Patagonia.

Mereció también la pena hacerlo por conocer toda la cultura de carretera que hay en Argentina. Por ejemplo, el Gauchito Gil y la Difunta Correa, los guardianes de las carreteras argentinas. Sus altares están a lo largo de todas las carreteras del país. No hay camionero o conductor que no les dejen ofrendas (a él cigarros y a ella agua) o los saluden con las bocinas al pasar. O las estrellas amarillas sobre el asfalto en los lugares donde se han producido accidentes fatales en recuerdo de las víctimas mortales.

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Quebrada de Humahuaca

Mi “debut” en Argentina fue durmiendo durante una noche en la gasolinera del paso fronterizo de Jama. A más de 4.000 metros de altura y temperaturas bajo cero en el exterior. El dedo desde Atacama demoró y llegué ya entrada la noche a la frontera. Con un poco de paciencia en la espera un camionero paraguayo nos bajó hasta la Quebrada y conseguí reunirme con mis amigos. Pasamos algunos días por aquellos agradables pueblos de Humahuaca, Tilcara y Purmamarca, descubriendo ese rinconcito tan particular de “mundo andino” que esconde el norte de Argentina.

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De ahí me adentré de lleno en el centro del país haciendo una breve parada en Salta.

Sierras Chicas de Córdoba

En un pequeño pueblo al norte de Córdoba, a pocos kilómetros de Salsipuedes, en las Sierras Chicas, viví una de las mejores experiencias de todo el viaje. Un año después de conocer a Lucas y Daniela en Vietnam, a quienes prometí visitar en su casa a mi paso por Argentina, cumplí mi promesa. La recompensa fue conocer a su generosa y hospitalaria familia. No tengo palabras para agradecer lo bien que nos trató su familia los días que pasamos allí. Jamás olvidaremos ese primer asado argentino, los mates con la abuelita Hilda, la visita a la finca gaucha del tío Marcelo, los conciertos de charango del tío Carlos y las conversaciones sobre política con Ana María y Hugo justo el día de las elecciones nacionales. Una gran oportunidad para conocer este país en su estado más puro y desde dentro.

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Mendoza

Por supuesto también visité la ciudad de Córdoba, la cual no me llamó especialmente la atención. Quizá porque veníamos con el listón muy alto en cuanto ciudades.

Mendoza tampoco fue una excepción, aunque disfruté mucho del ambiente de la región y sus alrededores. Esta ciudad, o más bien su región, debe su fama al vino, producto que produce y distribuye a nivel mundial. Tuve oportunidad de conocer alguna bodega y viñedos y, por supuesto, probar bastante vino para acompañar la carne de los asados.

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Cruzando la cordillera a los pies del Aconcagua rumbo a Chile, me despedí por el momento de Argentina.

Al sur del sur

Tras un par de semanas en Chile en las que bajé 2.000 kilómetros desde la capital, volví a entrar en Argentina. Concretamente a la región patagónica de Santa Cruz.

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Llegué a la ciudad de Los Antiguos. Desde allí me tocaba bajar a dedo 650 kilómetros por la ruta nacional 40 hasta el Chaltén. La cosa pintaba muy dura, ya que es una carretera con tramos sin asfaltar, poco frecuentada y totalmente desierta, con apenas un poblado cada 150 kilómetros. A ese tramo a dedo hasta el Chaltén le siguió otro hasta el Calafate, y otro de varios días hasta Ushuaia. Pero de mi paso por la Patagonia y Tierra de Fuego, tanto chilena como argentina, por haber sido un viaje en sí mismo, os hablo en detalle en el próximo post.

Fue algo maravilloso, una de las mejores etapas de mi viaje de dos años por el mundo. Como avance, os dejo estas fotos del Chaltén, el Perito Moreno y Ushuaia. Yo creo que hablan por sí solas…

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Fin de año en Buenos Aires

Tras cuatro días de viaje a dedo a lo largo de 3.000 kilómetros desde Ushuaia, llegué a Buenos Aires. Era casi fin de año y a la capital le azotaba una ola de calor. Temperaturas por encima de los 40º. Nunca había vivido la Navidad en pleno verano austral. Aquí me encontré nuevamente con mis amigos compañeros de viaje y con otros 4 amigos más que no veía desde hacía años. Fue un gran reencuentro para un fin de año inolvidable.

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Buenos Aires me encantó. Ya me lo temía antes de poner un pie en ella. Sabía que me iba a gustar por todas las ciudades argentinas que había visitado antes. Esos domingos de mercado en San Telmo, milongas de vecinos bailando tango, la pasión por el fútbol en la bombonera, la casa rosada, barrios como Palermo o la Boca… Encantado me vendría aquí a vivir.

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Sorpresa en Concordia como despedida

Tras pasar unos días en Uruguay y emprender rumbo a Paraguay, tuve que pasar por la región del litoral. Sinceramente no tenía ya grandes expectativas en esta vuelta a Argentina, peor acabé llevándome una pequeña sorpresa. A veces uno pasa por ciudades que ni sabía de su existencia y acaba hasta quedándose algún día más sorprendido por las cosas interesantes que encontró. Algo así me ha pasado con Concordia. Una tranquila ciudad fronteriza de la provincia de Entre Rios, a la orilla del río Uruguay. Del puñado de cosas que me gustaron de ella, me quedo con una mansión en ruinas donde residió Antoine de Saint-Exupéry. Aquí fue acogido por una familia francesa que lo rescató tras un aterrizaje forzoso en su avioneta. ¿Os suena? Pues este y otros claros indicios hacen pensar que fue el lugar en el que ideó y comenzó a escribir su célebre obra “El Principito”.

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Gastronomía argentina

No quiero concluir este post sin alabar a la gastronomía argentina. ¡Volver a estos sabores mediterráneos después de tanto tiempo fuera de casa fue todo un regalo! Jamás en mi vida olvidaré el saber de los asados argentinos, esos mates energéticos en la mañana, las empanadas al horno… Un sin fin de platos que fusionan lo mejor de la tradición culinaria española e italiana hecha con productos sudamericanos. Una fusión cultural omnipresente que hizo sentirme como en casa. Una auténtica maravilla que hace más si cabe a Argentina un destino imprescindible en América y el mundo. ¡Buen provecho!comida-argentina