Baja California, México

La península de California, conformada administrativamente como los estados mexicanos de Baja California  y Baja California Sur, tiene una longitud aproximada de 1500 kilómetros desde Tijuana, en el extremo norte, a Los Cabos, en el sur. Tuve la ocasión de visitarla durante el mes de enero del 2011, como continuación de un viaje de navidad en la California estadounidense. Un total de 15 días en un viaje por tierra que comenzó en San Francisco, al norte del estado, y acabó en el extremo sur de la península. En definitiva, todo un recorrido a lo largo de las distintas “californias” con asombrosos paisajes que se sucedían e iban haciendo gradualmente más bellos conforme me adentraba en el sur de la península. Con un antes y un después en el desierto de El Vizcaíno, situado a la mitad del camino.

La frontera

El primer contacto fue nada menos que atravesar la frontera de Estados Unidos con México. Pocos kilómetros distan de San Diego a Tijuana, de hecho, es un tranvía urbano el que te lleva hasta la frontera, la cual puede atravesarse a pie llegando inmediatamente a la ciudad mexicana. Hay que decir que cruzarla desde el norte es mucho más rápido que cruzarla desde el sur, ya que los controles son mucho menores.

frontera tijuana san diego

La frontera es un vergonzoso muro que se extiende a lo largo de cientos de kilómetros desde Texas y el Golfo de México, al este, hasta el océano Pacífico, al oeste, donde se puede ver como la valla se adentra en el mar.

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Tijuana

Tijuana es una ciudad peculiar, interesante, pero poco representativa de lo que es México. Su proximidad a la frontera la ha convertido en un lugar de ocio nocturno para muchos estadounidenses. Allí los menores de 21 años pueden consumir alcohol legalmente, se encuentran fácilmente drogas baratas y la prostitución es algo común. Además, la región sirve de refugio a los cientos de inmigrantes del sur del país y Centroamérica que fracasan en su intento de pasar al otro lado, por lo que se ven obligados a malear por la ciudad. Pese a ello, también tiene bonitas playas y algún parque natural en las inmediaciones, así como una importante oferta cultural y gastronómica. En cualquier caso, merece la pena hacer una parada y respirar un ambiente tan auténticamente fronterizo que es difícil disfrutar en ningún otro lugar.

arco tijuana

Laguna Ojo de Liebre. Guerrero Negro

Desde Tijuana me dirigí directamente en un largo viaje nocturno en bus a la localidad de Guerrero Negro, situada a la entrada del estado de Baja California Sur. De ahí que el reloj tuviera que adelantarse una hora por el cambio de huso horario, algo extraño contando que viajaba en dirección norte-sur. Esta pequeña ciudad recibe su nombre de un barco ballenero americano llamado Black Warrior, que naufragó en las inmediaciones, en la orilla del océano Pacífico. Y es que hasta aquí, en la cercana laguna Ojo de Liebre, llegan cientos de ballenas cada invierno procedentes del ártico en busca de aguas cálidas en las que aparearse y reproducirse. Por ello, se pueden hacer tours en barca por la laguna para divisar a las enormes ballenas grises.

ballena guerrero negro

leones marinos

Aunque el sustento económico de esta localidad proviene de la producción de sal. Las salinas que rodean estas lagunas saladas entorno a Guerrero Negro exportan al mundo millones de toneladas de sal, lo cual las convierten en unas de las más grandes y productivas del mundo. Se pueden visitar sólo en coche propio, ya que debido a su extensión son imposibles de recorrer a pie.

barco sal

San Ignacio

Bajando por la carretera principal de la península, en dirección a Loreto, antes de llegar a Mulegé en la costa del mar de Cortés, hay un pequeño oasis de palmeras en medio de la península con una antigua misión jesuita llamado San Ignacio. Esta pequeña localidad, con un encanto muy particular, se visita fácilmente en una tarde. Un breve paseo por sus calles centrales, un ojo al interior de su iglesia y una subida al monte cercano para observar el oasis en perspectiva. Aunque también hay posibilidad de realizar algún tour para explorar las atracciones naturales de la región. San Ignacio puede ser un buen sitio donde pasar una tranquila noche a lo largo de este recorrido.

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La Paz y Los Cabos

Ya llegados al extremo sur de la península se encuentran los municipios de La Paz y Los Cabos. La Paz es la capital del estado y se encuentra en la costa este. Tiene un bonito paseo marítimo y una buena oferta gastronómica rica en productos del mar. Su principal atracción es la isla del Espíritu Santo, a unos 20 kilómetros al norte, en el mar de Cortés. Cuentan, ya que el mal tiempo me impidió visitarla, que tiene playas paradisíacas y que se puede nadar entre leones marinos y tiburones ballena. Ya en el municipio de Los Cabos hay 3 localidades importante que visitar y una infinidad de playas vírgenes entre ellas. La más turística es Cabo San Lucas, repleta de gringos borrachos y lugares de comida basura. Sólo merece la pena el paseo en barca alrededor del Arco del Cabo San Lucas y la posibilidad de ver más ballenas que pasan en su camino desde el Pacífico hacia el mar de Cortés. Más al norte, en el lado pacífico, se encuentra el pueblo mágico de Todos Santos, un pueblo con mucha historia y que dice tener el Hotel California que inspiró a los Eagles en su famosa canción. Al sur del pueblo hay varias playas vírgenes muy aptas para hacer surf. Por último, al este de Cabo San Lucas, se encuentra una pequeña y tranquila localidad llamada San José del Cabo, con poco que ver y hacer pero mucho más lejana del ambiente turístico de las dos anteriores. Allí se encuentra el aeropuerto desde donde volé de vuelta a Ciudad de México.

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Un interesante viaje por una región muy diferente al resto de México, prueba de la diversidad natural y cultural de este extenso país. Como gran consejo para visitarla, recomiendo absolutamente hacerlo con vehículo particular, ya que las conexiones de transporte público son escasas y caras. Merece realmente la pena poder disfrutar de esta península gozando de la libertad e independencia de poder ir y parar en los muchísimos interesantes lugares que, en la mayoría de los casos, suelen estar algo apartados de los puntos más turísticos.