Itinerario por los Balcanes: Croacia, Bosnia y Herzegovina

El comienzo de todo un viaje por los Balcanes y el centro de Europa. Solo un billete en barco para llegar a Split desde Ancona, en Italia, y un vuelo de vuelta dos semanas después desde Budapest. Algunos viejos amig@s que visitar y mucho margen para improvisar. Y así fue, ¡en este viaje casi nada fue lo que pareció! Os podría aburrir con más de una aventura, pero con esas ya castigaré yo a mis nietos dentro de algunos años, si llego a viejo, claro, ¡y si me acuerdo!

Croacia

De esta manera, como consejos os recomendaría mucho Split, ciudad croata auténtica donde las haya, y los lagos salados y rutas en bicicleta de la isla de Mljet. En Dubrovnik todo me pareció de cartón-piedra y abarrotada de turistas. También turística, pero singular, la playa de Bol en la isla de Brac. Bien merece una visita y un baño si se va en verano. Croacia se está volviendo cada vez más conocida y, por lo tanto, más cara y turística, aunque todavía sigue siendo un país por descubrir.

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Bosnia y Herzegovina

Ya en Bosnia y Herzegovina la historia es otra, aquí hablamos de los Balcanes profundos. Mostar es una ciudad impactante y deprimente, quizá por todo lo que fue machacada en la guerra y las evidencias que aún perviven. Sobrecoge ver agujeros hechos por impacto de bala por todos lados y edificios que ya casi no se tienen en pié. El altísimo y famoso puente impresiona, pero toda aquella zona céntrica de la ciudad está llena de masificados grupos de turistas que vienen a pasar el día desde sus hoteles en Croacia. En lo que huyes un poco de las multitudes descubres un país por reconstruir, influido por su historia y presente multicultural. Sorprende una atmósfera soviética, a la vez, enormemente salpicada por el islam. Sin duda el país no se parece a nada que se pueda visitar en el entorno o incluso todo el planeta. La visita, tan deseada después de tantas historias oídas desde joven por mi tía de bosnia y mi tío, que vivió muchos años aquí, no defraudó en absoluto.

puente mostarruinas mostar

Por último, Sarajevo. La entrada en una tarde gris y lluviosa por la “avenida de los francotiradores” fue alucinante. Aquellos edificios de cemento llenos de heridas de guerra parecían querer caer sobre mí. Una vez en el centro, ya sin lluvia, no fue difícil dejarse enamorar por una de las ciudades más auténticas y genuinas que haya visitado jamás. Un crisol de culturas y gentes que te envuelven desde el primer momento. Sarajevo es todavía esa ciudad que, cuando visitas, siempre piensas haberte perdido por no haber ido un par de décadas antes. Solo que esta vez si llegué a tiempo para vivirla en su máxima esencia. En definitiva, es un diamante en bruto que no tardará mucho tiempo en masificarse y desdibujarse. Allí, me encontré con una amiga que se animó a continuar el viaje conmigo rumbo a Europa Central.

vistas sarajevoplaza mezquita sarajevo

En próximos post contaré más en detalle y daré recomendaciones de cada uno de los lugares a los que fui en este itineriario por los Balcanes.