Brasil, el fin de viaje soñado

Como dice la canción, Brasil es un país tropical, bendecido por dios y bonito por naturaleza. Sé queda corta, es mucho más. Para ser un país situado casi al completo en la zona intertropical del planeta y no contar con grandes montañas o desiertos, se puede decir que tiene bastante diversidad paisajística.

Brasil fue el último de los 34 países que visité en mis 2 años de viaje por el mundo. Ese fue mi plan desde que partí. Después de varios años estudiando portugués, Brasil era el país que más ganas tenía de conocer. Así que me lo reservé para el final. Por ello, también fue al que más tiempo dediqué: 3 meses.

Pasé más de la mitad del tiempo entre las ciudades de Río de Janeiro y Salvador de Bahía, 5 y 3 semanas respectivamente. A diferencia de otros países, de Brasil me interesaba mucho más conocer su cultura en profundidad y establecer lazos sociales que me permitiesen practicar mucho mi portugués. El resto del tiempo lo dediqué a conocer todos los lugares de interés que encontré a mi paso. Recorrí unos 4 mil kilómetros en autostop que me permitieron descubrir muchos rincones de este gran país.

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Cataratas de Iguazú

No pude tener mejor bienvenida a Brasil y despedida de Argentina que visitando esta impactante obra de la naturaleza que tienen el gusto de compartir ambos países. Me decanté por visitar las cataratas de Iguazú solo del lado brasileño. También puede hacerse desde el argentino, aunque sale algo más caro. Las cascadas más espectaculares están de ese lado, por lo que se ven con mejor perspectiva del lado brasileño. Sin embargo, cuando se visitan en el lado argentino se camina por un sendero que va por encima y al pie de las cascadas. Una experiencia de la que dicen ser también bastante emocionante.

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Antes de adentrarme de lleno en Brasil, decidí quedarme un par de días en la anodina y casi fronteriza ciudad de Cascavel. Allí hice couchsurfing en casa de unos locales con los que puse a prueba mi portugués. Todo fue muy bien hasta que me tocó salir a dedo de allí. ¡Quién me iba a decir que me estrenaría en Brasil batiendo mi récord de espera! 10 horas tardé en que alguien me levantara de la carretera y me sacase de una ciudad cuyo nombre me costará olvidar.

Curitiba

Ya desde el principio de mi paso por Brasil me topé con uno de mis arquitectos favoritos, Oscar Niemeyer. Un maestro del que esperaba ver (y vi) mucha obra a lo largo de estos 3 meses. Curitiba es la capital del estado de Paraná, uno de los más ricos de todo el país. Tiene fama mundial de ser muy sustentable a nivel ecológico. Aunque en Brasil tiene fama de ser fría y muy lluviosa, lo cual también es cierto. Si eso no te molesta demasiado, probablemente se trate de la ciudad más habitable de todo el país.

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São Paulo

En São Paulo tuve la oportunidad de alojarme con los Ito, una familia nikkei. Se trata de la comunidad japonesa más grande del mundo fuera de Japón. Más de un millón de personas que descienden de los muchos japoneses que migraron a Brasil hace un siglo en busca de un futuro mejor. Fue una muy buena experiencia que me permitió entender de inicio la multiculturalidad de esta ciudad.

La avenida Paulista simboliza todo lo que esta ciudad representa. No solo es el centro económico del país, sino que también tiene un importante peso a nivel cultural y social, como la ciudad misma. Tan solo dediqué un par de días y me quedé con ganas de más. São Paulo es una ciudad para vivirla más que para visitarla.

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Costa Verde

Camino a Río de Janeiro desde São Paulo decidí tomar la carretera del litoral conocido como la costa verde. En esta región el ondulado relieve de la frondosa mata atlántica se funde de mil maneras con el océano, dando lugar a un sinfín de playas blancas de inigualable belleza. He de reconocer que es un tipo de costa que me impresionó desde el principio. Aunque he visto mucha selva y playas tropicales en mi vida, este fue un tipo de paisaje en cierta manera nuevo para mí. A continuación podéis ver un par de playas de Boiçucanga, aún en el estado de São Paulo.

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Ya en el estado de Río de Janeiro, antes de llegar a Paraty, se encuentran las famosas playas de Trindade. No las dejéis pasar si andáis por la zona. Esta en concreto forma una piscina natural entre grandes rocas y mucha selva.

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Pero no todo son playas en esta zona. Paraty es un pequeño pueblo que otrora fue el puerto de salida del oro que se extraía de las minas del interior. Arquitectura colonial, vistas al mar y calles empedradas por las que perderse. No hay que perdérselo.

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La joya de la costa verde es Ilha Grande. Como el mismo nombre indica, es una isla que se encuentra a pocos kilómetros de la costa fluminense. Pese a ser bastante turística, se trata de toda una reserva natural con playas tropicales de escándalo. Merece la pena ir con tiempo y adentrarse en la isla más allá de Abraão, la ciudad-puerto principal. La isla y sus playas pueden explorarse con tours en barco o largos treks en los que casi no hay infraestructuras.

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Río de Janeiro

En esta espectacular ciudad tuve la suerte de permanecer 5 semanas gracias a la generosidad de Fabricio, mi host en couchsurfing. A día de hoy, Río de Janeiro es la ciudad que más me gusta en el mundo entero. Y tengo vistas muchas… Con todo lo que me impacto la ciudad, lo mínimo que pude dedicarle en este humilde blog es un post exclusivo. ¡Os animo a leerlo!

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Niterói y el este de Guanabara

Al otro lado de la bahía de Guanabara, frente a Río de Janeiro, se encuentra Niterói, la capital del estado. Algunos cariocas dicen que lo mejor de Niterói son las vistas de Río, lo cual es un poco cruel pese a que lleven algo de razón. Las vistas, como pudisteis ver en la foto anterior, son espectaculares, sobre todo al atardecer. Pero la ciudad también cuenta con otros atractivos. A mí me ganó con un par de edificios de Niemeyer. El museo de arte contemporáneo, con forma de platillo volante, es universalmente conocido.

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Más al este de la bahía y Niterói, sin salir del estado de Río de Janeiro, hay muchas más playas. Tuve oportunidad de conocer algunas como Arraial do Cabo, pero no me impresionaron tanto como las de la costa verde. Quizá porque había mucha gente al ser festivo y el tiempo tampoco acompañó.

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Ouro Preto

Después de varias semanas de relativa tranquilidad en Río, las primeras en mucho tiempo, arranqué rumbo al norte para adentrarme en el estado interior de Minas Gerais. Una región del tamaño de España con tradición minera y muy buena fama por su gastronomía.

La primera parada en Minas fue en Ouro Preto, el máximo exponente del colonialismo portugués en América. Una localidad de la cual se estrajeron más de mil toneladas de oro durante el siglo XVIII. Da gusto perderse por las calles de Ouro Preto, llenas de belleza e historia. No tanto por las mortales subidas y bajadas a cada vuelta de una esquina. Pero es precisamente este trazado de relieve accidentado el que regala continuamente espectaculares vistas a la ciudad y la sierra en la que está emplazada.

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En Ouro Preto volví a entrar en una mina de época colonial. En esta ocasion de oro. No fue tan impresionante como la de plata que visité en Potosí, pero conocer las horribles condiciones de trabajo y el trato animal que se daba a los esclavos negros, me impactó duramente y me hizo perder un poco la esperanza en el ser humano. Cautivos, trabajando todo el dia sin ver la luz del sol, castrando a los mas débiles para que no se reprodujeran, limitándoles la comida en función de la cantidad de oro extraído… ¡Cuesta creer que hayamos podido tratarnos así entre humanos!

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Ouro Preto está plagada de iglesias. Las más importantes se construyeron durante el ciclo do ouro y son de una belleza arquitectónica inigualable. A mi humilde juicio, mucho mejor que todo el barroco que llevaba ya visto en Iberoamérica. Aunque quizá me impresionó más precisamente por ser algo diferente ante tanta monotonía. En muchas de ellas trabajó el célebre imaginero y arquitecto Aleijadinho, un artista mulato (hijo de esclava) y lisiado (sin manos) que hoy día es considerado el mejor de la época en todo el continente.

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Ya visitada Ouro Preto, me seguí adentrando en Minas haciendo carona, como llaman en Brasil al autostop. Sin duda, uno de los mejores recursos para permear en la sociedad de un país. Por no hablar de lo bien que me están viniendo para practicar portugués durante horas.

Belo Horizonte

La siguiente parada fue Belo Horizonte, la capital del estado. Conocida por sus iniciales BH, beagá pronunciado en portugués. Una ciudad de aire provinciano y creada de la nada hace poco más de un siglo. Nuevamente, un lugar que tampoco se entiende sin la mano del arquitecto Niemeyer. La Casa do baile, el edificio Niemeyer o la iglesia de São Francisco de Assis en Pampulha son emblema de esta ciudad. Sobre todo la iglesia, la cual confieso que es una de mis favoritas en todo el mundo. La originalidad y armonía de sus curvas hacen que esta obra tan aparentemente sencilla sea toda una obra maestra.

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Un día y medio tardé en salir de Minas Gerais pegando carona y llegar a pleno centro de Brasil, Brasilia. He de decir que, a diferencia del sur del país, desde aquí el autostop se fue dando con mucha más fluidez. Nuevamente, los inevitables tiempos de espera en la carretera se vieron siempre recompensados por encuentros inesperados con personas a través de las cuales conocí distintas realidades del país.

Brasilia, la capital

Hace ya más de medio siglo, se decidió trasladar la capital brasileña de Río de Janeiro al interior del país. Se eligió una ubicación lo mas céntrica posible y se lanzó un concurso público para el proyecto urbanístico de la ciudad, la cual se pretendía que fuese lo más operativa e igualitaria posible. El ganador fue Lúcio Costa, que presentó un diseño con forma de avión. Tras más de 3 años de construcción, en 1960 se inaugura Brasilia, la que hasta ahora sigue siendo la capital del gigante sudamericano.

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El Eixo Monumental de Brasilia vendría a ser la cabina de pasajeros. Al fondo, a los mandos, está el congreso y todos los ministerios. A los lados, se despliegan las asas (alas) norte y sur, que son principalmente áreas residenciales. En ellas viven 500 mil de los dos millones de habitantes que tiene ya la capital. Sí, la ciudad acabó creciendo mas de los esperado.

La catedral es la joya arquitectónica de la ciudad. Obra, como no, de Oscar Niemeyer, encargado de los edificios más importantes de la nueva capital.

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¡Brasilia es un auténtico museo de arquitectura contemporánea al aire libre! Tenía muchísimas ganas de conocerla. Muchas de las personas que visitan Brasil se lo saltan por su lejanía, lo cual es normal en un país tan grande e inabarcable. Pero yo no me arrepiento lo mas mínimo del gran desvío de cientos de kilómetros que supuso venir hasta aquí. Además, me pude reencontrar con dos viejos amigos, Pedro e Isabela, ¡a los cuales no veía desde hace 10 y 6 años respectivamente!

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Dos días completos tardé en recorrer los más de mil kilómetros que me separaban de Lençóis, en el corazón de la Chapada Diamantina. Atravesando el sertão por los estados de Goiás y el interior de Bahía a dedo, todo el día y sin parar hasta bien entrada la noche. Con el cansancio de casi dos años viajando así, pero con la motivación de saber que era el penúltimo tirón.

Chapada Diamantina

La Chapada Diamantina es un (aún) no tan conocido paraíso natural de Brasil. En su día fue importante por la enorme cantidad de diamantes que se extrajeron de sus tierras. Hoy es un lugar que poco a poco se esta ganando el puesto de “imprescindible” entre quienes vienen a Brasil.

El top de la Chapada es la cachoeira da Fumaça. Con 340 metros es la segunda más alta del país. Para llegar a la parte alta hay que caminar 6 kilómetros. Para conseguir ver la cascada tienes que asomarte en una piedra saliente que se adentra en el vacío varios cientos de metros por encima de la cascada y un inmenso valle. No apto para personas con vértigo como yo. Pero había que echarle valor y asomarse para verla y sacar un par de fotos.

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En la Chapada hay cientos de cuevas, algunas con pozos subterráneos. El más impresionante es el Poço Encantado, de un agua cristalina y azul que permite ver hasta el último de sus más de 60 metros de profundidad. Por supuesto, también hay decenas de cascadas de distintas alturas y emplazamientos. Me gustó especialmente la cachoeira dos Mosquitos, que cae sobre un estrecho cañón de piedra. La podéis ver en la foto a continuación junto a la cachoeira da Fumaça, el Poço Encantado y las vistas de la chapada desde lo alto del Morro do Pai Inácio.

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También os recomiendo mucho el poço do Diabo, llamado así por el color oscuro de sus aguas. Reconozco que daba un poco de miedo bañarse en él, pero merece la pena vencer el miedo y nadar hasta la cascada. De este lugar no incluyo foto para que la descubráis con vuestros propios ojos.

La verdad es que no puedo contaros qué tan fácil es hacerse la Chapada a dedo o en transporte público. Este último es algo escaso y el autostop seguro que se da pero quizá haga falta un poco de tiempo. Lo mejor aquí es contar con un coche para poder llegar a todos los puntos de interés. La Chapada es bastante amplia. Yo tuve la suerte de conocer a un grupo de amigos eslovenos con coche que me invitaron a explorarla junto a ellos.

Además, volvieron a Salvador de Bahía el mismo día que lo tenía planeado yo y se ofrecieron a llevarme. Mirad por dónde, de esta manera realicé mi último trayecto del viaje. Sin tener que esperar que me levantaran de la carretera haciendo dedo.

Salvador de Bahía

Las tres últimas semanas del viaje las pasé en Salvador de Bahía, ciudad desde la cual salía mi vuelo de vuelta a Europa después de 2 años en ruta. Una ciudad con tanta cultura que se presta a conocerla a fondo. Las ganas de regresar a casa no me impidieron disfrutarla al máximo durante esta larga estadía. Fue fácil rendirse a la alegría de su pueblo afroamericano.

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La máxima expresión cultural de este origen africano de la ciudad es la capoeira. Esa lucha/danza/deporte de origen afrobrasileño cada vez más practicada en el mundo entero, tiene su cuna aquí. Una de las tradiciones africanas que mejor se han conservado a través de los millones de esclavos africanos que llegaron a Brasil durante la época colonial. La capoeira es un arte marcial que fue asemejándose a la danza conforme los esclavos tuvieron que “camuflar” la práctica con percusión y cánticos ante los dueños de las haciendas, quienes no querían que sus esclavos supieran luchar. Existen dos tipos de capoeira: la Angola, más auténtica y lenta, y la regional, más acrobática y agresiva. Salvador está llena de asociaciones de capoeristas y no pude resistirme a asistir a una de sus rodas.

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Todo los martes es Terça da Bênção en el Pelourinho de Salvador de Bahía. Con una interesantísima misa afro-católica de bailes y tambores en la iglesia de Nossa Senhora do Rosário dos Pretos, la iglesia de los esclavos, y tamborrada Olodum en la calle.

El decadente centro histórico de Salvador, que fue capital de Brasil entre 1549 e 1763, está dividido en dos. Una parte baja y otra alta, literalmente. Con un desnivel de unos 70 metros. Una de las soluciones para unir ambas ciudades, fue la construcción, hace ya 143 años, del primer ascensor urbano del mundo: el Elevador Lacerda. Ahí sigue dando servicio por el módico precio de 0,15 reales (4 céntimos de euro).

En la zona norte de la ciudad llegamos a los barios de la Ribeira y el Bonfim. Nos adentramos por la orilla oriental de la bahía de Todos los Santos, que da nombre a la ciudad y el estado. Fieles y turistas atan las famosas fitas de colores en la verja de la iglesia del Señor de Bonfim, el centro religioso más importante de toda Bahía. Algunos la dejan como ofrenda, otros se la colocan como pulsera y piden 3 deseos… Cada uno de los colores representa a un orixá diferente, divinidades ancestrales del candomblé, una religión de origen africano muy seguida en la ciudad. Cada cinta mide 47 centímetros, la medida del brazo derecho de la escultura del cristo alabado en el interior de dicha iglesia. Estas cintas de más de 200 años de antigüedad se ven en cualquier rincón de la ciudad.

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Brasil como colofón de un gran viaje

Brasil es gigante… En su superficie caben los países de la Unión Europea y sobra espacio. Ciudades del nordeste como Recife están más cerca de Dakar, Senegal, ¡África!, que de algunas localidades de Acre, al oeste del país. ¡4.500 kilómetros recorridos en Brasil que no parecen nada vistos sobre un mapa! Aun así me han dado para conocer mucho. Pasando por 4 de las 5 grandes regiones en las que se divide el país: la Sul con Paraná, la Sudeste con São Paulo, Rio de Janeiro y Minas Gerais, la Centro-Oeste con Brasilia y Goiás y, ahora, la Nordeste con Bahía. La Norte y el litoral nordeste del país quedan para un próximo viaje a Brasil que, sin duda, realizaré tarde o temprano.

Brasil cumplió todas mi expectativas. Me enamoré de la amabilidad y alegría de su gente y me rendí ante su belleza natural. No pude imaginar un final mejor a mi viaje alrededor del mundo. Gracias, Brasil.