Camboya, la mejor y peor cara de la Humanidad

Apenas una semana me quedó para visitar Camboya antes de coger un vuelo de Bangkok a Myanmar. Contando con que venía de 40 intensos días recorriendo Laos y Vietnam, preferí tomármelo con tranquilidad y centrarme en dos lugares que me dieran dos facetas diferentes del país. La elección fue clara, no siendo solo diferentes sino contrapuestas. Además, tampoco me desviaba de mi camino a Tailandia, lo cual facilitó mucho las cosas y me ahorró algún que otro trayecto en bus extra, que ya de por sí son bastante sufridos por las pseudo-carreteras de este país. Estos dos lugares son Phnom Penh, la capital, y los templos cercanos a Siem Reap. ¡Os cuento el porqué de esta elección a continuación!

tomb raider bang mealea

Phnon Pehn y el horror de los Jemeres Rojos

La primera parada fue en la capital. Una ciudad muy contaminada y algo insegura para los estándares del sudeste asiático. Para colmo, la ciudad tiene pocos atractivos más allá de las clásicas pagoda budista, museo de historia, mercado central y un paseo a lo largo del Mekong.

Pero el gran motivo de mi parada en Phnom Pehn fue poder visitar los lugares dedicados a la memoria de los que perdieron la vida durante el genocidio camboyano llevado a cabo por los jémeres rojos. Un régimen que quiso instaurar un sistema maoísta en una versión bastante represora y oscura. Durante los casi 4 años que estuvieron en el poder dirigidos por el tirano Pol Pot, se cree que se ejecutaron a casi 2 millones de personas, mientras que cientos de miles murieron de hambre o a causa de las duras jornadas de trabajo en el campo que se imponían. Un horror que ocurrió hace apenas 4 décadas, a finales de los 70’s. Y lo peor es que toda esta barbarie fue ignorada por gran parte de la comunidad internacional con el fin de mantener su oposición a Vietnam.

El primero de los lugares a visitar es Tuol Sleng, el museo del genocidio, situado en una antigua escuela de la ciudad que fue utilizada como centro de arresto y tortura por el régimen. Por sus aulas pasaron miles de camboyanos por ser sospechosos de disidencia o hasta por ser familiares de supuestos disidentes. No importaba ni el sexo, ni la procedencia y ni tan siquiera la edad. Las huellas del sufrimiento que allí se vivió aun están latentes en las celdas de madera, las rejas alambradas o los instrumentos de tortura. En este museo trabajan algunas de las pocas personas que sobrevivieron a este centro de tortura. Uno de ellos es Bou Meng, que pudo salvarse gracias a sus dotes como pintor retratista.

museo genocidio tuol sleng

Por si fuera poco, aun queda un lugar más en la ciudad para tener una visión completa del horror del genocidio camboyano. Se trata de Choeung Ek, uno de los denominados “killing fields” donde se ejecutaba el exterminio del pueblo camboyano. Se han encontrado unos 9.000 cadáveres en el lugar enterrados en fosas comunes. Junto a ellos, las rudimentarias herramientas que usaban para matar a estos inocentes, ya que ni siquiera querían gastar. El lugar esta lleno de fosas desde las cuales siguen emanando restos humanos con las lluvia. Yo mismo vi dientes, huesos y hasta trozos de ropa en el suelo. Sí, escalofriante. El peor momento es cuando se llega al árbol donde mataban a críos estrellando sus cuerpos contra el tronco. La visita es un malísimo trago, pero creo que lugares que muestran estos horrores ayudan a que no vuelvan a producirse.

Una estupa que alberga gran parte de los huesos encontrados sirve como memorial a todos los fallecidos en manos del régimen. Ilustro esta parte del post solo con esta foto para no herir sensibilidades.

chuong ek

El lugar se encuentra a unos 10 kilómetros al sur de la ciudad. Lo normal es llegar en tuc-tuc, aunque yo opté por ir y volver andando, lo cual me permitió conocer algunos barrios auténticos de la ciudad.

Las ruinas de Angkor Wat y alrededores

Por otro lado, están las ruinas de los alrededores de Siem Reap, una ciudad con ningún atractivo en sí misma pero con bastantes facilidades para el turista. Destaca Angkor Wat, cuyo templo principal es el emblema de la nación, presente en la bandera. Toda una magnificente obra hecha por los seres humanos, lo suficientemente impresionante como para recuperar la fe en ellos después de los visto en la capital.

puente siem reap

Angkor Wat fue la capital política y religiosa de imperio Jemer, en pleno apogeo entre los siglos IX y XII. Se cree que llegó a estar habitada incluso por más de un millón de habitantes. Aunque popularmente se cree que el explorador francés Henri Mouhot descubrió la ciudad a finales del XIX, hay escritos portugueses del siglo XVI que ya hablan de ella. Aunque lo que si es seguro es que fueron las publicaciones del francés quienes las que dieron a conocer este magnífico lugar a occidente. De ahí que hoy día sea de paso imprescindible para quienes visitan el sudeste asiático.

angkor wat lago

El recinto arqueológico es inmenso, tanto que se necesitan varios días (al menos 2) para visitarlo al completo. El problema es que el ticket de entrada, que cuesta 20 dólares, tiene una validez de un solo día y el atardecer del día anterior. Si se quiere entrar dos días la entrada vale 40 dólares, un dineral por mucho que sea Angkor Wat. El descuento solo viene si compras el ticket de 60 dólares que te permite el acceso durante toda una semana. No hay posibilidad alguna de colarse, los billetes son personalizados (con foto incluida) y hay controles en cada uno de los templos.

Os cuento que de los 2 días completos que pude estar en Siem Reap, uno lo dediqué al templo de Beng Mealea, que está fuera del recinto de Angkor Wat (os hablaré más adelante), y, el segundo, a Angkor Wat. Por lo cual me la jugué a ver el máximo posible en un día, desde el amanecer a las 5 de la mañana hasta que mi cuerpo dijo basta, sobre las 4 de la tarde, antes de la puesta de sol. Yo lo recorrí en una mountain bike de alquiler y, la verdad, lo disfruté mucho más que yendo en un ruidoso y contaminante tuk-tuk. Una opción mucho más sana y barata para compensar el sablazo de la entrada y, además, igual de rápida, ya que coincidía todo el tiempo con gente que se movían en tuk-tuk.

Como decía, comencé muy temprano, de noche aún, para llegar puntual al amanecer en plenas ruinas. Más que por verlo en sí, lo cual me habían dicho que no era particularmente especial, por aprovechar el día desde el principio. Mi idea inicial, nada original, era verlo en el templo de Angkor Wat, la primera parada, pero cuando vi la manada de cientos de turistas que cruzaban el puente hacia la isla, cambié automáticamente de plan. Tuve la gran idea, la cual recomiendo a todos, de subir directamente a Angkor Thom, la ciudad fortificada, y esperar al sol en el templo de Bayon, rodeado de caras que iban surgiendo en la piedra conforme aumentaba la luz. Fue mágico, solo coincidí con otros dos turistas en todo el recinto, algo impensable. Una breve parada para desayunar en los puestecillos de comida que hay justo al norte de Bayon y a seguir el itinerario antes de que me alcanzaran las hordas de turistas que comenzaron en Angkor Wat. Algo que solo conseguí en los edificios que hay en la zona noroeste de Angkor Thom, ya que una vez que llegué a la zona de Preah Neak Pean y Ta Som, ya no estuve nunca solo, aunque lo peor estaba todavía por llegar. Desde allí fui dando un rodeo por lo que comúnmente se conoce como el circuito grande. Continuando dirección sur, primero, y oeste después, encarando la puerta este de Angkor Thom. Pasé por decenas de templos, parándome en cada uno de ellos. Algunos destacaban por la envergadura de su arquitectura, otros por el tipo de material constructivo, otros por sus esculturas y relieves, etc. Todos de alguna manera diferentes, aunque después de horas el cerebro acaba por agotar su capacidad de procesamiento de información.

templo caras bayon

Por fortuna, aún quedaban dos platos fuertes antes de finalizar el recorrido, lo cual motivaba bastante. El primero fue el templo de Ta Phrom, también conocido como el de Tomb Raider por la escena en la película y el videojuego. Un inmenso templo con numerosos ambientes y con casi la totalidad de sus edificios cubiertos por árboles selváticos cuyas enormes raíces copan sus muros. He de decir que fue el que más me impresionó de todos pese a que los turistas que allí se congregaban se podían contar por cientos, sin exagerar. Parejas europeas, mochileros anglosajones y sexagenarias chinas más preocupados por salir bien en la foto que por descubrir el lugar. Un horror, ya me hubiese gustado disfrutarlo solo a primera hora de la mañana, la experiencia habría sido totalmente diferente. Pero, pese a todo, me fascinó.

angkor tomb raider

Y como toque final, Angkor Wat. Nada menos que el recinto religioso más grande del mundo. Impresiona por su dimensión y su belleza arquitectónica, aunque pienso que, aun y así, el lugar transmite muy poco. Muy bonito y fotogénico, pero insulso, me dejó casi indiferente.

Hay muchos más templos, sobre todo alejados de la zona que recorrí yo, pero la verdad es que me quedé más que satisfecho con lo visitado. Y lo dice uno que ha estudiado algo de arqueología e incluso a hecho prácticas universitarias en yacimientos arqueológicos de varios países de Europa y América. Es decir, que me interesa bastante el tema y le doy cierta importancia en mis viajes.

Acabé antes del atardecer con pocas fuerzas para más, ya que el día anterior me hice nada menos que 120 kilómetros en bici para visitar el yacimiento de Beng Mealea y dormí apenas una hora ya que me pasé toda la noche terminando un artículo para una revista. Os imaginaréis…

ruinas beng mealea

Beng Mealea fue espectacular, super recomendable. El tipo de ruina y su estilo arquitectónico es prácticamente el mismo que el de Angkor Wat, pero la experiencia de visitar el lugar, con muchísimos menos turistas, se acerca mucho más a lo que pudieron sentir los primeros exploradores que encontraron estas ruinas en Camboya.

beng maelea

Está a unos 60 kilómetros y lo normal es contratar un tuc-tuc que te lleve y te traiga. Yo le eché valor y fui en bici, ¡no pude elegir mejor! Aunque tardé más de 3 horas en cada trayecto, lo disfruté casi más que la propia visita a las ruinas. Gran parte del recorrido transcurre por un camino rural por donde los vecinos no acostumbran ver turistas. Diría que fue la experiencia más autentica que pude vivir en los 3 meses que viajé por Indochina.

bici camboya

Desgraciadamente no me quedó tiempo para disfrutar de las maravillosas playas e islas de Sihanoukville o los parques naturales del interior. Será para la próxima vez que el camino me traiga por estos rumbos.

De Camboya me quedo sobre todo con la sonrisa de los niños y niñas que dejaban cualquier cosa que estuviesen haciendo para salir de sus casas y saludarte con un efusivo “helloooo” a tu paso. Pequeños detalles que te roban el corazón. Realmente entrañable. Bueno, y también del amok, jeje, aún sueño con los muchos que me comí en Star Rise, lugar recomendado por mis colegas blogueros de Marcando el Polo. ¡Inolvidables!