Camino de Santiago Francés en otoño desde Somport

El pasado mes de octubre me lancé a hacer el Camino de Santiago. En pleno otoño, una de las mejores épocas para peregrinar. El Camino era una gran asignatura pendiente después de muchos viajes y treks por el mundo. Antes de lanzarme, tenía claro que quería hacer el Camino Francés; por su historia y por los lugares por los que trascurre, en los que nunca había estado. En lo que investigaba sobre el itinerario, vi que existía la posibilidad de empezarlo desde Somport, en el Pirineo aragonés justo sobre la frontera con Francia. Decidí comenzarlo allí y acabé disfrutando mucho de las etapas previas a enlazar el Camino Francés. De todo ello y otras informaciones prácticas hablaré en detalle a continuación. Los aspectos económicos del Camino los abordaré con detalle en el próximo post.

El Camino en otoño

No elegí las fechas a posta, pero tuve la suerte de contar con unas semanas libres en una de las mejores épocas para hacer el Camino de Santiago: el otoño. Al principio creía que sería óptimo por dos principales razones. La primera por tratarse de un período no tan concurrido como la primavera o el verano, en los que el Camino se convierte en una carrera por no quedarte sin lugar donde dormir en los albergues. La segunda por poder realizarlo en una estación templada, lejos aún del frío y nieves invernales, así como de los tórridos calores del verano, que hacen impracticable caminar durante el día. Temía un poco por las lluvias, que comienzan a acrecentarse en esos meses. Sin embargo tuve bastante suerte y me llovió tan solo durante 5 días. Solo uno de ellos muy intensamente. Fue en Galicia y acabé calado de agua.

Pero lo mejor de hacer el Camino en otoño fue la sorpresa de encontrar paisajes impresionantes con infinidad de tonalidades ocres, cruzar la Rioja en plena vendimia o recoger decenas de castañas cada día al paso por el Bierzo para luego comerlas asadas. Si podéis, os recomiendo muchísimo hacerlo en esta época del año. ¡Qué las imágenes hablen por sí solas!

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El Camino de Santiago Francés

Al final, creo que acabé haciendo la versión más larga del Camino de Santiago Francés que se puede hacer en territorio español. Desde Somport hasta Muxía, previo paso por Santiago de Compostela y Finisterre. Unos 970 kilómetros recorridos exclusivamente a pié, con tan solo un par de paradas breves: una en Burgos y otra en Frómista (Palencia).

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41 días de marcha sin contar las pausas. Aunque parezcan muchos kilómetros, son bastante llevaderos. El límite lo marca cada persona. Caminé una media de 24 kilómetros al día. Algún que otro día hice 20 y otros tantos me metí una paliza de 35. Cuando no sobrepasaba los 25 km, mi cuerpo lo agradecía. Cada vez que empalmaba unas cuantas etapas rondando los 30 km, mis piernas y pies se resentían mucho. No sobrepasar esos límites me permitía disfrutar mucho más del Camino.

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Un día un hospitalero me dijo, con bastante razón, que el Camino Francés consta de 3 grandes etapas. Una física, una psicológica y otra espiritual. En la física se refería a las casi continuas subidas y bajadas del Camino en Navarra y La Rioja. La etapa psicológica, en cambio, sería la monótona meseta castellano-leonesa. En la espiritual, aunque yo la llamaría más bien sentimental o emocional, aludía al tramo que se recorre en Galicia. Así resumiría el Camino en un frase.

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Mi idea inicial, como decía fue siempre realizar el Camino de Santiago Francés. Quería empezarlo desde los Pirineos, a ser posible en territorio francés, pero la opción de comenzarlo en Saint-Jean-Pied-de-Port me parecía algo más comercial que histórico, ya que desde hace siglos un peregrino comenzaba su camino desde la puerta de su casa y no desde una determinada localidad popular. El hecho de que ese paso sea importante se debe a que la ruta que bajaba desde París entraba a España por ese punto.

Comienzo en Somport

Buscando información por internet antes de partir, en lo que decidía donde comenzar, di con una dato que me hizo decantarme por Somport. Decía algo así como que las 6 etapas por Aragón y Navarra antes de confluir con en Puente de la Reina con el Camino de Santiago Francés conservan el espíritu del peregrinaje anterior al boom turístico. No puedo viajar en el tiempo y realizar una comparación entre ambos caminos, pero si puedo certificar que este pequeño tramo del Camino, conocido como el Camino Aragonés, es mucho menos turístico que el resto del Camino Francés. Y se agradece. Esta fue una variante muy transitada también en la Edad Media, ya que por aquí accedía la ruta proveniente de Roma. Muchos peregrinos también optaban por ella para evitar al máximo las tierras navarras, famosas por el pillaje de sus habitantes de aquella época.

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En los días en los que pasé por allí solo coincidí con un puñado de peregrinos cada noche. Todos los días caminaba absolutamente en soledad, algo impensable días después en el Francés, incluso en otoño. También se hace más duro, con etapas en las que solo hay un albergue en 30 kilómetros. A veces ni tan siquiera tiendas en más de 50 kilómetros. En total son unos 160 kilómetros desde Somport hasta Puente de la Reina. Unos 70 kilómetros más que comenzando desde Saint-Jean. Tan solo una diferencia de 2-3 etapas que bien merecen la pena. A continuación os muestro algunas imágenes para que juzguéis ustedes mismos los impresionantes paisajes de esta variante del Camino a su paso por el noroeste de Aragón y el este de Navarra.

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Cómo equiparte

Una de las grandes cuestiones previas a un viaje. Obviamente, todo depende de las necesidades de la persona, así como de la época del año. Es imprescindible intentar llevar el mínimo peso posible. 2 kilos de más o de menos pueden hacer que tu experiencia pase de ser buenísima a un infierno. Yo no sobrepasé los 6 kilos, cargando lo esencial, y mi espalda lo agradeció muchísimo. Por no hablar de mis piernas y pies…

Por supuesto, también es de vital importancia contar con una buena mochila de montaña. Una que reparta bien el peso concentrándolo en la cintura. Recordad siempre llevarla bien puesta y amarrada, que se ve por ahí cada cosa… De igual manera son importantes unas buenas botas. Una de las primeras causas de abandono del Camino de Santiago son precisamente las ampollas, aunque parezca mentira. Esenciales caminar con un calzado de trekking al que ya estén hechos nuestros pies.

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En lo virtual, aconsejo mucho descargar alguna aplicación del Camino para móvil. Hay mucha, algunas de ellas con algún coste, pero a mí me fue muy bien con dos gratuitas que se complementaban muy bien. “Camino de Santiago Eroski” tiene muchísima información, toda muy actualizada, pero es muy poco manejable. Sin embargo, “Camino Pilgrim – Francés” es más esquemática y se puede acceder a la información básica muy fácil y rápidamente. Además, cuenta con un mapa interactivo en el que muestra tu posición, el camino y todos los puntos de interés.

Qué llevar en la mochila

En definitiva, al caminar llevaba puestas mis botas, unos calcetines, unos pantalones de trekking, una camiseta, un móvil y una cartera. En la mochila llevaba unos pantalones cortos para los albergues, cuatro camisetas más, una camiseta de manga larga térmica, dos sudaderas, tres pares de calcetines más (uno de ellos gruesos para el frío), dos chubasqueros (uno tipo chamarra y otro tipo poncho), unas chanclas y una braga para el cuello. Más allá de la vestimenta, también cargaba con unos cubiertos de camping, un tupper, una toalla, un pequeño botiquín, un cepillo y pasta de dientes, tapones para los oídos (!imprescindibles!) champú (también lo usaba como jabón para el cuerpo), un peine y acondicionador (tengo el pelo largo y muy enredoso).

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Otro elemento imprescindible fue el saco de dormir, ya que en algunos albergues no había mantas y hacía bastante frío. Por lo demás, solo la comida que cargaba en cada momento. Bueno, si nos ponemos quisquillosos, os diré que también llevaba un par de gafas (unas de ellas de sol), una tarjeta de débito, mi dni, siempre algo de dinero contante y hasta una gomilla para el pelo. Durante las primeras semanas me fue bastante bien con este cargamento. Sin embargo, conforme entraba en noviembre y aumentaba el frío eché de menos un saco más caliente (o el saco de seda suplementario para subir 5 grados) y que mi segundo par de pantalones fuese largo.

Uno de los grandes sacrificios fue no llevar mi cámara de fotos reflex. Mi cuerpo lo agradeció muchísimo, pero me hubiese gustado poder mostraros mejores fotos que las que pude sacar con mi móvil.

Lo mejor del Camino

Diré que el Camino de Santiago cumplió todas mis expectativas. Fue tan buena vivencia como me adelantaron que sería todos mis amigos que ya lo habían hecho. Me quedo con la experiencia de viajar caminando y ver como cambiaba el paisaje al lento pero continuado ritmo de mis pasos. Con la buena gente que se conoce y el buen rollo que se respira durante todo el camino. También con la hospitalidad de las personas que aún conservan el espíritu del Camino en sus orígenes. Así como con haber podido conocer en profundidad estas regiones de mi país. Con los importantísimos vestigios de arquitectura medieval que se conserva en estas localidades. Y con tantas imágenes como estas:

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Por supuesto el Camino no acabó en Santiago de Compostela, había que hacerlo hasta el final original: Finisterre. Fue una de las mejores partes.

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No contento con haber llegado a Finisterre, proseguí una etapa más hasta Muxía, una bella localidad portuaria situada más al norte. A los que os animéis a ir, os recomiendo hacerla antes de llegar a Finisterre. Es fácil, poco después de comenzar la última etapa en Olveiroa hay un desvío a Muxía. En vez de ir a Finisterre y luego subir a Muxía el segundo día, se subiría primero a Muxía para luego bajar a Finisterre y acabar (de verdad) ahí el Camino.

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