Las capitales del sur de Europa Central: Budapest, Viena y Bratislava

Rumbo al norte llegamos a Europa Central. A los Balcanes, le sucedió una intensa y algo express ruta por Hungría, Austria y Eslovaquia. O más bien, siendo exactos, sus capitales: Budapest, Viena y Bratislava. De las cuales os hablaré detenidamente en futuros posts.

Budapest

Una improvisada salida en coche con mi amiga Isabel desde su casa en Sarajevo dirección a Budapest. Decidida la madrugada anterior entre vasos de rakia en un bar muy underground de la ciudad llamado el Pussy Galore. Un total de 8 horas de trayecto cruzando montañas y ciudades fantasmas como “Arizona”, en el norte de Bosnia. Un par de puestos fronterizos para cruzar el pedazo de Croacia que se adentra hacia el este de la península balcánica y un monótono y despoblado trecho del sur de Hungría hasta llegar a Budapest a las tantas de la noche. Por supuesto, sin ningún tipo de reserva que nos asegurase el alojamiento… Pero tranquilos, sobrevivimos. Un móvil y una señal abierta de wifi era todo lo que necesitábamos para encontrar un hostal. ¡Toda una aventura en su conjunto!

De Budapest destacaría atracciones como la zona del barrio judío, con su inmensa sinagoga y sus impresionantes ruin bars de vida tanto nocturna como diurna. De los pocos que vi, me llamó especialmente la atención el conocido como Szimpla. Por otra parte, disfruté también mucho la experiencia de ir a uno de los muchos baños públicos con aguas termales de la ciudad. Me sentí como un romano en uno de esos majestuosos baños de la antigua Roma. En concreto fui al poco turístico balneario Széchenyi, el cual recomiendo infinitamente. Por último, no hay visita a esta capital sin subir a la ciudad de Buda y sin admirar a la orilla del Danubio el famoso Parlamento húngaro de estilo neogótico.

No podría terminar de escribir sobre este país sin señalar lo mucho que me impresionó la belleza de las chicas húngaras. No es algo muy habitual, pero a veces ves algo en la gente de un país, quizá cierta belleza común, que te atrapa de una manera especial. De hecho, hasta ahora, solo me había pasado en otros dos países: Holanda y Senegal.

parlamento budapestvistas budapest

Viena

Desde Hungría, tras un par de horas en coche, llegamos a Viena. Una gran asignatura pendiente en mi vida. Desde adolescente siempre me maravillaron los locos y pasionales relatos del gran Arthur Schnitzler (mi escritor preferido desde siempre), todos ellos localizados en la capital austríaca. De esa Viena, poco queda o poco vi. Y al pobre Arthur, ni el nombre de una calle o una estatua en su Prater querido donde hacerme una misera foto de típico turista. Y, por supuesto, ¡ni hablar de una casa-museo! Toda un decepción… Supongo que algún día Viena le hará la justicia que merece.

Merece mucho la pena pasear por la ciudad y admirar la belleza de sus numerosos edificios imperiales. Sin embargo, fue una gran sorpresa toparme con una super exposición de Gustav Klimt con motivo del 150º aniversario de su nacimiento. Lo que más me gustó de la ciudad fue el imponente Pabellón de la Secesión. ¡Toda una oda al arte modernista vienés! ¡Qué gran descubrimiento! Realmente me dejó impresionado tanto arquitectónicamente como a nivel decorativo.

pabellon secesion vienabelvederegarten viena

Bratislava

Desde Austria emprendimos el regreso a Budapest parando en Bratislava. La visita a esta ciudad fue, literalmente, de una noche y una mañana. Allí nos esperaba el gran Grant, un buen colega inglés, atípico donde los haya, al que veo poco pero con el que tengo muchas cosas en común. Entre ellas, salir de fiesta y reírnos de todo. Una persona inquieta y con un humor asombrosamente ácido. ¡Y eso fue lo que hicimos en Bratislava! Conocimos la divertida vida nocturna de la ciudad y en la mañana, algo resacosa, dimos un paseo por su pequeño centro histórico para ver algunos edificios de interés.

paseo bratislava