En busca de la China más auténtica

Mi paso por China supuso un auténtico reto en mi viaje por el mundo. No solo pasaba del calor tropical del sudeste asiático al frío continental, sino que también tenía que afrontar las consabidas barreras idiomáticas de este país, el bloqueo de aplicaciones y páginas webs que me son muy útiles en e día a día o un ligero aumento de precios con respecto a destinos pasados. Con todo y ello, China cumplió todas las expectativas. No dejó de sorprenderme y maravillarme desde el primer al último que pasé allá.

cometas

Llegué a Shanghai en un vuelo low cost procedente de Filipinas en pleno año nuevo chino, con el caos que eso supone. Contaba con una visado que me permitía una estancia de tan solo un mes, insuficiente para la vasta extensión del país. Tampoco tenía una ruta definida, solamente sabía que finalizaría el viaje en Pekín, desde donde saltaría al siguiente destino: Corea del Sur. Eso sí, una cosa tenía clara desde el principio, y se reafirmo cuando vi la modernidad extrema de la costa oriental; quería conocer la China más auténtica sin importarme cuánto tuviese que adentrarme en su interior.

itinerario china

A continuación desarrollaré mi itinerario dando algunas descripciones y recomendaciones, haciendo hincapié en aquellos lugares que me parecieron más auténticos, finalizando con algunos consejos prácticos para viajar a China y una reflexión final. ¡¿List@s?!

Shanghai, cosmopolita y moderna

Shanghai fue mi primera toma de contacto con China. Una ciudad moderna con grandes rascacielos y desarrollada infraestructura. Dese hace décadas, Shanghai es la ciudad más cosmopolita del país, ya que son muchos los occidentales que han residido allí, lo cual se nota urbanística y arquitectónicamente. Uno de los barrios más representativos en este sentido es la Concesión Francesa.

El centro histórico cuenta con algunos edificios más antiguos, algunos restaurados y orientados al comercio turístico. Lo mejor es pasear a lo largo del río por The Bund y apreciar el skyline de la parte más moderna.

shanghai

Con amigos en Wuxi

A una hora en tren hacia el noroeste, ya en la provincia de Jiangsu, está Wuxi. Una ciudad mediana y d tradición industrial a la que fui para encontrarme con Ma Kexing, una ex compañera de universidad y buena amiga. Allí visité algunas zonas con casas antiguas sobre canales, pero sobre todo tuve la oportunidad de convivir con sus amigos y familia, probando muchos platos típicos. Algo de valor incalculable. Sinceramente, con lo mucho que hay que ver en China, solo os aconsejaría ir a un lugar así si, como yo, tenéis una buena amiga que os enseñe la cara más cotidiana de la sociedad China. Ciudades medianas como esta hay miles en toda China. Todas tienen siempre lugares interesantes que visitar, pero ¡hay que ser selectivos!

verdadera comida china

Huangshan y Hongcun

Rumbo al suroeste, en la provincia de Anhui, llegué a Huangshan (montaña amarilla), un lugar espectacular, incluso puede que más que las famosas montañas de Zhangjiajie. Es una vasta extensión de pináculos graníticos de casi dos mil metros poblados por coníferas que por las mañanas sobresalen de un mar de nieblas dando esos espectaculares paisajes propios de las pinturas chinas de estilo shan shui.

Yo tuve la malísima suerte, no solo de visitarlo en el periodo vacacional de año nuevo chino, por lo que estuvo llenísimo de gente, sino también se que me tocase un día nublado y con mucha niebla que tan solo me permitió ver este esperado paisaje por breves momentos y casi sin nitidez.

huangshan niebla

Para llegar a las montañas amarillas hay que ir a Huangshan (ciudad) y desde ahí, temprano en la mañana, salir en bus hasta la base de la montaña. Desde ahí hay otro bus que te sube hasta la entrada principal del parque, desde donde se comienza el trek por las montañas. Se puede hacer sin problemas en un solo día. Hay un recorrido clásico que te lleva por los principales lugares y que acaba en otro punto situado varios kilómetros al este desde el cual se puede bajar nuevamente a la base a pie y, luego, en bus. Si se dispone de más presupuesto, recomiendan mucho pasar una noche en alguno de los caros alojamientos situados dentro del parque para comenzar a explorar la zona al amanecer, que es cuando parece que se consiguen las mejores vistas con los pináculos sobresaliendo por encima del mar de nubes.

También desde la ciudad de Huangshan se pueden visitar varios pueblos tradicionales. El más famoso es Hongcun, ya que allí se rodó la película “Tigre y Dragón”. Es realmente bonito, pero poco auténtico y muy enfocado al turista. Pero ya que se está allí merece la pena darse una vuelta. También hay otros menos turísticos y donde no se paga entrada, pero no son tan estéticos, todo hay que decirlo.

hongcun

Rumbo al Oeste

Llegado a este punto, y un poco agobiado de toparme con masas de turistas chinos de vacaciones en todos lados, decidí que era momento de adentrarme en el interior del país en búsqueda de su cara más auténtica, menos desarrollada. Descarté pasar por Zhangjiajie por lo complicado que era llegar y lo masificado que iba a estar en esas fechas. Siguiendo los consejos de mis amigos chinos, que me aconsejaban las provincias de Sichuan y Yunnan, me decanté por las montañas y poblados tibetanos de Sichuan, ya que Yunnan, además de quedar más alejada, me ofrecía destinos algo parecidos a lo que ya había visto en Indochina. Tomé un par de trenes y, tras unas 35 horas de trayecto, hice casi 2.000 km de un tacada hasta llegar a Chengdu, Sichuan.

Chengdu y alrededores

Chengdu, la capital de Sichuan, tiene 14 millones de habitantes y es una de las ciudades más grandes e importantes en China. En sí, la ciudad, tiene suficientes lugares interesantes que visitar como para pasar un par de días, aunque o realmente interesante está en sus alrededores y, sobre todo, en las montañas de pueblos tibetanos al noroeste de Sichuan.

De Chengdú destacaría el templo budista Wenshu, el templo taoísta Qingyang, los jardines y templos del memorial de Wuhou o la plaza Tianfu.

templo chengdu

Todos estos son lugares a los que se puede acceder en transporte público, aunque yo lo cubrí todo a pié sin mayor problema y explorando los rincones menos turísticos de la ciudad. Caminatas en las que también disfruté muchísimo de los gigantescos edificios residenciales de estilo comunista. Por supuesto hay infinidad de templos más, así como museos, parques o calles comerciales como la tibetana, pero os indico tan solo lo que más me llamó lo que me pareció más representativo.

edificio chino

En los suburbios del norte, casi a las afueras de la ciudad, se encuentra el Chengdu Panda Base, un centro de investigación y protección de osos panda, animal endémico de esa región de China. La visita, que cuesta 58 yuanes (8 euros al cambio), viene siendo como visitar un zoológico, pese a que la labor que realiza el centro es muy valiosa. Pero, contando con que los pandas son prácticamente imposible de ver en libertad, visitar el centro y contribuir con la entrada a la causa, es la mejor opción existente para ver a estos particulares animales.

pandas

130 kilómetros al sur se encuentra Leshan, la localidad que alberga al famoso Buda de Leshan. Esta escultura es nada menos que la más grande que existe de Buda, con 71 metros de altura. Esculpida sobre una montaña que encara a un río, este Buda sedente fue durante muchos siglos la escultura más grande de todo el mundo. La entrada al complejo templario donde se encuentra el buda, que es bastante interesante, cuesta 50 yuanes con carnet de estudiante. Otra opción es pagar la misma cantidad por un barco turístico que te lleva por el río justo en frente de la escultura.

buda gigante

Por si fuera poco, en Chengdu tuve la suerte de conocer por pura casualidad a Antonio, Carmen y Lois, autores de los blogs de viajes Historias de Nuestro Planeta, Trajinando por el Mundo y Diario de una Gaita Errante, quienes me alojaron en su casa a través de couchsurfing. Fue estupendo intercambiar ideas de viajes con ellos, todo un regalo inesperado.

Visto esto y siguiendo los consejos de estos bloggers, emprendí rumbo a los pueblos tibetanos del nordeste de Sichuan y sur de Gansu.

Larung Gar

Qué puedo contar de Larung Gar… Fue uno de los lugares más auténticos que he visitado en todo un año viajando por Asia. Un lugar genuino y sobrecogedor como pocos, muy pocos, quedan en el mundo. Jamás olvidaré mi visita a este remoto pueblo tibetano de las montañas de Sichuan. En breve os cuento todo sobre mi paso por Larung Gar en un post específico.

larung gar panorama

Incidente en Langmusi

Dos días completos de autostop, con parada en Maerkang, como a la ida, tardé en llegar a Langmusi, un pueblo tibetano situado justo en la frontera entre Sichuan y Gansu. Mi llegada a este pueblo pudo haber sido mejor… Justo al llegar sufrí un ataque de un perro en mitad de la carretera. Por suerte no llegó a morderme, ya que en los 5 segundos que tardo en alcanzarme corriendo desde los 30 metros a los que se encontraba, alcancé a quitarme mi mochila y lanzársela, lo cual hizo que huyera. Sin embargo, en ese brusco movimiento, me acabé de lastimar la parte baja de la espalda, ya bastante machacada durante los dos días de viaje. Pasaron unos días hasta que me recuperé medianamente, en ese tiempo ni tan siquiera podía coger cosas en peso, agacharme o sentarme. Imaginadme así con una mochila de 15 kilos.

langmusi

Esto me privó de hacer algunos de los muchos treks que se pueden hacer en las montañas aledañas. Pero no desaproveché la oportunidad de explorar el pueblo y visitar los dos principales templos budistas, uno en el lado de Sichuan, con vistas espectaculares a Langmusi y las montañas, y el otro en Gansu, más pequeño pero muy bonito.

 

templo sichuan langmusi

Monasterio de Labrang

Rumbo al norte, adentrándome en la provincia de Gansu, llegué al monasterio de Labrang, el que sería el último reducto tibetano en mi paso por esta región de China. Desde su fundación a principios del s.XVIII, este monasterio ha sido uno de los más influyentes e importantes de la región, llegando a contar con la comunidad monacal más numerosa fuera del Tibet. Caminar por las calles de esta mini ciudad dedicada al estudio y devoción del budismo fue como viajar en el tiempo, algo espectacular. Edificios de adobe, animales correteando, monjes vestidos de rojo y rosa de una lado para otro, altas montañas hasta donde la vista alcanza… solo el eventual paso de algún coche u otro turista, te hacía volver al siglo XXI. De visita obligada, solo haber venido de Larung Gar con el listón tan alto no me permitió alucinar aun más con este lugar.

monasterio labrang

Breve escala en Lanzhou 

Tras unas pocas horas de autostop, vuelvo a la “civilización” para pasar una tarde en Lanzhou, capital de Gansu situada a las orillas del río Amarillo, el sexto más largo del planeta. Tiempo suficiente para darme cuenta de cómo en un centenar de kilómetros paso de la China tibetana budista a la China de la mayoría Han y, en esta zona, de religión musulmana. Lanzhou, que también tuvo vital importancia en la ruta de la seda, supone la transición o confluencia de muchas chinas, la puerta de entrada a la China del Oeste, donde hay más mezquitas que templos budistas.

Durante la única noche que pasé aquí, antes de tomar un tren Xi’An al día siguiente, me hospedó un estudiante francés de couchsurfing en su habitación de la residencia de estudiantes de la universidad e la ciudad. También cuenta como experiencia en China.

Xi’An y los guerreros de terracota

Pese a su pasado imperial y ser el extremo oriental de la ruta de la seda, Xi’An es mundialmente conocida por los miles de guerreros de terracota que se encontraron hace 40 años en la tumba del emperador Qin Shi Huang.

El mausoleo se sitúa a una treintena de kilómetros al este de Xi’An. Se puede visitar en medio día con un bus local, el 306 si mal no recuerdo, que sale desde las afueras de la estación de trenes de la ciudad. El bus es barato pero, eso sí, preparaos porque, como viene siendo normal en China, la entrada es bastante cara. Los guerreros son estupendos, sobre todo cuando se tiene la oportunidad de observarlos de cerco, lo cual solo paso con unos pocos ejemplares. Todos y cada uno de ellos tienen rasgos diferentes, como si fuesen personas de verdad. En cambio, el lugar y su musealización me dejaron bastante indiferentes.

soldado terracota xi an

La ciudad en sí tiene una asombrosa muralla, restaurada en gran parte, un animado barrio musulmán donde se come muy bien, un gigantesco campanario y la famosa pagoda del ganso salvaje.

Parada en Pingyao

Faltándome solo una semana de permiso en China, decidí ir de Xi’An a Beijing en tren. En el camino había una pequeña ciudad amurallada en la provincia de Shanxi que muchos me habían recomendado y de la que había leído buenas cosas. Cogí un tren nocturno hasta esta ciudad, Pingyao, y pasé todo el día explorándola con una pareja viajera de españoles, Sonia y Albert del blog “Vístete que nos vamos”, con los que había coincidido ya varias veces en Asia. Esta pequeña ciudad de piedra de plano hipodámico no defraudó. Perderse por sus calles y dejarse sorprender por cada pequeño detalle hizo merecer la pena el esfuerzo de aguantar el sueño y el cansancio. Si podéis incluirla en vuestro itinerario, no lo duden. Solo procurad no ir en fin de semana, parece ser que se llena de grupos de turistas chinos, como de costumbre.

pingyao

De ahí salí en la noche rumbo a Pekín en el que fue el viaje más sufrido de mi vida. Me tocaba ir sin asiento en un tren nocturno de unas 10 horas de duración. Ya me había ocurrido en el viaje a Chengdu pero me las ingenié sin dificultad para encontrar asiento. Sin embargo, en esta ocasión fue imposible. Me tocó ir las 10 horas en pie, completamente rodeado de gente hasta el punto de no poder si quiera sentarme en el suelo. Así, como en hora punta de metro de cualquier gran ciudad, sin haber dormido la noche anterior, aguanté estoicamente hasta llegar a Pekín. Uffff, jamás olvidaré ese trayecto en tren, ¡aunque ahora lo recuerde y hasta me ría!

La capital: Pekín

Pekín fue la ciudad que más me gustó de toda China. La capital tiene algo que la diferencia de las demás y que la hace más especial. Me sorprendió muy gratamente, ya que no esperaba de ella más que una ciudad continente de importantes monumentos y lugares históricos como la plaza de Tiananmen, si más. Sin embargo es muy auténtica y llena de vida.

tiananmen

No os perdáis los hutongs, que son los barrios antiguos de encantadoras callejuelas construidas en época imperial. Están llenos de una mágica cotidianidad, sobre todo las zonas menos turísticas.

hutong pekin

Otra de los grandes tesoros que encontré en Pekín fue el Templo de Confucio, el segundo más grande del país. Intentad ir a una de las funciones teatrales que realizan cada hora a lo largo del día, son cortas pero muy buenas.

baile templo confucio

La Gran Muralla China

¡Y como irse de China sin visitar la Gran Muralla! ¡No pude tener mejor despedida del país! Me encantó.

muralla china

Eso sí, os recomiendo que os olvidéis de la visita convencional a alguno de los tramos turísticos de la muralla como Badaling o Mutianyu. En estos lugares veréis solamente una parte de la muralla muy restaurada, casi de cartón piedra, y probablemente repleta de turistas. Hay una manera, que explican muy bien los chicos de Marcando el Polo, en la que se puede acceder a un tramo de la muralla en ruinas, tal y como ha sobrevivido naturalmente al tiempo, y que tras caminar un par de horas finaliza en Mutianyu, de manera que se obtiene una visión más espectacular y completa de la muralla. Este tramo se llama Front Jiankou y os resumo cómo llegar a continuación.

Hay que salir temprano en la mañana y tomar el bus 916 en la estación Dongzhimen hasta la estación Huairou Beidajie, ya a las afueras de Pekín. No hagáis caso a quienes os intenten hacer bajar del autobús antes de tiempo. Solo una vez llegados a este punto, os tocará negociar con algún taxista o conductor de van allí estacionados para que os lleve a Front Jiankou. Con habilidad, conseguiréis el pasaje por unos 50 yuanes. Obviamente, cuantos más seáis, menos os tocará pagar por cabeza. Después de una media hora de trayecto, llegaréis a una zona donde hay algunas casas y unas albercas con truchas con alguna que otra persona trabajando. Si preguntáis os indicarán el camino fácilmente. Veréis algún que otro cartel prohibiendo la subida a la muralla, pero no hagáis mucho caso, todo el mundo lo hace. Una vez allí toca subir un sendero empinado durante un par de horas hasta alcanzar la muralla, lo reconoceréis por los trozos de tela de colores atadas a los árboles. Es bastante seguro en general, solo hay un par de puntos donde tendréis que extremar un poco más la precaución, pero nada que no os haya tocado ya si estáis acostumbrados a hacer trekking. Cuando se llega a la muralla las vistas son espectaculares, ¡la Gran Muralla China en su máxima esencia! Caminad sobre ella durante un par de horas y llegaréis a Mutianyu, no hay perdida. Desde allí, la vuelta a Pekín os será muy fácil.

gran muralla restaurada

Consejos de viaje 

Comida: Excelente, variada y baratísima. No dejéis de probar todos los platos que podáis. Es algo picante, eso sí, por si no os gusta, tenedlo en cuenta. ¡Ah! Y nada que ver con lo que se conoce en occidente como comida china.

Transporte: Es muy bueno pero algo más caro que en el sur del continente, especialmente los autobuses. Los trenes no están regalados como en India, pero la relación calidad precio es bastante buena. Hice bastante autostop pero solo en el interior del país, donde no hay autopistas. Me fue muy bien.

Alojamiento: El alojamiento es barato y se estilan mucho los dormitorios compartidos. En las grandes ciudades usé couchsurfing sin problemas.

Seguridad: Un país muy seguro, ningún problema en este sentido. Solo precaución al cruzar las calles, los chinos conducen algo alocados.

Visado: Hay que sacar visado con anterioridad y suelen pedir bastantes documentos. Paciencia al reunirlos y lo conseguiréis, es un mero trámite burocrático. El visado te vale por 30 días y a mí en la embajada en Manila me costó poco más de 30 euros al cambio.

Lengua: El gran issue aquí en China. Existe una evidente barrera idiomática. Es casi imposible comunicarse en inglés, aunque con suerte siempre hay algún jovencillo que entienda un par de palabras y quiera ayudaros en alguna situación complicada. Pero, lo peor, es que ni siquiera en el poco chino que sepáis os vais a poder comunicar fácilmente, ya que al ser una lengua tonal no basta tan solo con aprenderse la palabra. No te entenderán si no le das la entonación adecuada. Llevad los lugares a los que queráis ir o cualquier cosa que vayáis a necesitar por escrito. Aprovechad cada vez que os topéis con algún recepcionista o anfitrión para pedirles que os lo escriba en un papel. Es lo más efectivo.

Internet: Hay wifi en casi todos lados pero, como sabéis, el gobierno chino tiene capadas gran parte de las webs y aplicaciones que usamos en occidente. Hay vpn’s gratuitas para el móvil, pero es difícil encontrar una que funcione bien.

 

Y poco más que añadir, difícil no escribir un post que no excediera las 3.000 palabras para contar lo mucho que vi en China. Es un país al que sé que volveré, me dejó una semilla de curiosidad dentro. Podré volver un mes y otro, y me seguirán quedando lugares que conocer. Después de ir a China, ya no mirarás igual a los muchos chinos que te seguirás encontrando en tu ciudad. Un gran destino al que ir alguna vez en la vida.