La Colombia de las altas expectativas

La Colombia de las altas expectativas

Colombia era uno de los países a los que más ganas le tenía en este viaje por el mundo. Desde hace mucho tiempo. Mis expectativas, después de buenas referencias por parte de amigos y otros viajeros, eran muy altas. Todos hablaban maravillas y volvieron sorprendidos positivamente por lo mucho que les llenó este país. Llegué a Colombia tras un par de meses viajando por Centroamérica sin mucho entusiasmo. Convencido de que esa unanimidad en tantas personas no podía ser casualidad. Seguramente no se equivocaban. Colombia me gustó, bastante, pero tampoco me enamoró. Quizá porque ya no fue el descubrimiento inesperado de quienes la visitaron antes. Llegué con unas expectativas tan altas que me quedé con ganas de más. Pero, ojo, entiendo a quién sí le haya fascinado. Después de todo el país está repleto de atractivos y aún no es víctima del turismo de masas.

A continuación podéis ver un mapa con el itinerario que seguí. Como veis, lo recorrí en dos partes, con una visita a Venezuela entre medio. Durante la primera etapa visité Medellín y la costa norte. En la segunda recorrí el sur del país desde la capital y el eje cafetero hasta llegar a la frontera con Ecuador.

itinerario colombia

Medellín, llegada a Colombia

La primera toma de contacto fue Medellín, ciudad que resultó ser uno de los lugares más agradables de mi visita. En sí, la ciudad no tiene grandes cosas más allá del museo de Antioquía, donde se conservan muchas obras de Botero. También son interesantes la zona de la catedral, el ayuntamiento y el pueblito Paisa. Pero lo que más me gustó fue caminarla, observar el ritmo de la ciudad y charlar mucho con la gente. Es increíble la alegría que desprenden y lo bien que se ve una ciudad antaño tan castigada por el narcotráfico de Escobar.

Medellín está emplazada en el valle de Aburrá, rodeada de montañas andinas. El mejor lugar para apreciar este singular emplazamiento es desde lo alto del metrocable. Allí, rodeado de casas algo precarias pero en un barrio tranquilo, tomé esta foto.

medellin

Además, es una de las ciudades más baratas del país. Después de varias semanas en las caras Costa Rica y Panamá, aproveché para comer bien y beber muchos zumos de fruta, que son estupendos y muy variados en toda Colombia.

Cartagena de Indias

Cartagena se merece el apelativo de ser una de las ciudades coloniales más bonitas del continente. Ahí es nada. Al nivel de La Habana, Cusco o Ouro Preto, que bajo mi punto de vista son las mejores de América Latina. Su casco antiguo, rodeado por una imponente muralla y mucho mar, da para caminar y perderse por infinidad de calles empedradas, iglesias, museos y casas nobles. La arquitectura está muy cuidada, se conserva bien hasta el último balcón de madera.

El mes de agosto se conoce como el mes de los vientos en Colombia, así que los niños aprovechan para fabricar cometas y hacerlas volar al atardecer. Como aún cargaba la que compré en China no pude resistirme a hacerla volar. Uno de esos momentos del viaje que nunca se olvidan.

festival cometas cartagena

Cerca del centro hay algunas playas poco dignas de ser caribeñas, sin embargo se agradecen en una ciudad tan tórrida como Cartagena. Escuché hablar de unas islas no lejanas y a las cuales se puede acceder en barco donde hay playas mucho mejores.

Parque Natural Tayrona

Siguiendo la costa caribeña en dirección este, pasando Barranquilla, se encuentra Santa Marta, una agradable pero poco espectacular ciudad colonial famosa por ser base para explorar la región. Uno de sus principales atracciones es la famosa Ciudad Perdida, un remoto yacimiento arqueológico al cual se llega en un duro trek de varios días. Por desgracia, tuve que renunciar a visitarla por lo caro de la actividad, ya que es prácticamente obligatorio ir con guía local.

Más al este, sin despegarnos de la costa, está el parque nacional natural Tayrona. El lugar es un must en la zona, una joyita selvática en la que se pueden hacer varios treks y bañarse en alguna de sus playas. Quizá no me llamó tanto la atención porque semanas antes visité nada menos que el Corcovado en Costa Rica. Aunque, siendo objetivo he de decir que es un buen lugar, pese a que la entrada es algo cara.

tayrona colombia

No lejos del Tayrona, siempre en dirección este, hay una tranquila y pequeña localidad costera llamada Palomino. El mar es algo agitado pero uno puede bañarse en un río que desemboca justo allí. Un lugar ideal para relajarse.

Cabo de la Vela, la Guajira

Ya en el extremo nordeste del país, en el punto más meridional de toda Sudamérica, justo antes de entrar a Venezuela, fui a dar con el lugar que más me sorprendió de toda Colombia. El Cabo de la Vela, en la Guajira. Una árida península que se adentra en el mar. ¡Cuesta creer que se está en pleno Caribe!

pilon de azucar guajira

Es una región bastante aislada y pobre en la que los lugareños viven con lo básico: una hamaca a la sombra de una choza y comiendo los productos que da el mar. Fue como viajar en el tiempo. No me cansaré de recomendarlo, aunque muchos no vayan, ya que se encuentra bastante retirado del circuito turístico. Cabo de la Vela tiene playas increíbles como la del Pilón de Azúcar y atardeceres inolvidables mientras los kitesurfers aprovechan la última luz del día para volar sobre el mar. La especialidad del lugar es la langosta, riquísimas y muy baratas.

Algunos kilómetros más al norte está Punta Gallina, una playa desierta a la que solo se puede acceder en 4×4 y de la cual hablan muy bien. Por lo elevado del pasaje me vi obligado a renunciar a visitarla. ¡Ya me contaréis si vais!

kitesurf guajira

Un gran “hasta luego” para volver a Colombia con muchas ganas después de las tres semanas que pasé en Venezuela.

Bogotá, de vuelta en Colombia

Tras un brevísimo paso por Cúcuta, ciudad desde la cual volé tras cruzar la frontera entre Venezuela y Colombia, llegué a la capital. Este fue el único vuelo que tomé en toda Sudamérica, ya que en Colombia se da la particularidad de que volar es casi siempre más barato que tomar un bus. Por desgracia, el pasado violento de este país hace que el autostop no funcione tan bien como en el resto del continente.

Llegué a la capital del país. Una urbe fría, ecléctica y con cierto aire anglosajón, por raro que parezca. Embutida en un valle, aunque con menos encanto que Medellín. Una ciudad interesante más que bonita, diría que más vivible que visitable. El centro histórico, con barrios como la Candelaria, bien merecen una vuelta. Absolutamente imperdible es el museo del Oro, con los tesoros arqueológicos más importantes de Colombia. Si buscáis una vista panorámica de Bogotá, vuestro lugar es el cerro Montserrate.

 

 

vistas bogota

¡Ah! y si conseguís entender como funciona el metrobus, conocido como Transmilenio, avisadme. Aún recuerdo la de veces que me volví loco intentando desplazarme por la ciudad en este complejo sistema. Ni los locales acaban de entender.

Eje cafetero

Si por algo es famoso internacionalmente Colombia es por su café. Por supuesto hay toda una zona dedicada a su cultivo y proceso. Pueblos serranos que llevan siglos dedicados a este monocultivo. Manizales, Pereira o Armenia son algunas de las localidades más importantes. Sí, curiosamente, en esta zona encontraréis muchos pueblos con nombre de países y ciudades europeas. Pero, si he de recomendaros un pueblo con algo más de encanto, ese sin duda es Salento. Si vais probad el café de la cafetería Jesús Martín, a dos pasos de la plaza central. Uno de los mejores cafés que he probado en mi vida.

salento colombia

En los alrededores de este pueblo tendréis muchas opciones para visitar cafetales. Yo fui a la finca de don Elías, una pequeña propiedad familiar en la que enseñan todo el proceso de cultivo y producción biológica del café. Las cerezas de café son recolectadas bien rojas, despulpadas a máquina para extraer los granos, dejados en remojo durante 24 horas para que fermenten ligeramente, lavados y dejados a secar durante varios días al sol. Ya secos los granos, se extrae una segunda piel llamada pergamino antes de tostarlos y molerlos, donde por fin alcanzan el color y apariencia habitual. Un largo camino de la tierra a la taza, ¿verdad?

cafe colombiano

También a pocos kilómetros de Salento se encuentra el valle de Cocora. Aquí crece la palma de cera del Quindio, símbolo nacional de Colombia. Nada menos que la palmera más alta del mundo, pudiendo alcanzar más de 60 metros de altura (lo que mide un edificio de 20 pisos). Os reiréis, pero caminar bajo ellas, me hizo sentir como un enano paseando entre dinosaurios.

cocora

Popayán, Santiago de Pasto y Ipiales. Sur de Colombia

Tras un breve parada nocturna en Cali, cuna de la salsa, llegamos a Popayán. Una tranquila ciudad colonial en la que ya empezaba a sentirse el ambiente andino que nos esperaba a partir de ahora.

popayan

De ahí seguimos rumbo al sur haciendo una parada en en Santiago de Pasto, en la región del Putumayo. A las puertas de la Amazonía colombiana. Aunque este pequeño pueblito estaba algo desviado de nuestra ruta, decidimos visitarla siguiendo una recomendación que me hizo un colombiano que conocí en Nicaragua. Aquí reside desde hace mucho tiempo la familia de taitas (chamanes) Tisoy, expertos en el uso ceremonial de la ayahuasca. Con Jaime Tisoy, uno de los hijos de la familia, nos iniciamos durante una noche en esta práctica ancestral.

ayahuasca

La última parada en Colombia, ya casi en la frontera con Ecuador, la hicimos en Ipiales. A dos pasos está el famoso Santuario de las Lajas. Una reciente construcción neogótica, estilo ecléctico muy recurrente en Colombia, al que peregrinan cientos de fieles cada día. Siendo sincero, impresiona mucho más en fotos que al vivo.

santuario de las lajas

Colombia es sin duda uno de los países más interesantes de Sudamérica. Si bien no está, bajo mi punto de vista, entre los mejores. Se puede destacar algo en lo que este país está por encima de cualquier país del mundo: la simpatía de su gente. En eso es imbatible. Cualquier persona que haya estado lo podrá decir. La amabilidad de los colombianos sobrepasa cualquier límite humano. Y eso, junto a lo mucho que os he mostrado en este post, ya son razones de peso para ir.