Cruzando la Malasia peninsular en una semana

Después de un largo día de autostop por el sur de Tailandia, conseguí recorrer los 350 kilómetros que separan la isla de Ko Lanta de la frontera con Malasia. Había caído ya la noche y, para colmo, llovía a mares. Por suerte, los trámites aquí fueron sencillos: visa “on arrival” gratis y por 3 meses, la más generosa de todo el continente asiático. Solo igualadas por Corea del Sur y Japón, de iguales condiciones. El paso fronterizo del lado tailandés está pegado a una pequeña ciudad con todos los servicios, sin embargo, del lado malayo no hay absolutamente nada. La ciudad más cercana, Changlun, se encuentra a una veintena de kilómetros y no hay transporte público. Tuve suerte y alguien se paró al verme hacer autostop bajo la lluvia.

Mi paso por Malasia fue breve. Como el mismo título indica, de una semana. Tenía un vuelo desde Singapur a Indonesia y no podía alargar más mi estancia. Aunque también os reconozco que Malasia no era una de mis prioridades en mi paso por el Sudeste Asiático, pero no por ello quería dejar de pasar por este país para conocerlo mínimamente y llevarme alguna buena impresión. Y la verdad es que así fue.

Por supuesto hay muchos lugares maravillosos que no tuve oportunidad de visitar, pero la verdad es que quedé satisfecho con el itinerario elegido. Os cuento cuál fue mi recorrido.

Georgetown, street art y street food en la isla de Penang

Georgetown es de parada obligatoria para quienes pasan por el norte de Malasia. Es una pequeña ciudad situada en la isla de Penang, en el extremo noroeste del país. Me atrevería a decir que es cosmopolita como pocas en Asia, muy en la línea del país. Con comunidades indias, chinas, malayas y occidentales, que se reparten por barrios en una ciudad urbanísticamente muy colonial. Pero por si esto fuera poco, Georgetown es conocida por otras dos cosas:

– Una es su riquísima comida callejera, no dejéis de probar todos los platos en los puestos nocturnos de la calle Lebuh Chulia.

– La segunda es el arte callejero. Allá donde vayáis veréis graffitis por todas partes, al estilo Banksy pero mucho menos críticos. Si no os queréis perder ninguno, hay mapas gratuitos en los hostales donde están señalados la gran mayoría.

street art penang

Plantaciones de té en Cameron Highlands

Ir a las Cameron Highlands supuso un pequeño desvío desde la carretera principal, en la costa oeste, hacia el interior, pero mereció la pena. Si no habéis visto nunca una plantación de té, entonces Cameron Highlands son destino obligado. Yo ya lo había hecho en Munnar, al sur de India, pero igualmente me volvieron a impresionar esas montañas onduladas repletas de teselas verde esmeralda como si de un mosaico se tratase.

cameron highlands

Al ser una zona de cierta altura y bastante fresca, es destino favorito del turismo local. Además de las plantaciones de té, hay muchos otros atractivos. El primero de ellos son los treks para ver la Rafflesia, una planta carnívora cuya flor, que puede llegar a media más de un metro de diámetro, es la más grande del mundo. La verdad es que me quedé sin hacerlo porque las cantidades que pedían por la caminata guiada me parecieron excesivas, pero puede merecer mucha la pena. Hacerlo por cuenta propia es prácticamente imposible, ya que solo los guías saben donde se encuentran estas plantas.

También se pueden hacer muchos treks por libre en esta zona selvática. Las distintas rutas están numeradas y medianamente señalizadas. Yo hice la número 1 y, la verdad, no me pareció nada especial para la subida que supuso. Quizás los demás estén mejor.

A lo largo de la carretera que cruza Tanah Rata, la población donde se encuentran los alojamientos y restaurantes más baratos, hay otros lugares que ver. Uno de los clásicos favoritos entre los locales son las plantaciones de fresas. Sin embargo, yo solo visité un mariposario que, además de mariposas, tenía algunos ejemplares de fauna local. Sobre todo serpientes, lagartos e insectos. Pese a que no dejaban de ser animales en cautividad, me gustó verlos de cerca y sacar unas cuantas fotos macro.

fauna malasia

La capital: Kuala Lumpur

La capital del país, Kuala Lumpur, es una ciudad grande y muy moderna. Por supuesto, también cosmopolita, aunque las diferentes comunidades étnicas están más dispersas que en Georgetown. En el centro, donde se concentran los hostales más económicos, también hay un gran mercado callejero con todo tipo de baratijas y souvenirs.

La gran atracción de la ciudad, las Petronas, no quedan muy lejos del centro, pero llegar a pié se hace complicado al no ser Kuala Lumpur una ciudad que piense en el viandante. Pero tranquilos, hay un bus gratuito que te deja justo debajo de las torres.

torres petronas

Como sabéis, las Petronas, con sus 452 metros de altura, fueron las más altas del mundo desde su construcción en 1999 hasta el año 2004 que se construyó el Taipei 101 en Taiwan. Aunque fueron diseñadas por el arquitecto argentino César Pelli, tienen una influencia claramente islámica. Se puede subir pero la entrada cuesta unos 20 euros al cambio. Yo me conformé con verlas desde abajo ya que hacía pocos meses había subido al que actualmente es el edificio más alto del mundo, el Burj Khalifa en Dubai, que tiene una altura de 828 metros; casi el doble que las Petronas. Eso sí, os aconsejo mucho ir a verlas en la noche, ya que ganan mucho iluminadas.

Melaka, una vieja gloria

Esta histórica ciudad portuaria, que en época colonial controló todo el comercio marítimo que pasaba por el estrecho que lleva su nombre, fue mi última parada antes de llegar a Singapur. Pese a ser un enclave colonial que pasó por manos portuguesas y holandesas, el legado patrimonial que se ha conservado no va más allá de una iglesia y algún que otro edificio defensivo. Pese a ello, caminar a lo largo del canal y por el barrio chino es bastante agradable. Aunque una de las cosas que más os llamará la atención si salís por la noche son los triciclos excesivamente adornados con luces y motivos infantiles y con equipos de música propios de una discoteca.

melaka malasia

Desde Melaka hay buses que en pocas horas os dejarán en pleno Singapur. El paso fronterizo es bastante rápido para la cantidad de personas que lo transitan. Las modernas infraestructuras de la frontera os anuncian ya desde el principio la entrada a un país con los niveles de desarrollo más altos de todo el Sudeste Asiático.

El Durian

Aquí, como en cualquier otro lugar de Malasia, podéis probar la fruta malaya por excelencia, el controvertido durian. Se trata de una particular fruta con un sabor intenso y una textura cremosa que, sin embargo, es más conocida por su fortísimo y desagradable olor. El mismo que la hace estar prohibida en casi la totalidad de los espacios públicos. Desde buses hasta hostales, pasando por oficinas; continuamente veréis carteles prohibiendo entrar con durianes. Os animo a que lo probéis, ¡a mí me gustó!

durian malasia

Malasia es unos de los países menos visitados del Sudeste Asiático, pero no por ello deja de esconder lugares increíbles. Si tuviese que elegir un país que visitar en toda la región, probablemente este no sería uno de los primeros en mi lista, pero si tenéis la oportunidad de estar de paso por la zona, como fue mi caso, merece realmente la pena dedicarle algunos días. Este país musulmán es sin duda uno de los más desarrollados y multiculturales de toda esta zona de Asia. Si tengo oportunidad de volver por esta zona en el futuro, intentaré visitar la parte de Malasia que está en la isla de Borneo, donde la naturaleza parece ser de las mejores del mundo.