Irán: Uno de los países más seguros, hospitalarios y genuinos del mundo

Efectivamente, Irán es seguro e impresionantemente bello. El país persa no tiene nada que ver con la imagen, en gran parte sesgada, que intentan vendernos los medios occidentales. Me atrevería incluso a decir que es el país más seguro en el que me he sentido después de Islandia. Por no hablar de la hospitalidad y amabilidad de su gente, siempre atenta y curiosa. En un simple paseo por cualquier ciudad de Irán no es nada extraño que varias personas te den la bienvenida al país, te intenten ayudar a coger un taxi, te inviten a comer o incluso te abran las puertas de su casa. Y todo ello desde el corazón, como es raro que ocurra en tantos otros países turísticos del mundo, donde el acercamiento al turista es casi siempre interesado. Obviamente siempre hay excepciones que confirman la regla, no falta el vendedor insistente del zoco o el taxista más listo de la cuenta que intenta cobrarte de más… pero es casi anecdótico. En cuanto a la seguridad, ídem. No sé si será por la dureza con la que el gobierno responde a los delitos o por la propia cultura musulmana que tiene a respetar lo ajeno, pero en Irán sientes en todo momento que nadie se atrevería a tocarte un pelo, sea cual sea el lugar a transitar o incluso la hora del día. Una sensación bastante compartida entre los viajeros que encontré en el camino y los conocidos que también han visitado el país.

autorretrato isfahan

En el terreno político ya sabemos que desde hace unas décadas, tras la denominada revolución de islámica del 79, hay en Irán un régimen que concede muy poca libertad a su población. Con un carácter ultrareligioso islámico, el gobierno controla casi la totalidad de la vida social de los iraníes; o al menos lo intenta. Es impactante como la religión está siempre presente en casi cualquier situación cotidiana: Mezquitas llamando a la oración, imanes dando la charla por televisión, retratos de mártires en cada esquina, policía religiosa controlando en las calles cualquier comportamiento o vestimenta “fuera de tono”, segregación sexual continua… Y mejor ni hablar de la discriminación machista que las mujeres iraníes sufren diariamente y en todo ámbito, desde la familia hasta el trabajo. La obligación de cubrirse el pelo, algo tan absurdo, es casi un mal menor comparado las múltiples formas de discriminación existentes. Por otra parte, si se me permite defender a este gobierno en algo, Irán lleva también décadas siendo un referente en la política internacional de la región. Creo que hay que admirar su defensa antiimperialista ante Occidente, siempre al acecho de los recursos energéticos de Oriente Medio. Irán, aparte de ser bastante moderno y tener muy buenas infraestructuras para los estándares de la zona, es un país en el que sientes que la riqueza está algo más repartida entre la sociedad. Como dato ilustrativo, puedo decir que casi no vi mendigos, explotación infantil o pobreza extrema.

Y qué decir de la particular belleza de sus paisajes, urbanos y naturales. Construcciones en ladrillo y adobe, iwanes y palacios de azulejos turquesas, montañas rocosas y áridas… el color amarillo está siempre presente en cualquier estampa iraní. Todo con un toque persa que aún perdura pese a la fuerte incursión del Islam y la cultura árabe. Sobran las palabras, mejor si observáis las fotografías que a continuación ilustrarán el intenso itinerario de 15 días en el que, durante mi viaje alrededor del mundo, recorrí Irán de norte (cruzando la frontera desde Armenia) a sur (cruzando en barco a Emiratos Árabes) en pleno inicio de verano de 2014.

Teherán

Tras una breve parada de algunas horas en Tabriz, que tiene uno de los mejores zocos del país, llegué a Teherán, la capital de Irán. Como imaginaréis, aquí se concentra todo el poder político y económico del país. Para ser sincero, esta macro ciudad, algo congestionada y con poca oferta de ocio, no merece el tiempo que sí merecen muchos otros lugares del país. Tiene un buen museo de arqueología, algunos parques ajardinados, un buen zoco con mejores precios que en el resto del país, algún que otro buen restaurante, antiguos palacios como el de Golestán y construcciones modernas como la torre Milad o la torre Azadi (de la “libertad”), uno de los emblemas de la capital.

azadi tehran

Qom

Si Teherán era la capital administrativa y comercial, Qom es ni más ni menos que la capital religiosa de Irán, con el permiso de la también importante Mashad. Qom es desde hace siglos la cuna del chiismo y principal centro de estudios teológicos del país. De ahí su importante papel en la revolución islámica del 79, muy ligada a la figura del ayatolá Jomeini, el cuál residió en esta ciudad. Hoy día es también una ciudad industrial de más de un millón de habitantes.

Es interesante visitar los alrededores de la mezquita Jamkaran, la tumba de Fátima Ma’suma, el seminario y la biblioteca. Yo pude entrar solo y con disimulo en algunos de estos lugares, pero parece que debe hacerse acompañado por un musulmán. En esta zona se respira un aire ultra-religioso y conservador islámico que no os dejará indiferente. Incluso vi a una bebé de apenas un año que ya llevaba el velo puesto… así o más extremista.

qom

Isfahan

Tras hacer noche en Kashan, una pequeña localidad con preciosos palacios y espectaculares patios en sus interiores, llegué a Isfahan, la antigua capital del país. En mi opinión, la ciudad que más se disfruta en todo Irán. Repleta de mezquitas con iwanes imposibles y finísimos alicatados de colores azules y turquesas. Plazas como la de Naqsh-e Jahan, centro neurálgico de la ciudad. En esta plaza, patrimonio de la humanidad, se encuentran los principales atractivos de la ciudad: la espectacular mezquita del Shah, el palacio real Ali Qapu, la mezquita de Sheikh Lotfollah o el bazar de la ciudad.naghsh-i jahanmezquita shahiwan shahmezquita shah interiorbazar isfahan

 

También merece mucho la pena salir del centro de la ciudad para visitar la zona que queda al norte de la plaza, con mezquitas como la de Hakim, Jameh, el minarete y una nueva plaza en construcción que simula a la deNaqsh-e Jahan. Todo en un enjambre de laberínticas calles con una atmósfera muy local y auténtica.

barrio isfahanbici isfahan

Hacia el sur de la ciudad también hay lugares de interés. Uno de ellos es el río y algunos de sus puentes como el Si-o-se Pol. Aunque sin la espectacularidad de ver el agua fluir, ya que el río no tiene cauce por la sequía actual y la construcción de una presa. Pasado el río, hacia el suroeste, está el barrio de Jolfa, de origen armenio y con alguna que otra iglesia, lo cual se hace raro en un país tan islámico como Irán.

Yazd

Yazd, situada justo en el centro geográfico de Irán, en pleno desierto, esta mediana ciudad es probablemente una de las ciudades más auténticas de todo el país, o al menos, en mi opinión, la más genuina a la vez que representativa del Irán más puro. Uno de los factores que la hace tan especial es el hecho de que sea el centro del zoroastrismo, una antiquísima religión persa que casi desapareció con la incursión del islam. Pese a las altas temperaturas, perderme entre sus calles y descubrir todo tipo de construcciones en adobe, fue de las mejores experiencias de mi visita a Irán. Qanats subterráneos que abastecían de agua la ciudad, mezquitas con altísimos iwanes como la de Jameh, la prisión de Alejandro (Magno), una escuela en la que la leyenda dice que estuvo el conquistador macedonio, bazares, palacios y un largo etcétera. Por no hablar de la experiencia de ver un atardecer desde una azotea, con los badgires (captadores de viento), cúpulas y torres sobresaliendo en el horizonte de una ciudad llana, dorada y rodeada de montañas.

yazd

tejados yazd

Y por si fuese poco, como decía, al ser la ciudad más importante del zoroastrismo en la actualidad, en ella puede visitarse el Ateshkadeh, un templo que alberga un fuego sagrado que no ha dejado de arder nada menos que desde el siglo V.

templo fuego zoroastrismo

Así como las majestuosas torres del silencio, a las afueras de la ciudad. Un lugar que hasta hace pocas décadas era usado por los zoroástricos para depositar los cadáveres de sus difuntos y fueran devorados por aves carroñeras. En esta religión los elementos de la naturaleza son sagrados y, por tanto, los enterramientos contaminarían la tierra y las incineraciones el aire, de ahí esta práctica funeraria tan particular.

torre silencio yazd

Chak-chak y Meybod

Otro de los lugares sagrados del zoroastrismo es Chak-chak, una pequeña aldea perdida entre las montañas, 100 km al norte de Yazd. Se cree que Nikbanou, una de las hijas del rey persa de la dinastía sasánida del siglo VII, encontró aquí refugio entre unas montañas que se abrieron milagrosamente ante un ataque del ejército árabe. El lugar en sí deja mucho que desear al tener construcciones bastante modernas, pero el emplazamiento, en unas montañas que surgen en mitad de un desierto completamente llano, es espectacular.

chak chak

Camino de Chak-chak se pasa por Meybod, una pequeña localidad con un restaurado caravanserai, un almacén de hielo de época safávida y un castillo.

caravanserai

Bam

Ya al este del país, pasada la ciudad de Kermán (con poco que ver), se encuentra el yacimiento arqueológico de Bam. Hoy día y desde el fatal terremoto de 2003, se trabaja duro en la reconstrucción del yacimiento. Pese a que se ha avanzado mucho desde entonces, la ciudad está aún muy lejos de la espectacularidad de antaño. Así me lo contaba mi amigo y compañero de viaje, Lorenzo, quién tuvo la suerte de visitarla antes del terremoto. Su rostro de horror e impresión al ver lo mucho que había cambiado el lugar, lo decía todo. Aun así, y pese a la lejanía del lugar, creo que es un yacimiento imprescindible en Irán para quien ama la arqueología.

bam

Kaluts

En pleno desierto de Lut, uno de los más calurosos del mundo, se encuentran los Kaluts, unas extrañas formaciones rocosas con un origen geológico aún desconocido. Lugar fotogénico como pocos al que se llega desde Kermán. El viaje dura algunas horas, por lo que se puede ir en taxi (20-25 euros por vehículo) saliendo muy temprano en la mañana para llegar antes de las 9 de la mañana y evitar así las altas temperaturas, que empiezan desde primeras horas de la mañana. También se puede llegar en transporte público partiendo desde el día anterior y pasando la noche en Shahdad.

kalutsdesierto kaluts

Aunque no fui, a las afueras de Kermán merece la pena visitar Mahán, una pequeña ciudad famosa por el mausoleo de un líder sufí y por los jardines del príncipe.

 

Shiraz

La penúltima gran parada en Irán fue Shiraz, en el centro-sur del país. Una ciudad con más de un millón de habitantes e históricamente conocida como la ciudad del vino y la poesía, nada más lejos de la realidad actual. Pese a ser una ciudad repleta de edificios históricos, Shiraz es igualmente conocida por ser centro de operaciones para visitar algunos importantes yacimientos arqueológicos relativamente cercanos.

shiraz

Persépolis

La capital del imperio persa en el período aqueménida (s.VI-IV a.C.), en el que gobernaron los famosos Darío y Jerjes I, grandes rivales de la Grecia antigua. Debido a que los persas aún no habían desarrollado un estilo artístico propio, en Persépolis se pueden observar influencias de gran parte de los territorios conquistados por el imperio, como son en jónico, el egipcio o el mesopotámico. Altísimas columnas, puertas repletas de esculturas, largos muros con relieves de una calidad asombrosa, todas ellas se erigen sobre un enorme pedestal al pie de una montaña, alrededor de la Apadana central. El imperio aqueménida vio su fin con la conquista de Persépolis por parte del ejército de Alejandro Magno, odiado en la zona por haber destruido la ciudad.

Un yacimiento único y bastante impresionante, aunque sinceramente me creé tantas expectativas que me quedé con ganas de más. En cualquier caso una visita imprescindible para quien va a Irán.

persepolis

ruinas persepolis

A pocos kilómetros de Persépolis se encuentran las tumbas de Naqsh-e Rostam, cavadas en la montaña y con impresionantes bajorrelieves.

tumbas naqsh-e rostam

Pasagarda

A unos 90 kilómetros al noroeste de Persépolis se encuentra Pasagarda, la que fue primera capital del imperio aqueménida. Pese a su importancia histórica, se conservan muy pocos edificios en pie. El más representativo y en mejor estado es la famosa tumba de Ciro, nada menos que el fundador del imperio.

tumba ciro pasagarda

Bishapur y el coloso de Shapur

Y para quienes aún se queda con ganas de ver más yacimientos arqueológicos, a unos 150 km al oeste de Shiraz, también pueden visitar Bishapur, la capital del rey sasánida Shapur, de finales del s.III.

ruinas bishapur

templo bishapur

Aunque aun más impresionante es la visita al coloso de Shapur, una inmensa estatua situada en el interior de una cueva a la que se accede después de una subida de varias horas a la ladera de una montaña. La estatua es imponente, casi tanto como las dimensiones de la cueva, que es enorme. Casi tanto como las vistas desde la entrada de la cueva al valle, que tiene forma de anfiteatro natural. No dejéis pasar esta impresionante visita, a tan solo 5 km del yacimiento de Bishapur.

coloso shapur

Bandar Abbas y la isla de Ormuz

La última parada fue en la portuaria Bandar Abbas, donde cogería un barco rumbo a los Emiratos Árabes atravesando el estrecho de Ormuz. La ciudad en sí es casi como un infierno en la tierra, no solo por ser horriblemente fea, sino por los 40 grados y 80% de humedad, el peor calor que haya vivido jamás en mi vida. El paso por allí fue salvado por la visita a la isla de Ormuz, un pequeño enclave colonial portugués. Aunque casi completamente abandonados, aún se conserva el fuerte portugués. Solo visité la zona portuaria, pero parece que el interior de la pequeña y casi deshabitada isla y su litoral son de una belleza particular.

isla ormuz

Comer en Irán

Conlcuyendo, he de decir también que mi gran decepción con Irán fue la comida. Y no porque no haya una cultura gastronómica basada en los excelentes productos y especias de sus tierras, sino porque esta parece que solo ocurre en las casas o en los buenos restaurantes. Toda la comida que se vende en la calle es fast food, así que me harté de kebabs iraníes con arroz como el de la foto. La única manera de evitar frituras, hamburguesas grasientas o intentos fallidos de pizzas.

kebab irani

El país, por lo general, es muy barato. Desde la comida hasta el alojamiento, pero, sobre todo, el transporte, ya que el combustible es muy barato. Auténticos autobuses de lujo por tan solo una media de un euro por cada 100 kilómetros. Lo más caro de viajar a Irán es el visado. Yo pagué unos 90 euros entre el pago a la agencia de viajes local que tramita el código de aceptación al ministerio correspondiente en Irán y el pago del visado a la embajada en España. En cuanto al alojamiento, os animo a que aprovechéis la hospitalidad de la gran comunidad iraní en Couchsurfing; modo estupendo también de conocer la faceta más familiar del país.

Sin más que añadir a este largo post, animo a todo el mundo a visitar este maravilloso país. Ir a Irán es una gran oportunidad de visitar el corazón de Oriente Medio a través de uno de sus países más genuinos, hospitalarios y seguros.

Si tenéis cualquier duda o requerís alguna información práctica más precisa, podéis contactarme y os contestaré en breve.