Laos de sur a norte

Laos es el país más tranquilo y despreocupado de toda Indochina, el único sin salida al mar en todo el sudeste asiático. En consecuencia, su nivel de desarrollo es considerablemente bajo. Esto también hace que, pese al creciente turismo, siga siendo un país bastante auténtico, repleto de lugares bucólicos en plena naturaleza. Los medios de comunicación son lentos e informales y la comida es muy básica, pero se compensa plenamente con la amabilidad de su gente.

arrozal laos

Sin contar los días que pasé en Bangkok recién llegado de la India, Laos fue mi verdadera iniciación en el sudeste asiático. Durante el par de semanas que pasé en el país me centré en la mitad norte, quizá la más popular entre los turistas, pero sin olvidar por completo el sur.

De esta manera, entré desde Tailandia en un bus nocturno por la frontera de Chong Mek-Vang Tao hasta la poco atractiva ciudad de Pakse. El paso fronterizo fue bastante tranquilo. Para obtener la “visa o arrival” pagué 30 dólares que cambié allí mismo en un banco, ya que con el pago en la moneda local o bhats tailandeses salía mucho más caro al cambio. Los agentes fronterizos intentaron sacarme unas monedas más con la excusa de ponerme el sello, pero, por suerte, desistieron rápido ante mi firme negativa con la excusa de no tener más dinero.

Si Phan Don, las 4.000 islas

De Pakse bajé directo a Si Phan Don, un tramo del río Mekong en el confín con Camboya en la que hay numerosas islas con cultivos de arroz y básicos alojamientos de madera en los que relajarse tumbado en una hamaca viendo bajar las aguas coloradas del Mekong, bastante crecido y rápido en la época del año en que estuve, en el fin de la temporada de lluvias.

don det

Las islas más populares son Don Det, donde te deja la embarcación que cruza el río, y Don Khon, a la cual se llega cruzando un puente desde Don Det. La primera es la que tiene el alojamiento más económico (habitaciones básicas hasta por 20.000 kips, 2 euros, la noche), todos situados a lo largo del camino que recorre el lado este de la isla hasta llegar al puente. Don Khon es más grande y su principal atractivo está al sur, donde se pueden ver los curiosos delfines irrawaddy en un paseo en barca. También hay alguna que otra cascada por el camino pero, sobre todo, muchos cultivos de arroz y numerosas vistas al río. Recomiendo alquilar una bicicleta y recorrer ambas islas durante todo un día, aunque yo lo hiciera a pié. En teoría, en el puente cobran por cruzar, sobre todo a quienes van en algún vehículo, pero con un poco de disimulo uno puede escaquearse de la caseta de cobro, que se encuentra del lado de Don Khon. Por lo demás, Si Phan Don da para relax, relax y relax en el más puro estilo laosiano, beer lao en mano y con poca prisa.

Del extremo sur a Vientián en autostop con parada en Thakhek

Como el tiempo que disponía para visitar Laos era relativamente reducido, desde Si Phan Don subí directamente hasta la capital. En el camino me dejé algunos lugares interesantes como las ruinas de Champasak o la naturaleza remota del altiplano de Bolaven. Y es que más allá del tiempo que me doy para cada país, una de las máxima de este viaje alrededor del mundo es precisamente ir sin el “agobio” de tener que verlo casi todo. Si creo que un lugar no me va a aportar nada nuevo a lo ya visto o lo que está por ver, me lo salto. Es mi manera de priorizar. ¡Ojalá tuviese el tiempo y el dinero para poder verlo absolutamente todo!

Así, le eché valor (esta vez solo y por primera vez desde Turquía, hacía 3 meses) y me puse al borde de la carretera a hacer autostop. Había oído que Laos no era un país muy fácil para esta práctica, pero cual fue mi sorpresa que paró la primera pick-up que pasó. En la parte exterior, con lluvia incluida, pasé varias horas hasta llegar por la noche a Thakhek, una ciudad a la orilla del Mekong a mitad de camino hacia Vientián. Allí pasé la noche para emprender de nuevo camino a la mañana siguiente. La ciudad en sí tiene algún que otro edificio colonial francés y un par de terrazas. Hay cosas más interesantes en las afueras principalmente cuevas y pagodas. También oí que hay un circuito en bicicleta de varios días hacia el este. Como decía, al día siguiente me puse en la carretera bajo un sol de justicia y, tras casi una hora de espera, pararon unos jóvenes (2 chicas de Laos y un chico de Vietnam) y me dieron pasaje hasta Vientián, esta ves dentro de la pick up con aire acondicionado. De nuevo, como en el día anterior, incluso me invitaron al almuerzo. En la noche, llegué a la capital donde me alojaría a través de Couchsurfing en casa de una expatriada francesa. No lo pude creer cuando vi que me estaban esperando para cenar junto a otras tres compatriotas con queso camembert, foie y vino de Bordeaux. El mejor final para un día único en todo este viaje en el que solo me gasté unos cuantos céntimos en unos plátanos que compré en la mañana.

Vientián

Definitivamente, Vientián (también Vientiane) una de las capitales más tranquilas y manejables que haya visitado jamás. Nuevamente una ciudad a la orilla del Mekong y frente a Tailandia, esta vez con una extraña mezcla de cosmopolitismo capitalino con embajadas y cafeterías internacionales y el provincianismo propio de Laos. Con un mercado nocturno bastante animado, una buena tanda de templos y monasterios budistas y varios edificios civiles que bien hacen merecer a Vientián una parada de al menos 2 días.

vientiane monumentos

Mi lugar favorito fue, sin duda, Pha That Luang, un recinto budista algo alejado del centro en dirección al nordeste. El edificio principal es una estupa en la que vale dinero entrar pero que se ve desde el exterior, pero a mí me parecieron más interesantes los templos que hay alrededor, sobre todo el que está en el costado derecho, que alberga un buda reclinado de color dorado muy fotogénico, o quizá me lo pareció por ser el primero que vi en esta postura.

templo vientiane

Patuxai es un arco conmemorativo de cemento que nunca llegó a culminarse pero que, sin embargo, se puede subir a lo alto y disfrutar de una buena vista de la ciudad.

Ya en la zona centro, al noroeste del palacio presidencial, hay decenas de edificios budistas, restaurantes/cafeterías y hasta algún centro cultural; una zona bastante agradable para explorar a pie.

También me recomendaron mucho el Xieng Khuan, un parque repleto de estatuas de Buda que se encuentra a una veintena de kilómetros de Vientián.

Vang Vieng

Si bien Vang Vieng puede representar la cara más turística del país y casi de toda Indochina, también puedo decir que su otra cara, la de la naturaleza del entorno en que se emplaza, es probablemente la que más me gustó de todo Laos. ¿Os perdisteis? A ver, vayamos por partes. Por un lado, Vang Vieng es una de las mecas de ese turismo de borrachera en el sudeste asiático que bien saben capitanear nuestros afables amigos australianos. Esto es debido al “tubing”, que consiste en tirarse río abajo sentado a bordo de un flotador gigante y parar de bar en bar hasta emborracharte. De hecho, son muchas las personas que han muerto ahogadas en los últimos años haciendo esta práctica. Pese a que pueda parecer un turistada de lo más cliché, yo recomiendo no desechar la idea de inicio y hacerlo desde otra perspectiva. El tubing es una manera barata de “navegar” el río Nam Song disfrutando de los espectaculares paisajes del lugar. La cueva, en la primera parada del recorrido (a mano derecha), es muy profunda y espectacular por lo intacta que se encuentra, de las pocas que he visitado en Indochina en las que sientes estar realmente explorando las profundidades de la Tierra. Se sigue bajando plácidamente hasta la ciudad dejando atrás un conjunto de impresionantes montañas cársticas, típicas de la región. Y bueno, por qué no tomarse una o dos cervezas en el camino si el calor aprieta, ¿no?

alrededores vang vieng

Como decía, lo mejor está en las afueras. Alquilar una bicicleta y recorrer toda la zona que queda al oeste de Vang Vieng fue toda una experiencia pese a las malas condiciones del camino y la considerable cantidad de turistas. Más y más montañas cársticas que yacen verticalmente de las infinitas plantaciones de arroz. El verde y el gris predomina ante el blanco y azul del cielo en un paisaje típicamente indochino. La denominada laguna azul es pequeña pero muy conveniente para darse un chapuzón saltando a 6 metros de altura desde un árbol. Ella da acceso a la cueva Tham Phu Kham, bastante amplia y con un altar budista en el interior. Pero lo mejor de todo y que muy pocos visitantes hacen es subir a la cima de la montaña cárstica que queda a mano derecha mucho antes de llegar a la laguna. Una subida de menos de una hora que te ofrece unas vistas difíciles de olvidar.

cueva vang vieng

Vang Vieng en sí es un poblado de casi 2 por 2 calles con hostales y cafeterías reproduciendo capítulos de “Friends” en loop, no me preguntéis por qué, y bares/discotecas en las que es fácil conseguir casi cualquier tipo de droga blanda.

Luang Prabang

Es la ciudad colonial francesa por excelencia en Laos y una de las mejor conservadas en toda Asia. Nuevamente a la orilla del omnipresente río Mekong, Luang Prabang cuenta con la mejor relación calidad precio en alojamiento y comida que haya disfrutado en los 5 meses de viaje que llevaba hasta el momento. El ambiente es muy tranquilo pese a la cantidad de turistas que suele haber, en gran parte franceses (por la conexión cultural) y chinos (por la cercanía). Estos últimos andaban celebrando un puente nacional en el momento de mi visita y casi tomaron por completo la ciudad.

luang prabang

Hay varios templos budistas y museos de arte e historia que poder visitar en Luang Prabang, pero yo me quedo sin duda con los paseos que me di por ella y, sobre todo, con el que probablemente será mi mercado nocturno favorito en todo el sudeste asiático. No dejéis de ir a la zona de comidas e hincharos de comer en alguno de los puestos de comida vegetariano self service, donde puedes comer tanta comida como quepa en tu plato por menos de un euro al cambio.

Hay varios atractivos en las afueras de la ciudad. La más popular es la excursión para montar en elefante, aunque yo no la realicé por puros motivos éticos, aparte de por ser bastante cara. El otro clásico es las cascadas de Tat Kuang Si, considerablemente altas y con algunas zonas en las que poder darse un chapuzón. La verdad es que no las disfruté tanto como esperaba, pero seguramente fue porque el lugar estaba, también, repleto de turistas chinos.

cascadas laos

Tat Kuang Si se encuentra a unos 32 kilómetros al sur de Luang Prabang. Los turistas suelen llegar en tuk tuk compartidos que salen desde la ciudad, pero yo me decidí por alquilar una bicicleta de montaña y lanzarme por mi cuenta. Pese que hubo algunas subidas algo duras (al igual que bajadas), disfruté bastante del camino.

¡Ah! y en el lugar también hay un recinto con una pequeña reserva de osos luna con algunos ejemplares rescatados.

oso luna laos

 

Y así pasaron mis 2 semanas por Laos, pudiendo haber visto más aprovechando más del tiempo, pero tranquilas como el país mismo. Me despedí de él pasando una noche en la estación de buses de la remota ciudad de Muang Xai en un interminable viaje de casi 48 horas de viajes hacia Sapa, en el norte de Vietnam.

Un país inolvidable que también me sorprendió bastante en lo político, ya que se trata de un régimen comunista al estilo vietnamita, con mucha propaganda y banderas rojas con la hoz y el martillo, pero que en el fondo el pueblo no cuenta ni si quiera con sanidad pública.

banderas comunistas laos

Laos, sin duda, uno de los rincones más auténticos del sudeste asiático, pero, hasta donde he podido visitar posteriormente, no el que más.

¡¿Y vosotros, sí encontrasteis la magia del sudeste asiático en Laos?!