Asomándome a la Arabia más pura desde Mascate, la capital de Omán

Este post es la historia del “coitus interruptus” que fue mi visita fugaz a Omán. Como ya contaba en mi anterior post, quise amortizar mi paso forzado por Dubai (manera más económica para ir de Irán a India al no poder cruzar Pakistán) con una visita a Omán. No quería pasar por la Península Arábiga sin ver un poco de su cara más auténtica y sabía que en los Emiratos difícilmente la iba a encontrar. Por eso me escape unos días al país vecino. Unas pocas horas de bus, un paso fronterizo fácil y me encajé en la capital, Mascate. Inicialmente contaba tan solo con un par de días y medio: uno para explorar la ciudad y otro para ver algo en las afueras. E mi mente tenía dos ideas bastante fijas: visitar al menos una playa desértica y un wadi (oasis formados en cauces de río). ¡Os cuento lo que fui capaz de ver!

relieve oman

Mascate

Mascate es una capital bastante peculiar. No hay adjetivo que la defina mejor que: dispersa. Todos son edificios bajas, largas distancias, grandes calles y avenidas que serpentean las innumerables montañas rocosas y el siempre presente mar Arábigo. Todo ello unido a que el transporte público es casi inexistente, los taxis no son nada económicos y caminar en pleno verano sin poder beber agua porque era ramadán; hicieron que explorarla no fuese tarea fácil. Pero, aun así, lo hice y he de decir que la disfrute bastante.

mascate

La zona central, si es que existe, también es dispersa. Por un lado está Matrah, donde se encuentra el zoco, y por otro lado está Muscat, la zona más histórica donde se halla la muralla y el palacio del sultán. Ambas están conectadas por un moderno y traficado paseo marítimo de unos 4 kilómetros. Justo en este tramo se encuentra el famoso mirador con forma de incensario.

incensario mascate

En la zona amurallada hay poco que ver: un par de castillos de época colonial portuguesa, algunas casas antiguas y el mencionado palacio real. Aunque la armonía entre los elegantes castillos, las rocosas y omnipresentes peñas en distintos tonos de marrón, las casas de un blanco impoluto y el azul del mar dan un aire único y propio a la ciudad.

fortaleza mascate

castillo mascate

palacio real

En Matrah está el zoco, donde se pueden encontrar algunos productos típicos de la península arábiga, como por ejemplo mirra, sándalo y demás inciensos locales. Además también es agradable la Corniche, un paseo marítimo que se asoma al puerto.

zoco

mirra arabe

Mascate todavía tiene otra zona de interés donde se encuentra nada menos que la tercera mezquita más grande del mundo, la moderna Sultan Qaboos Grand Mosque. A una veintena de kilómetros al oeste de la zona histórica y la Corniche, puede ser visitada sin problema por los no-musulmanes, pero tampoco esperéis una de las 7 maravillas.

¿Qué pasó con la playa y los wadis?

Sobre mi doble deseo de visitar al menos una playa y un wadi en Omán os tengo que contar que, aunque intenté cumplir las dos por todos los medios, solo conseguí visitar una: la playa.

Aparte de que el verano era la peor época del año para visitar los wadis, ya que están secos, se unía la lejanía y el elevado coste de llegar a ellos. Los más decentes estaban cientos de kilómetros al sur. Y entre que el transporte público es casi inexistente, el precio de los taxis o alquiler de coches está por las nubes (pese al bajo coste de la gasolina) y el autostop era impensable con semejente calor y en ramadán… con todo el dolor, tuve que renunciar a visitar el wadi Shab, que parecía ser de los más accesibles e impresionantes de todos los de la zona.

Me conformé con pasar el último día en una playa cercana a Mascate llamada Al Bustan, apenas unos 5 kilómetros al sudeste siguiendo el litoral. Pese a la proximidad a la capital y la presencia de un hotel bastante grande, la playa se ve bastante virgen. Inolvidables la inmensidad del mar al frente, una playa de arena fina bajo los pies, algunos acantilados a uno y otro lado y las marrones montañas rocosas detrás indicando el inicio del inmenso y árido desierto de Arabia. Muy satisfecho al haber podido cumplir con creces al menos uno de mis dos objetivos en Omán. Aunque seguro que rumbo al sur hay decenas de playas aun más espectaculares.

playa mascate

Así, esta breve visita a Omán me dejó con muchas ganas de más. Ganas de conocer el lado más puro de Arabia, más allá del islam… la Arabia de los mercaderes que llegaban desde el océano Índico, el de las caravanas de camellos y oasis en los desiertos. Quizá sea en un futuro, no sé si de nuevo en Omán o en otro país como Yemén. Pero esta espinita me la tengo que sacar tarde o temprano. Todo se andará.