Las 17 mejores vivencias de mi viaje alrededor del mundo

Una de las preguntas más recurrentes que las personas que me conocen o amigos que reencuentro me hacen es: ¿Qué es lo que más te ha gustado de este viaje? Y, ufff después de tantas vivencias, tan diversas e intensas, es muy difícil hacer balance y quedarte con una sola. Preguntas, por tanto, muy difíciles de contestar. Pero creo que, en cierta manera, debo esa respuesta a quien me ha seguido y hasta sufrido en este viaje. Qué mínimo que un resumen, un “top” con lo mejor de todo lo bueno que me ha dado esta aventura, ¿no? Todavía me queda mucho por digerir de este largo viaje, pero ya me veo capaz de ver las vivencias puntuales con cierta perspectiva. Es también un ejercicio sano para mí mismo.

En este top 17 (sí, diecisiete, uno de mis números favoritos) tendré en cuenta la lista de favoritos que hice de Asia en cuanto cambié de continente y añadiré los lugares y experiencias más increíbles que tuve la oportunidad de descubrir en el segundo año en América.

¡Empezamos con la cuenta atrás!

 

17. Amazonas. Volver a Perú

Gran experiencia la de adentrarme unos días en la ribera amazónica, justo donde nace el río más caudaloso (y largo, según algunos estudios) del planeta. Entrar en el interior del pulmón del planeta tras varios días en barco río abajo, recorrer las calles de esa ciudad-isla llamada Iquitos, perderme por el exótico mercado de Belén, conocer las prácticas de supervivencia de sus pobladores y comer como ellos…

Además, esta experiencia representa en este ranking la emoción que para mí fue volver a Perú después de 11 años, el que fue el primer viaje largo y solitario de mi vida a los 19 años. Reencontrarme con su maravillosa gastronomía, lugares y personas, así como descubrir otros nuevos, como este.

barco amazonasvictoria amazonica

16. Tramo en ruinas de la Muralla China

En el post que publiqué hace un año con los 12 lugares que más me gustaron no incluí esta visita. En cambio lo hago ahora que, con un poco más de distancia temporal y más experiencias con las cuales comparar, me pareció algo increíble. Acceder a un tramo no restaurado de la Muralla China tras un duro trek de subida y poder recorrerla a lo largo de varios kilómetros fue sencillamente alucinante.

muralla china

15. Benarés en monzón, India

Perderme por las callejuelas paralelas al Ganges para acceder a los numerosos ghats con sus asombrosas vistas al río. Era época de lluvia y además, aquellos días, se celebraba una festividad hindú que atrajo a muchos locales. Ese caos, unidos a la incesante circulación de cadáveres camino del río sagrado y el persistente olor a carne quemada proveniente de los crematorios, hizo que pasear por esos callejones fuese como caminar por otro mundo. Un lugar que concentra todas las sensaciones experimentadas en la India.

benares monzon lluvias

14. Parque Nacional del Corcovado, Costa Rica

En pocos lugares del mundo pueden verse tantos animales en libertad como en este rincón de la península de Osa, al sur de Costa Rica. Un pequeño pedazo de jungla virgen en el que sentirse completamente abrazado por la naturaleza en su máxima expresión. Jamás olvidaré cuando desperté con los primeros rayos de luz asustado por los gritos de cientos de monos aulladores que circundaban el campamento. Por no hablar de cruzarme con un oso hormiguero, ver tucanes y loros sobrevolando mi cabeza o cruzar a pie ríos poblados por caimanes.

playa corcovado

13. 120 km en bici a Beng Mealea, Camboya

La historia de “cómo llegué al templo de Beng Mealea” será probablemente una que contaré hasta que tenga uso de razón. Pobres de mis nietos, si tengo algún día. 120 kilómetros en bicicleta de ida y vuelta a unas espectaculares ruinas en medio de la selva de Camboya. Me metí por unos caminos rurales rodeados de arrozales y poblados de madera en los que hasta los locales se asombraban de verme. Mereció la pena cada pedalada dada.

bici por camboya

ruinas beng mealea

12. Noche dentro del volcán Kawah Ijen, Indonesia

Entrar en las fauces de un señor volcán como el Kawah Ijen en Java. Bajando en plena madrugada para verlo expulsar lava azul, quedarme al amanecer para ver como los mineros extraían azufre líquido y subir en la mañana para ver el cráter en perspectiva y apreciar la belleza de su lago interior. Fue lo más parecido a bajar con Julio Verne al centro de la Tierra.

fuego azul

crater kawah ijen

11. “Re-vivir” en Ciudad de México

“Re” porque no fue la primera vez, “vivir” porque estuve un mes haciendo vida normal justo en la mitad del viaje, aprovechando para renovar un pasaporte lleno de sellos de países asiáticos, para reponer fuerzas y, sobre todo, para reencontrarme con decenas de amig@s y lugares familiares que tanto frecuenté durante los casi dos años que viví en esta ciudad que tanto me gusta. Del reencuentro con la comida mexicana mejor no hablamos jeje, creo que aún arrastro los kilos que puse con todos los tacos que me comí durante esos días. Amo a Ciudad de México.

vida en dftacos pastor

10. Descenso a las minas de Potosí, Bolivia

Probablemente la mayor locura que he realizado en este viaje. Pero, ¡qué experiencia! Entrar cientos de metros en las entrañas del Cerro Rico de Potosí, del que tantos metales se han sacado durante los últimos 5 siglos. De la mano de Antonio, un ex-minero con el que conocimos el durísimo día a día de los mineros que aún hoy trabajan ahí abajo. Jamás olvidaré la cara que se nos quedó cuando todo empezó a temblar mientras detonaban dinamita. ¡Menos mal que hicimos todas las ofrendas necesarias al entrar!

Visitar esas minas sin ser minero es una locura impensable en casi cualquier país del mundo. Sobre todo atendiendo a los altos índices de mortalidad que tiene. Pese al peligro, creo que mereció la pena. ¡Inolvidable!

entrada minainterior mina potosi

9. Amanecer en Bagan, Myanmar

Los mejores amaneceres que he visto y, probablemente veré, en mi vida. No creo que exista un lugar tan perfecto como este para ver el sol en contacto con el horizonte. Para luego perderse en bici por este inmenso yacimiento arqueológico con miles de pagodas rojas. Uno de esos lugares mágicos del mundo que se pueden contar con los dedos de las manos. Un deleite.

amanecer en bagan

8. Convivencia con familias en Japón

Lo mejor de viajar a Japón no fue ni el sushi, ni las chicas cosplay de Tokio, ni el tren bala, ni sus castillos sacados de una película de Kurosawa, ni su nivel de frikismo, ni ver geishas, ni sus templos perfectos, ni triunfar haciendo autostop, ni tan siquiera haber ido en pleno sakura. Lo mejor fue poder vivir algunos días como un auténtico japonés en casa de las familias que me acogieron en el camino.

familia ido

7. ¡Bucear! TailandiaIndonesia y Venezuela

Una de las cosas que me propuse aprender en este viaje fue la gran asignatura pendiente de bucear. El “open water” me lo saqué en Tailandia pero el culmen fue sacarme el “advanced” en uno de los mejores (y más peligrosos) lugares de buceos en el mundo: el parque nacional de Komodo. Tiburones, mantarrayas, decenas de tipos de peces tropicales en una cantidad asombrosa. La guinda fue hacer dos inmersiones nocturnas en Chichiriviche de la Costa, Venezuela. Continuará…

manta raya

6. Rio de Janeiro, Brasil

Si os digo que Río de Janeiro es la ciudad que más me ha maravillado no solo en este viaje, sino en toda mi vida, poco más faltaría añadir, ¿verdad? Tal cual, me enamoré de esta ciudad, sobre todo de esa fusión entre naturaleza y asfalto. Esos morros tupidos de selva atlántica desde los que se puede ver esta ciudad desde ángulos tan diversos, la cantidad de gente guapa, la alegría que desprende… No existe ciudad perfecta en el mundo y Río no es una excepción, también tiene sus puntos negativos. Pero, gente, el amor también tiene un poco de irracionalidad, ¿no?

dois irmaos

5. Patagonia y Tierra de Fuego a dedo, Chile y Argentina

A ver como explico esto… Bueno, podría haber elegido alguno de los increíbles lugares en los que estuve en mi paso por el sur de Sudamérica, valga la redundancia. Chiloé, la carretera Austral, el glaciar Perito Moreno, el Chaltén, el estrecho de Magallanes, Ushuaia… ¡Cómo para quedarse con uno solo! Pero, sobre todo, haber llegado a dedo a estos lugares afrontando retos y viviendo numerosas aventuras inesperadas. En definitiva, mi paso durante 20 días en autostop a lo largo de los más de 2.000 kilómetros que separan la isla de Chiloé de la isla de Tierra de Fuego fue un viaje y una experiencia en sí misma. Una de las mejores de todo esta vuelta al mundo. Quedé muy feliz de haber bajado hasta el fin del mundo, ya que estuve a punto de no hacerlo por cansancio, ya que los kilómetros a dedo pesaban cada vez más en la etapa final del viaje.

autostop tierra de fuego

4. Larung Gar, China

No ha habido experiencia más sobrecogedora en este viaje que ir a esta pequeña localidad tibetana con una de las academias budistas más grandes del mundo. Dos días para llegar al valle donde se encuentra, a más de 4.000 metros de altura. Dos días sin agua corriente y sin parar de nevar durante el tiempo que pasé allí. Calles repletas de monjes budistas y peregrinos. Mantras sonando por altavoces las 24 horas del día. Presenciar un entierro celestial en el que vi como descuartizaban cadáveres a pocos metros de mí para dárselos de comer a los buitres… Mentiría si dijese que esta fue una experiencia placentera, pero lo mucho que me impactó, aunque fuese de manera casi negativa, se hace totalmente merecedora de este cuarto puesto. Ojalá nunca paré de encontrar lugares así de auténticos y extremamente diferentes.

larung gar nevado

monjes larung gar

Si queréis saber más sobre este lugar, podéis leer el post “Larung Gar, en las entrañas del budismo tibetano“.

3. Islas Gigantes, Filipinas

Con islas Gigantes todo fue especial, desde el modo casual como las encontré a los agradecimientos de las personas a las que les aconsejé ir posteriormente. Un paraíso terrenal que, sorprendentemente, aún no ha caído en las garras del turismo de masas. Es como visitar la Formentera, Santorini o Ko Phi Phi de hace 50 años. Unas espectaculares islas de playas perfectas y gente hospitalaria que marcaron la diferencia en mi visita a Filipinas.

isla gigante

islas gigantes

Toda mi historia en estas islas la conté en el post: “Islas Gigantes, un paraíso en las Bisayas filipinas“.

2. Tepuyes y cascadas de la Gran Sabana, Venezuela

Solo un enclave natural tan increíblemente impactante como este podía meterse en este podio que a mitad del viaje parecía que iba a ser plenamente asiático. Visitar estas formaciones naturales supuso viajar no solo en espacio, sino también en tiempo. Varias eras geológicas para ser exacto. Fue como visitar el planeta Tierra cuando comenzó a dar sus primeros paisajes. O, como mínimo, al Jurásico. Solo faltó encararme con un Braquiosaurio para creer que realmente viajé en el tiempo. Y si esta descripción os parece un poco exagerada, os doy un dato más real: allá está la catarata más alta del mundo, el Salto del Ángel, con 979 metros de caída. Haber llegado allí entre una avioneta de los años 70 con una sola hélice y una canoa río arriba durante varias horas, dado lo poco explotado turísticamente que está el lugar, acabó de redondear la experiencia para hacerla ocupar nada menos que el segundo puesto de este ranking.

salto del angel

tepuy

Pronto escribiré un post específico sobre este lugar, así como de mi paso por Venezuela.

1. Circuito Annapurna, Nepal

El número uno de este ranking no podía ser otro que una experiencia tan completa, intensa, placentera, impresionante, retadora, extrema y de altura como fueron los 10 días de trekking en pleno Himalaya por el circuito alrededor del ochomil Annapurna. Una experiencia de montaña máxima, casi sin igual. No hay nada más impresionante y grandioso que estar a más 5.000 metros y seguir viendo montañas de miles de metros de altura. O visitar el lago más alto del mundo, el Tilicho, a 4.919 metros sobre el nivel del mar. Un auténtico espectáculo de la naturaleza como pocos en el mundo y que no me cansaré jamás de recomendar, sobre todo todavía ahora que los nepalíes siguen tan necesitados tras los terremotos. Antes de comenzar la segunda mitad del viaje en América ya sospechaba que difícilmente habría una experiencia tan plena como esta que pudiese arrebatarle el primerísimo puesto. Para bien o para mal, no me equivocaba.

thorong la

lago tilicho

Doy todos los detalles, acompañados de muchas fotos, en el post “El circuito Annapurna en 10 días“.

 

Y hasta ahí esta lista de lugares y experiencias subjetivamente preferidas por mí en el viaje alrededor del mundo durante 2 años. En esta lista bien podrían entrar otros tantas vivencias inolvidables como visitar los preciosos paisajes entre Uyuni y Atacama, la cueva del coloso de Shapur en Irán, hacer vida con familias argentinas como la de mis amigos Lucas y Daniela en Córdoba, la incursión en el Kurdistán iraquí de la postguerra, la intensa inmersión cultural que hice en Brasil, los yacimientos arqueológicos de Creciente Fértil, cruzar todo el Suroeste de Estados Unidos en autostop, el recién restaurado castillo japonés de Himeji, el retiro de 10 días de meditación Vipassana para cumplir treinta años, el descubrimiento de países tan poco conocidos como Paraguay, Nicaragua, Myanmar, Armenia o Macedonia, o los nuevos sabores de los incontables platos que tuve oportunidad de probar. Pero, hay que saber escoger, hacer balance y, sobre todo, reconocer qué fue aquello que te hizo sentir más. Más vivo.

Espero que lo hayáis disfrutado. Si algún día decidís ir a algunos de estos lugares o intentar vivir una de estas experiencias y llegáis a sentiros tan agraciados como yo, por favor, compartidlo. Me hará feliz saber que una pequeña parte de mi experiencia inspiró a alguien a vivir algo inolvidable en su vida.