chalten

Patagonia y Tierra de Fuego en Navidad

Visitar la Patagonia y Tierra de Fuego, chilena y argentina, fue un viaje dentro del viaje. Sin duda, una de las mejores etapas de mi viaje alrededor del mundo de 2 años. Aunque no por ello fue fácil. De hecho, también fue un viaje bastante duro, debido a los altos precios de esta región del mundo. Especialmente en lo que al transporte se refiere, circunstancia que me obligó a recorrer todo el itinerario a dedo. A excepción de un par de trayectos en ferry, en autostop desde Chiloé hasta Ushuaia y desde allí hasta Buenos Aires. Casi 5.000 kilómetros en los que viajé en todo tipo de vehículos y me expuse a temperaturas bastante bajas.

El viaje me tocó hacerlo durante el mes de diciembre, uno de los mejores en cuanto a clima se refiere, ya que supone el comienzo del verano austral. Para rematarlo llegué a Ushuaia por Navidad, donde me encontré con todos mis compañeros de viaje que andaban desperdigados. Para fin de año ya estaba en Buenos Aires, donde llegué a dedo deshaciendo el camino realizado a la ida, solo que por la costa este del país.

itinerario-patagonia

Chiloé, la Isla

¡Fantástica esta isla! Me quedé absolutamente prendado con el ambiente de Chiloé. Sus casas de madera, sus palafitos, sus iglesias móviles, mercados pesqueros, el olor a carbón y leña quemada en la calle… El paisaje urbano y natural cada vez se hacía más nórdico. También aumentaron el frío y las horas de sol conforme se bajaba en la Patagonia. Tan solo pasé un par de días en la isla, pocos para todo lo que hay que ver. Permanecí en Castro, una ciudad perfecta como base de operaciones para visitar las maravillas de la isla.

isla-chiloenercon-chiloeiglesia-madera-chiloe

Surcando mares del sur

De Castro bajé a Quellón, en el extremo sur de la isla. Justo donde la carretera Panamericana, la cual vengo bajando desde California, se termina. Allí estuve a la espera de un ferry que durante 30 horas me llevaría hasta Puerto Aysén, en plena Patagonia chilena. El barco llegó con 10 horas de retraso, algo bastante habitual por la crudeza del clima de esta región. Solo por los paisajes tan agrestes e insólitos que se veían, ya mereció la pena toda la odisea. Parando en puertos pesqueros en los que su minúscula población solo tiene contacto físico con el resto del mundo a través de ese ferry que apenas pasa un par de veces en semana.

barco-chiloe-puerto-aysen

Llegué a puerto en mitad de la madrugada y con un frío de mil demonios. Si algo se adquiere viajando tanta es paciencia y aguante. Hice autostop en mitad de la madrugada, en plena lluvia, y conseguí llegar a Coyahique, donde me esperaba un host de couchsurfing, antes del amanecer.

Carretera austral, atravesando la Patagonia chilena

Una vez en Coyhaique me sentí en las entrañas de la Patagonia. Fue una parada rápida de un par de días en la que aproveché para compras un poco más de ropa de abrigo usada. Si así era ya el frío a esas latitudes, no me quería ni imaginar lo que haría 1.500 kilómetros más al sur.

coyhaique

Por Coyhaique pasa la famosa y escénica carretera austral. Una carretera de 1250 kilómetros que va desde Puerto Montt a Villa O’Higgins. En esta ocasión tocaba hacer autostop hasta el lago General Carrera, desde donde tomaría un ferry a Chile Chico, justo en la frontera con Argentina. El flujo de vehículos era flojo pero suficiente para no esperar más de 2 horas cada vez. Eso sí, muchos autoestopistas en la carretera. ¡No era el único! Los paisajes prometían y cumplieron, ¡me entraron ganas de hacer la carretera al completo!

austral

Parada en Chile Chico

En Chile Chico pasé un par de días de relax previo a la paliza de carretera que me esperaba. Aquí me acogió una excelente couchsurfing llamada Ángela, la psicóloga de este pequeño pueblo de 5.000 habitantes. Un lugar fronterizo que goza de un microclima soleado y templado dentro de la Patagonia, ya que se encuentra al este de la cordillera andina, a las puertas de la Patagonia argentina, que es muy diferente a la chilena. Salí de Chile pensando que sería una despedida y sin saber que el azar me llevaría de nuevo a ingresar en sus fronteras. Pero eso lo cuento luego.

patagonia

La Ruta 40 a dedo por Santa Cruz

Ya en Argentina, en la ciudad fronteriza de Los Antiguos, me quedaban por delante 650 kilómetros en una de las carreteras más complicadas que existen para hacer dedo. Se trata de la famosa ruta 40, una carretera que atraviesa el interior del país de norte a sur paralela a la cordillera andina y, por ende, a la frontera con Chile. Hasta ahí bien, lo que ocurre es que este tramo de la ruta en la Patagonia es totalmente desértico. Solo hay pequeños poblados que a veces no llegan ni a cien habitantes, y largos tramos de la carretera sin asfaltar; puro ripio.

Sinceramente creía que me podría llevar días llegar hasta El Chaltén. O, aun peor, que acabaría teniendo que pagar los más de 100 dólares que costaba el billete de bus. Un auténtico abuso. Tras mucho caminar para llegar a la salida de Los Antiguos, no tardé en que me levantasen hasta Perito Moreno ciudad. Justo en la intersección con la ruta 40. Aquí comenzaba lo difícil. De esta ciudad, dirección sur por la 40, la siguiente ciudad estaba a más de 600 kilómetros. Por ello, el flujo de coches era de uno cada media hora. Cual fue mi sorpresa cuando solo tuve que esperar 10 minutos cuando un viajero australiano y una sudafricana que venían bajando desde Estados Unidos en combi me levantaron rumbo al sur.

combis-patagonia

Con ellos viajaban un galés y dos estadounidenses que acababan de comprar otra combi en Santiago de Chile. Viajé durante 2 días con ellos acampando una noche en medio de la nada. Fue una de las mejores experiencias haciendo dedo que he tenido. Fue como vivir por unos días el que era mi plan inicial para América, cruzarla en furgoneta. Espero poder algún día hacer un viaje largo en furgoneta.

El Chaltén

Brendan y Bridget, como se llamaba la pareja que me llevo, me dejaron en el cruce de la ruta 40 con la carretera que va hasta El Chaltén y siguieron rumbo al sur. Aún me quedaban 90 kilómetros hasta el destino. Nuevamente tuve la suerte de conseguir pasaje con un argentino en su coche de trabajo. No tuve que esperar mucho tiempo y, menos mal, ya que se estaba acercando una tormenta fortísima. Así llegué a El Chaltén, una ciudad fundada en lo 80’s para defender el territorio de esta zona contra Chile. Hoy día es un lugar mundialmente conocido para el trekking y la escalada. Juzguen ustedes mismos con la siguiente foto.

chalten

El primer día tuve la suerte de disfrutar de muy buen tiempo y buenísima visibilidad, lo cual no siempre es fácil según los locales. Aproveché para hacer el trek de un día a laguna Torre, desde donde se tiene esta fabulosa vista de varios glaciares y del Cerro Torre.

laguna-torre

Al siguiente día tuve la visita de un amigo desde España que vino a pasar las vacaciones de Navidad conmigo. Hizo tan buen día como el anterior. De hecho la primera foto de la cordillera en este apartado la hice ese día desde el mirador de los Cóndores, el cual también os recomiendo. En cambio, el tercer y último día se nos echaron encima las nubes y la lluvia. Aun así decidimos hacer el trek de laguna de Los Tres, una de las mejores. Desde allí se tienen vistas espectaculares del pico Fitz Roy. Aunque, como veréis en la fotografía, nosotros no pudimos verlo.

laguna-de-los-tres

Con esta visita a El Chaltén quedé muy satisfecho en cuanto a montañas patagónicas se refiere. Hay otro parque natural tan bonito como visitado llamado Torres del Paine, en la parte chilena. Pese a estar muy cerca de El Chaltén y ser muy parecido geológicamente, había que dar una vuelta de muchos kilómetros para acceder a él. Por no hablar de los altos precios de entrada. Fueron motivos de peso para dejarlas pendientes para una próxima visita a la Patagonia.

Glaciar Perito Moreno

Siguiendo nuestra ruta rumbo al sur llegamos al lugar más conocido de la Patagonia: el glaciar Perito Moreno. He de reconocer que las expectativas estaban bien altas. No importó, el glaciar las cumplió con creces. Todo un espectáculo de la naturaleza. Verdaderamente impresiona por su inmensidad, su pureza, su color…

perito-moreno

Todo un espectáculo de la naturaleza. Si no echad un ojo al vídeo a continuación e imaginad lo impresionante que es presenciar en vivo cuando uno de los gigantes fragmentos se desprende del glaciar precipitándose en el lago.

Punta Arenas, de vuelta a Chile

Ya pasado El Calafate, ciudad junto la cual se encuentra el Perito Moreno, mi intención era llegar directamente a Ushuaia para reunirme con mis amigos viajeros en Navidad. Sin embargo, cuando en Río Gallegos hacíamos dedo, el azar hizo que volviésemos a entrar a Chile. Aunque, de todos modos hubiésemos tenido que cruzar sus fronteras para cruzar a Tierra de Fuego, la familia que nos dio pasaje se dirigía a Punta Arenas, la ciudad más importante del sur de Chile.

Hablando con ellos descubrimos que existía la posibilidad de pasar un día conociendo la ciudad y después coger un ferry que cruzase hasta Tierra de Fuego por una parte más ancha y bonita del estrecho. Así que cambiamos planes a última hora y nos dirigimos a Punta Arenas. una ciudad cómoda, limpia, segura, pero muy extraña. Como ciudad portuaria que es, está llena de bares y prostíbulos. Tal cual, jamás había visto tanta (mala) vida nocturna durante un día cualquiera de la semana. Sorprendente en una ciudad de apenas 120.000 habitantes.

Estrecho de Magallanes

Lo que más me gustó de estar en estas tierras y cruzar el estrecho fue pensar en la figura del gran explorador Fernando de Magallanes. En Punta Arenas cuenta con una estatua en la plaza principal. Dentro de poco se cumplirán 500 años del paso y descubrimiento del portugués por este estrecho que dio salida directa al Pacífico desde el Atlántico. Su expedición completó la primera vuelta al mundo de la historia, aunque él no sobrevivió para verlo. Un año antes estuve en la isla de Mactán, en Filipinas, donde murió en batalla. Sí lo hizo Juan Sebastián Elcano, quien completo la hazaña. Eran otros tiempos, otros viajes.

magallanes punta arenas

Tras cruzar el estrecho en barco y un breve paso por Porvenir, la localidad más importante del lado chileno de Tierra de Fuego, llegamos a Río Grande. Allí pasamos una noche antes de llegar por fin a Ushuaia.

Ushuaia

Conseguimos la difícil misión de llegar a tiempo al fin del mundo para juntarnos todos para nochebuena. Lorenzo, Dámaso, Nuria, Montse, Emilio y yo. Inolvidable el asado que nos montamos para cenar aquel día.

La ciudad de Ushuaia en sí no tiene mucho que ver. Su verdadero encanto reside en el emplazamiento que tiene y toda la naturaleza que le rodea. Se pueden hacer muchas cosas, desde excursiones a glaciares, cimas y lagunas, hasta cruceros por el canal Beagle; pero la mayoría de estas actividades son bastante caras. Si vuestro presupuesto es tan limitado como el mío, os recomiendo al menos ir a playa Larga. Es un lugar mágico, con vista espectaculares al canal, la ciudad y las montañas.

estrecho-beagleatardecer-ushuaia

Ushuaia es también la ciudad más cercana a la Antártida, que se encuentra a tan solo mil kilómetros. Hay cruceros para ir a visitarla, pero los más baratos cuestan nada menos que 5.000 euros. Casi mi presupuesto de un año de viaje… Será, espero, en otra ocasión futura. ¡No será por falta de ganas!

ushuaia-tierra-fuego

Rumbo al norte

Os podría decir que aquí acabo mi viaje por el sur de sur, pero os mentiría. Aun me quedaban 3.049 kilómetros a través de Tierra de Fuego y Patagonia hasta llegar a Buenos Aires. 4 días sin cesar a dedo por la ruta nacional 3 en la que también vi y aprendí muchísimo de estas tierras australes.

Esta etapa del viaje fue una de las mejores de toda mi vuelta al mundo. Mereció todos y cada uno de los esfuerzos realizados para recorrerla. Esta es sin duda mi región favorita de toda Sudamérica, la más especial. Me alegro infinitamente de haberme decidido a bajar hasta el extremo sur pese a mis dudas iniciales. Espero volver pronto algún día para rememorar este momento feliz de mi vida y para visitar aquellos rincones que me quedaron por conocer.