chichiriviche

¿Es peligroso viajar a Venezuela?

Si es peligroso o no viajar por Venezuela en estos momentos es la gran pregunta que muchas de las personas que viajan por Sudamérica se estarán haciendo. En mi viaje por el mundo y concretamente en la etapa en la que viajé por el continente americano, fueron pocos los viajeros que habían ido a Venezuela. Eso sí, quienes lo hicieron quedaron encantados. Aunque no por ello obviaban algunas de las dificultades de moverse por el país. Sin entrar en el debate político de si la escasez está ocasionada por la mala gestión de Maduro o por la guerra económica del exterior (tesis que comparto), la realidad es que existe. Pero la verdad es que esta escasez la sufren las clases medias y bajas, no las altas y, por ende, los turistas que la visitan con divisas extranjeras. Si decides cambiar tus euros o dólares al cambio paralelo (hablo de ello en este post en facebook), cosa que hace la inmensa mayoría de visitantes, un rollo de papel higiénico o cualquier otro producto de primera necesidad te va a seguir costando menos que en tu país, vengas de donde vengas.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, sí, quizá la peligrosidad en Venezuela haya subido en los últimos años por este y otros motivos. Aunque no por ello creo que sea este un país más peligroso que otros en América Latina. La mala prensa internacional, en una constante guerra mediática, ha creado una imagen del país desproporcionadamente negativa en comparación a otros países donde cada día pasan cosas más graves.

Os propongo hablar de mi paso por Venezuela y todas las cosas increíbles que hice y vi, para después retomar el tema en las conclusiones. Antes de empezar os muestro gráficamente el itinerarios que seguí.

itinerario venezuela

Cayo Sombrero, Chichiriviche

Tras un fugaz paso por Maracaibo y Coro, llegué a la costa central del país. No hace falta ir a los Roques para ver auténticas playas paradisíacas en Venezuela. A pocas horas al norte de Valencia y no demasiado lejos de la capital, se encuentra la localidad costera de Chichiriviche. Desde allí es fácil acceder al parque nacional de Morrocoy, un lugar repleto de islas y playas de aguas turquesa, cocoteros y arena blanca como Cayo Sombrero.

chichiriviche

Caracas

No sé si es porque llegaba a Venezuela desde Centroamérica con el listón un poco bajo en cuanto a capitales, pero Caracas me agradó. ¡Y eso que me la habían pintado fatal! Quizá fue por eso, por esperar muy poco de la ciudad acabó sorprendiéndome.
Estas son las vistas del centro desde el cuartel de la montaña, donde yace el cuerpo del comandante Hugo Chávez. Caracas es una ciudad entre montañas, con algunos barrios bravos y otros más tranquilos. En lo personal disfruté mucho caminando por las calles del centro de la ciudad, mezclándome con la gente, entrando en mercados, aprendiendo de la historia reciente del país y comiendo platos locales. 

vista de caracas

Aunque lo mejor de mi paso por Caracas fue haberme alojado con una familia en pleno “23 de enero“, uno de los barrios más populares y bravos de la capital. Para que os hagáis una idea, Yasmín, la madre de familia, me tuvo que presentar a los “malandros” de su calle para que no me asaltasen al verme de paso por allí. También me avisó de que la noche anterior hubo un enfrentamiento con otro barrio que se saldó con dos muertos, por lo que había que estar atentos por si venían a vengarse… Pero todo fue tranquilísimo y los vecinos me trataron estupendamente bien. En este tipo de lugares la clave es mantener un perfil bajo, evitar la noche y, sobre todo, tener un conocido, como era mi caso.

23 enero barrio caracas
La parte baja del barrio, más tranquila, está repleta de graffitis que hacen ver el carácter revolucionario de esta zona de la ciudad. Más allá del incremento de la violencia que viene sufriendo Venezuela desde que murió Chávez, y que se refleja claramente en este barrio, podría contaros muchos aspectos positivos del barrio. El que más me llamó la atención fue el del colectivo “La Piedrita”, un buen ejemplo de unidad popular y convivencia cívica. Os animo a ver este mini-documental para saber más sobre ellos. ¡Ojalá el ejemplo de civismo de la Piedrita siga cundiendo en el resto del barrio y la capital!

Buceando en Chichiriviche de la Costa

Después de casi un año sin hacerlo, ¡volví por fin a bucear! En su momento, supuso vencer uno de mis grandes miedos: sumergirme en la profundidad del mar. Sin embargo, aún no sentía haber superado este reto al completo. ¡Aún me faltaba hacer una inmersión en plena oscuridad! Así, aquella noche me adentré por casi una hora a una profundidad de 30 metros en busca de especies marinas que salen a cazar tras la puesta de sol. Creedme, da muchísima impresión estar ahí abajo rodeado de una inmensidad de agua marina y una oscuridad absoluta, con la única defensa de un tanque de aire y una linterna. Pero, aun mayor es la satisfacción posterior de haberlo hecho.

buceo nocturno chichiriviche

Fue en Chichiriviche de la Costa, no confundir con Chichiriviche, un pequeño pueblo pesquero al noroeste de Caracas. Uno de los lugares más populares para el buceo cerca de la capital.

Rumbo al sudeste

La salida de Caracas no fue sencilla. Al caos de los meses preelectorales se unió el del período vacacional de agosto, en el que hay mucho movimiento de personas dentro de Venezuela. Más de 5 horas de lucha en la estación de buses para conseguir un billete que me permitiese continuar mi ruta hacia Bolívar. La salida de buses se iba confirmando conforme a la demanda de la gente que iba llegando. Anunciaban por megafonía el número de ventanilla en el que se vendían los billetes en cada ocasión y decenas de personas se abalanzaban para tomar un buen puesto en lo que apenas parecía una fila. ¡Y allá que me sume a esa guerra!

Lo malo es que de nada servía conseguir un buen lugar en la fila, ya que los bachaqueros (revendedores), en alianza con la compañía de bus, siempre conseguían colocarse primeros para comprar de un solo golpe todos los asientos del bus. Tras un tercer bus que se nos escapaba y ante la indignación de gran parte de la gente que quería viajar sin ser partícipe de esa práctica corrupta, me uní a un grupo de venezolanos que se pusieron a vigilar toda la fila para que no se colase ni un solo bachaquero. ¡Solo así pudimos conseguir el billete!

En la foto me veis almorzando, por fin, a las 5 de la tarde con algunas de estas personas. Preparándonos para el viaje nocturno de más de 10 horas que nos quedaba por delante hacia Ciudad Bolívar.

gente venezuela

El Orinoco, Ciudad Bolivar

Ya en Ciudad Bolívar cumplí un pequeño sueño, ver el río Orinoco. Había opciones de viajes para recorrerlo hasta la desembocadura, pero mi prioridad era conocer la remota Canaima para ver los tepuyes de la Gran Sabana. La ciudad apenas tiene un par de edificios coloniales y un largo paseo fluvial en el que esos días tenía lugar una feria con comida y puestos de venta.

orinoco

Canaima: Tepuyes y el Salto del Ángel

Finalmente me decidí a ir a Canaima en un viaje organizado, la única manera de recorrer el parque natural. Hay mucho que decir sobre este impresionante lugar, por ello le dedico este post específico.

Ver el Salto de Ángel fue el momento álgido de este viaje, nada menos que la cascada más alta de todo el mundo. 979 metros de altura. Totalmente aislada y ajena al turismo masivo. Tardé todo un día en llegar teniendo que tomar una avioneta, una lancha y un sendero a pie. Algo realmente impresionante que mereció la pena el esfuerzo.

salto del angel

Rafting en Barinas

Y aprovechando la asequibilidad de las actividades deportivas y aventureras en Venezuela, algo a precios prohibitivos en la gran mayoría de países por los que venía pasando, aproveché para hacer un rafting de nivel 3-4 en los ríos del estado de Barinas, en el oeste del país. Segunda vez en mi vida que lo hacía después de Costa Rica. Siempre una experiencia emocionante.

rafting barinas

Tras esta parada en Barinas pasé un día en Mérida, una ciudad bastante diferente al resto del país. Fría, montañosa y muy ordenada. Sin duda la ciudad más amable y habitable de toda Venezuela.

Frontera Táchira-Cúcuta, Colombia

Este intenso viaje por Venezuela no pudo tener otro colofón. Me arriesgué a salir por el paso fronterizo de Táchira-Cúcuta, que llevaba ya cerrado un par de semanas. Había oído que estaban dejando salir a los extranjeros de visita y me aventuré a intentar salir por ahí, ya que era el paso más conveniente en mi itinerario de vuelta a Colombia. Con el riesgo de que me denegaran el paso y tuviese que dar un rodeo de muchos cientos de kilómetros y horas de bus para salir del país.

Sobre la situación, los medios afines al gobierno defendían la necesidad de cerrar temporalmente la frontera para poner fin al contrabando de todo tipo de bienes hacia Colombia, donde se revenden más caros, lo cual acentúa el desabastecimiento en el país. Por otro lado, los medios opositores hablan de maltrato a los colombianos que están siendo deportados por su situación irregular en Venezuela e incluso de crisis humanitaria.

frontera cucuta venezuela

Durante las varias horas que me tocó esperar, ya que estaban dejando pasar a todo aquel que tuviese una justificación de peso (motivos médicos, estudiantiles, familiares, personas con vuelos desde Cúcuta), pude ver con mis propios ojos como la Guardia Nacional Bolivariana trató con absoluto respeto a todo el mundo, incluyendo a las varias decenas de colombianos que también esperaban para pasar. Incluso había empleados del gobierno regalándonos bebidas y comida.

Del lado colombiano, tras pasar la valla que se ve en la foto, tan solo encontré el gentío habitual en una frontera con buses, taxis, cambistas… pero poco más. Con la alegría de haber conseguido pasar la frontera de esta forma tan particular, entré en Cúcuta, desde donde tenía un vuelo interno a Bogotá.

¿Vale la pena viajar a Venezuela?

¡Muchísimo! Volviendo a la pregunta de la peligrosidad, diré que en las 3 semanas que pasé por Venezuela no tuve absolutamente ningún problema. Obviamente, tratándose de un país latinoamericano, donde los estándares de seguridad son más bajos que en otros continentes como Europa, especialmente en las grandes ciudades, el peligro existe. Pero, como decía al principio, no creo que Venezuela sea más peligrosa que algunas regiones de México, países como los del triángulo norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras), algunas ciudades costeras de Perú, ciertos barrios de Brasil o Argentina… Y sin embargo, a muchos de estos países la gente va sin casi miedo alguno.

En definitiva, Venezuela es una país virgen (turísticamente hablando) como pocos quedan ya en América. Con muchísimos lugares impresionantes por descubrir. Creo que quienes andan de viaje por Sudamérica y se saltan Venezuela por temor, cometen un gran error. Tan solo se trata de ser cauto y extremar las precauciones durante la estancia. La recompensa por aventurarse a visitar este maravilloso país es muy grande. No me canso de recomendarlo.