Playas paradisíacas y herencia hispana en Filipinas

Filipinas era para mí uno de los destinos más esperados en mi paso por Asia. Mis expectativas con este país estaban incluso al nivel de dos grandes como India o Japón. Filipinas siempre ha sido un lugar que ha despertado mi curiosidad por los lazos históricos y culturales que la unen a España y México pese a los muchos kilómetros de distancia. Fruto, tristemente, del colonialismo, lo sé. Pero no solo por eso, también porque cada vez más personas me hablaban de la increíble belleza de sus miles de islas, repletas de playas paradisíacas y pueblos hospitalarios. Hasta en dos ocasiones me planteé ir en los últimos años, pero por un motivo u otro, nunca se dio. Por eso, de este viaje alrededor del mundo, ¡ya no podía pasar!

atardecer negros

4 semanas estuve por el archipiélago, poco menos de lo que me permitía el visado on arrival. Elegí centrarme en las islas centrales más pegadas al oeste, es decir, Palawan y las bisayas occidentales. Y, por supuesto, también la capital, Manila, a la cual tuve que volar en la entrada y salida del país. Para la próxima vez que venga, me dejo Mindanao al sur y el interior de Luzón, un mes no da para más y había que priorizar.

Os cuento paso a paso mi itinerario por este grupo de islas. Antes de empezar, podéis dar click al mapa a continuación para consultar el itinerario al detalle en Tripline.

itinerario filipinas

Palawan, la isla a la deriva

Cierto es que Palawan es uno de los destinos más visitados de todo el país, no faltan motivos. Pero, esta era la isla que inicialmente más me llamaba la atención de toda Filipinas y, por ello, quise que fuera mi primer destino. Tal como llegué a Manila desde Indonesia, volé a Puerto Princesa, la capital de la isla y mero lugar de paso. De ahí me fui directamente a El Nido, en el extremo norte, desde donde exploraría las islitas de la bahía de Bacuit. Hay buses y furgonetas que por unos 500 pesos te llevan desde Puerto Princesa en unas cuantas horas. Todo el encanto de El Nido está en sus alrededores, mar adentro o en tierra. Por la bahía de pueden hacer hasta 4 tours island hopping de un día en barca, conocidos como A, B, C y D. El A y el C son los más populares, ya que recorren los lugares más imponentes. Los precios iniciales oscilan entre los 1000 y 1200 pesos, de los cuales 200 pesos corresponden a la entrada al parque natural. Pero regateando se pueden rebajar bastante, sobre todo en la misma mañana un par de horas antes de que partan los barcos. La comida también está incluida y es de muy buena calidad, con abundante pescado, verduras y frutas, todo preparado al momento. El B y el C son más caros por estar más alejadas las islas que se visitan en ese recorrido.

el nido

Tuve la mala suerte de toparme con muy mal tiempo en mi llegada a El Nido, por lo que esperé (en vano) durante varios días que saliera el sol. Al tercero, agotada ya mi paciencia, me decidí a hacer el tour A, ya que incluía las lagunas escondidas y un par de playas que parecían ser bonitas. Pese a que el sol solo salió un par de ratos y el lugar estuvo repleto de turistas, quedé mínimamente satisfecho con los paisajes cársticos de la bahía.

Desde El Nido también parten barcos rápidos a las islas de Corón, con más playas en islas desiertas y muy buen buceo de pecios. Pero, por falta de tiempo, lo tuve que dejar para la próxima ocasión.

De vuelta a Puerto Princesa hice dos paradas. La primera en Port Barton, a mitad de camino. Pasada la localidad de Roxas hay una carretera a medio construir de unos 25 kilómetros que conduce hasta Port Barton, en la costa oeste de la isla. Pese al relativo aislamiento, este pueblito costero cuenta ya con numerosos alojamientos básicos cuyos dueños se frotan las manos ante el incremento de turistas que se producirá cuando se termine la carretera y se construya un aeropuerto internacional en la mitad norte de Palawan. Me sentí afortunado de haber conocido el lugar ante de que todo esto pasara.

port barton

El lugar aún conserva muchísimo encanto y autenticidad, fue mi lugar favorito en toda la isla y, por ello no puedo más que recomendaros ir antes de que el turismo masivo lo acabe devorando. Las embarcaciones de estos alojamientos a pie de playa ofrecen un tour por la bahía con un snorkel de primera (con muchísimos peces, corales y hasta tortugas), quizá el mejor que he hecho en mi vida. Como habéis visto en la foto anterior, también hay islotes con playas turquesas de postal. Nuevamente negociándolo la misma mañana conseguí bajar el precio a 500 pesos, la mitad de lo que me pedían. El almuerzo, nuevamente espectacular, tardaré mucho en olvidar el mero a la brasa que nos sirvieron a pie de playa.

Ya casi llegando a Puerto Princesa, una veintena de kilómetros al norte de la capital, hay un carretera que desde Bacungan lleva a una playa virgen llamada Nagtabon. Amplísima, muy tropical y casi sin turistas, sería perfecta si su arena fuese más blanca y sus aguas más turquesas. Estupendo lugar, muy recomendable.

mantis playa

Mactán y Cebú, llegada a las bisayas

Mi paso por la isla de Cebú fue casi fugaz. Pese a que la isla cuenta con lugares tan espectaculares como Malapascua al norte o las playas del sur. En avión se aterriza en la pequeña isla de Mactán. Un enclave histórico que no quería perderme, ya que aquí se dice que murió el explorador portugués Magallanes, que en su vuelta al mundo, hace ya casi 500 años, fue abatido por el jefe tribal Lapu Lapu, hoy héroe nacional. Hay un par de monumentos conmemorativos en el punto exacto de la batalla, al norte de la isla.

hernando magallanes

Por otra parte, la ciudad de Cebú fue el primer asentamiento colonial español en todo el país, por lo que hay algunos monumentos religiosos y civiles que visitar. Los más significativos son el fuerte de San Pedro y la parroquía del Santo Niño de Cebú. Por lo demás, la ciudad tiene muy poco encanto, para ser sincero. Pero es difícil que el camino no te haga pasar por aquí si se anda recorriendo las bisayas, ya que es la segunda ciudad más grande del país después de Manila.

fortaleza cebu

La sobrevalorada Bohol

Pese a ser un destino medianamente popular, la tenía totalmente descartada, pero mi anfitrión de couchsurfing en Mactán se ofreció a acompañarme y hospedarme en casa de su compadre allí. Como estaba de camino a Siquijor, mi siguiente destino, acepté la invitación. La gran atracción de Bohol, situada al este de Cebú, son las Chocolate Hills, un conjunto de montículos que en temporada seca tienen un color marrón chocolate. Están en el centro de la isla y se puede llegar fácilmente en transporte público desde la ciudad de Tabilaran. Incluso hay quien va a verlas en el mismo día desde Cebú. La entrada es de solo 50 pesos (1€) y da acceso a uno de los montículos desde donde se ve un panorama del resto. A mí personalmente me dejaron bastante indiferente, pero para el precio no está nada mal.

chocolate hills bohol

En la misma carretera hay un centro ecológico donde puede verse en cautividad al tarsero filipino, el primate más pequeño del mundo. Famoso por sus grandes ojos y oriundo de esta isla.

Lo mejor de mi visita a Bohol fue toparme por casualidad con un pueblo llamado Sevilla, como mi ciudad natal en España. Filipinas, así como Latinoamérica, está repleta de topónimos que coinciden con ciudades españolas, pero Sevilla no es para nada habitual. No pude evitar desviarme unos cuantos kilómetros de mi ruta para visitarla.

Siquijor, isla del fuego

Así llamaron los exploradores españoles a esta isla encantada debido a que, en aquellos tiempos, estaba repleta de luciérnagas. La isla, famosa por sus chamanes, se puede recorrer completa en moto a lo largo de los 70 km de carretera costera. Hay muchas playas, cuevas y pueblos por descubrir.

siquijor

Me hizo (nuevamente) muy mal tiempo y no pude más que conocer la mitad noroccidental, con poco que ver. Ya me contaréis los que la recorráis entera, creo que merece mucho la pena. Yo la dejo pendiente para cuando vuelva a Filipinas.

Negros, la isla del azúcar

Esta isla, dedicada durante siglos al cultivo de caña de azúcar (ya veréis cuantas plantaciones), es una de las más completas del país, ya que tiene buenas playas, montaña y ciudades medianas con cierta oferta cultural.

Llegué a Dumaguete, una ciudad universitaria y con ambiente bastante juvenil. No es nada del otro mundo, pero es buen lugar para disfrutar de las ventajas de una ciudad sin muchos de los inconvenientes que suelen tener tratándose de un país como Filipinas. Entiéndase principalmente tráfico, sobrepoblación y contaminación. El paseo marítimo es lo más agradable.

Recorriendo en autostop el litoral sur llegué a la costa oeste, concretamente a Sipalay. A unos kilómetros más al norte, siguiendo la carretera principal hacia el norte, sale un camino desde la localidad de Gil Montilla que conduce hasta la fabulosa Sugar Beach. La arena de esta amplia playa, que está aislada por un río que solo puede cruzarse en barca (20 pesos por los 10 metros que separan ambas orillas) es de arena marrón, por lo que no esperéis un cielo reflejado en aguas turquesas. Este es su único “defecto”, por llamarlo de alguna manera. Por lo demás es una playa que roza la perfección en muchísimos sentidos. No os la perdáis si pasáis por esta zona.

sugar beach

La isla tiene unos cuantos volcanes donde hacer trekking y una islita al sur llamada Apo donde realizar buceo. Da para mucho tiempo, pero como ya andaba apurado de tiempo, tuve que subir a Bacolod y cruzar a la última gran isla que visitaría antes de ir a Manila: Panay.

Panay, dos caras de una misma moneda

Entré por Iloilo, conocida por ser el último reducto colonial español en el país. Fue aquí donde me hablaron del que sería el lugar más especial y auténtico que visité en Filipinas y en todo el Sudeste Asiático: Islas Gigantes. Unas islas vírgenes situadas a pocos kilómetros del extremo nordeste de Panay. Os explico todos los porqués y cómo fui a dar con estas maravillosas islas en el post: “Islas Gigantes, un paraíso en las bisayas filipinas“.

isla gigante

Un lugar único y puro que contrasta con la también bella, pero explotadísima y cara, Boracay, al noroeste de Panay. La única manera de visitarla rebajando un poco los costes es dormir en algún hostal barato de Caticlán y cruzar a la isla durante el día. Pero la tasa portuaria (100 pesos por trayecto, 2€ al cambio) es tan alta, que esta opción solo vale la pena si vais un solo día, tiempo más que suficiente para darse un bañito en la famosa y concurrida White Beach.

boracay beach

Tras un día de viaje en el que cogí dos ferries y 2 buses para cruzar (a) Mindoro, llegué a mi último destino en Filipinas, la capital.

Manila, la vorágine de la capital filipina

Manila es una ciudad inmensa, superpoblada, con mucho tráfico y mal transporte público. Da pereza solo pensarlo, ¿verdad? Tranquilos, con un día que paséis aquí, por no decir medio, ya da para visitar la parte histórica de la ciudad, conocida como Intramuros. Allí está la catedral, las iglesias más antiguas, alguna que otra casa colonial y el fuerte de Santiago.

manila

Acostumbrado a visitar centros históricos coloniales todo restaurados y adaptados para el turismo, Intramuros fue como viajar levemente en el tiempo y visitar uno de ellos antes de que se produzca la casi irremediable intervención urbanística. Allí aún pueden verse familias haciendo un uso del espacio público más propio de un barrio que de un casco antiguo. Si lo veis, me entenderéis. Os podéis hacer una idea viendo la foto anterior con los chicos jugando al baloncesto. A mí me pareció estupendo, un aire diferente a un tipo de zona urbana que suele ser bastante más turístico.

Si se dispone de un poco más de tiempo, recomiendo visitar algún cementerio. Al igual que los parques, suelen ser lugares de reunión donde incluso es fácil ver gente jugando a juegos de pelota. En cambio, en algunos cementerios como el de Navotas, encontraréis familias enteras que viviendo dentro de tumbas. Algo impensable que no hace más que reflejar nuestro fracaso como sociedad. Cosas que no deberían pasar en ningún lugar del mundo.

Consejos de viaje

Comida: el gran talón de Aquiles de Filipinas, aunque, al menos, es muy barata. Mucha grasa, nunca falta la carne, platos fríos, arroz cocido en exceso. Solo cuando tienes la suerte de dar con un plato recién hecho y con carne mínimamente magra, uno queda medianamente satisfecho. A veces hay guisos que pueden saberte hasta a comida casera española.

Transporte: los ferries entre islas, si son Ro-Ros (grandes y lentos), son baratísimos. Ni 100 pesos por hora viajada. El transporte rodado tampoco es caro, pero el autostop funciona tan bien en Filipinas que ni para qué molestarse.

Alojamiento: Para desgracia de los viajeros solitarios como yo, escasean los hostales con dormitorios compartidos. Eso sí, couchsurfing va de maravilla y no es difícil encontrar habitaciones privadas a precios muy razonables.

Lengua: Os sorprenderá las numerosísimas palabras que se conservan del español en las diferentes lenguas autóctonas del país, sobre todo en los apellidos y topónimos. Aunque difícilmente conozcáis a alguien que lo hable como lengua materna, con suerte alguien que lo haya aprendido trabajando en España. Eso sí, el nivel de inglés es el más alto que he encontrado en toda Asia, se agradece poder comunicarse con la gente todo el tiempo.

palabras filipinas

Seguridad: Tratándose de una ex-colonia española de tradición católica, como los países de Latinoamérica, la inseguridad es más alta que la media del Sudeste Asiático. ¿Casualidad? A mí no me pasó absolutamente nada, pero sí puede llegar a sentirse cierta inseguridad en determinados lugares, sobre todo en Manila.

Visado: 30 días on arrival gratis y ampliables. Si se quiere estar más de un mes conviene sacar visa en la embajada filipina del país desde el que se proceda. Importante: piden vuelo de salida del país, son estrictos al respecto.

Otros: Si tienes el sueño ligero, no olvides tapones para los oídos. Casi no hay familia filipina que no críe gallos de pelea. Los quiquiriquíes son un continuo, 24 horas.

gallo negro

En definitiva, Filipinas cumplió mis expectativas. Aposté por centrarme en sus playas, quizá porque mi próximo destino era una invernal China, y me encontré con algunas espectaculares. Lo mejor, la honestidad y hospitalidad de su gente, muy por encima de la media del Sur y Sudeste Asiático. No sé si algún día volveré por estas tierras lejanas, pero de lo que sí estoy seguro es de que cada vez que conozca a algún inmigrante filipino, lo miraré pensando lo impresionantemente bello que es su país y preguntándome si será de alguna de las pocas islas que visité.