Primeras impresiones de Senegal

Como muchos ya sabéis estoy en Dakar, ¡Senegal! Estaré por aquí unos 3 meses trabajando en organizaciones y viajando por Senegal, Gambia y Guinea Bissau. Me está siendo tremendamente difícil subir cosas en el blog por lo que seguramente lo haré cuando vuelva. De todos modos intentaré publicar algo de vez en cuando para manteneros informados.

La verdad es que aún conozco poco del país pero, tras una intensa semana en la capital, de algo sí que te acabas enterando para tener las primeras impresiones. Por aquí la vida es un poco complicada y limitada en muchos sentidos, tanto para los toubab (blancos) como yo, como para los propios locales. Por poneros un ejemplo, el simple hecho de caminar por la calle es casi toda una odisea. Es como andar sobre arena de playa, esquivando cabras, gallinas. Por no hablar de un tráfico de locura y una contaminación más que considerable. Pero el hecho más destacable es que todo el mundo se te queda mirando por ser blanco; algunos extrañados, otros sorprendidos. De alguna manera es muy difícil pasar desapercibido, es imposible ser anónimo como cuando vas andando por la calle en cualquier ciudad europea. Es como el juego en el que te ponen un cartelito en la frente con un nombre y tienes que adivinar que eres, sólo que aquí ya sabes que eres un toubab y el juego consiste en saber qué es lo que eso representa. Es algo bastante abstracto, lo sé. Hay personas que lo llaman sentir el racismo a la inversa, aunque yo no lo describiría así. En cierta manera es algo así como ser parte de la minoría, algo a lo que no estamos nada acostumbrados. Se trata un poco, y es precisamente lo que venía buscando en esta experiencia, de doblar mi propio mundo del revés como un calcetín e ir del polo negativo al positivo para obtener así ciertas respuestas que de otra manera sería imposible encontrar. O como un amigo suele decir, para “falificar” la mente. En fin, es algo muy abstracto y difícil de explicar. Supongo que cuando complete mi estancia aquí podré sustentar estos pensamientos con las experiencias vividas y tener así las bases para poder construir ideas más claras al respecto.

En la tarde doy clases de inglés a niños de 12 años en la escuela del suburbio donde vivo en Dakar, Liberté 6. Ésta es católica, aunque la mayoría de los alumnos son musulmanes. Los niños son geniales, en la escuela y fuera de ella. Es increíble ver calles y calles repletas de niños corriendo de un lado para otro, entretenidos horas y horas con la cosa más ínfima que se pueda uno imaginar (futbolines, canicas, elásticos…). En cuanto te ven pasar, se acercan a ti diciendo “¡bonjour, bonjour!”, hasta que el más atrevido de la pandilla te extiende la mano para saludarte y es entonces cuando estás perdido… ¡Le das la mano a uno de ellos y ya todos quieren darte la mano! Y claro, todos no son ni uno ni dos, ¡sino 20! Y cuando ya has pasado el trámite y crees que el protocolo acaba ahí… no hay vez que te libres de la cancioncita del “¡Touuuu-bab, touuuuuu-bab, tuuuu-bab!” ¿Muy divertido y entrañable!

Otra anécdota bastante curiosa fue cuando el primer día llegue a mi casa y una niña de un año de edad me vio y se puso a llorar de inmediato y a correr super asustada en busca de su madre. En ese momento no lo entendí y me extrañé, hasta que me dijeron: No, tranquilo, es la primera vez que la pequeña ve a una persona blanca.

Aquí el tiempo está bastante bien, aunque no todo lo caluroso que cualquiera podría esperar de África y un país como Senegal. Incluso paso frío por las noches. Para que os hagáis una idea sería un equivalente a la segunda quincena de septiembre en España, ¡nada mal para ser inicios de febrero! Suficiente como para haber ido ya a la playa y haber tomado el sol. Lo jodido es el viento que en esta época sopla desde el Sahara, el famoso Harmattan, cargadísimo de polvo.

Tomar fotos por aquí tampoco es tarea fácil. Sacar una reflex en pleno Dakar es como entrar en el patio de un colegio con un caramelo en la mano. Aunque esas son las cosas de las grandes ciudades, en el resto del país la cosa es mas tranquila. Aun así, no desistiré en hacer fotos por la capital, pero antes quiero saber un poco cuáles son las zonas más benévolas.

Otra de las cosas que más llama la atención es la presencia del mundo musulmán, algo que tanto tiempo llevaba queriendo conocer. Hay mezquitas por todas partes, todas con sus pequeños alminares que parecen mini “giraldas” con el estilo enladrillado de edificio de barrio de los 60. También ves a gente rezando en cualquier parte sobre una alfombra en el suelo y todos se saludan con el clásico “Salamalekoum-Aleikum Salam”. Pero lo que más me llama la atención es la música religiosa que suena desde las mezquitas en llamada a la oración. No acabo de entender muy bien cuándo suena y cuándo no, supongo que las 5 veces al día que manda el Corán. Lo que si me queda claro es que me despiertan todos los días a las 5 de la mañana, cuando amanece.

Bueno, por lo demás, deciros que no estaré tampoco eternamente por aquí. Entre el tiempo que esté en Dakar con la escuela y la vuelta que me daré para conocer Senegal, Gambia y quizás Guinea-Bissau, alrededor de mayo estaré pisando tierras patrias nuevamente. Aunque sin saber por cuánto tiempo, como siempre. Senegal tiene muchísimo que ver ya que es un país emplazado en el Sahel, la transición entre el desierto del Sáhara y la selva tropical, por lo que en 700 kilómetros de norte a sur del país tiene tanto dunas saharianas al norte, como jungla al sur, pasando por la sabana africana. La región de la que mejor hablan, y de la que mejores cosas he visto en mis guías, es Casamance. Se encuentra al sur y pertenece ya a la zona selvática. Como es una región que salió hace algunos años de ciertos conflictos separatistas, permanece aun bastante virgen y poco explotada turísticamente. Hay gente a la que aún le da miedo ir pese a que todo esta muy tranquilo. Dicen que allí están las mejores playas de toda África Occidental, por no hablar de que esta habitada por la etnia diola, conocidísima por su hospitalidad y por no ser ni católicos ni musulmanes, sino animistas, religión ancestral del continente africano que, entre otras cosas, creen en la existencia de alma en cualquier elemento.

Bueno, tampoco sé si volveré a España por tierra a través de Marruecos, por mar a través de las Canarias o por aire a través de cualquier aeropuerto europeo a donde vaya el vuelo más barato desde Dakar. También es posible una combinación de las diferentes opciones. Sea como fuere, os lo iré contando en el blog. Por cierto, para venir aquí cogí un vuelo desde Milán por 200 euros. Fue un poco estúpido volar hacia el norte para ir de nuevo hacia el sur, pero me ahorré unos cuantos cientos de euros de este modo y aproveché para conocer Milán en una mañana.

A continuación una foto de las vistas desde el balcón de mi humilde habitación en Dakar.

barrio dakar