Travesía por el Sáhara Occidental

Mi paso por el Sáhara Occidental, en un viaje de retorno a casa (Sevilla) desde Senegal, fue prácticamente fugaz. Hice las 2 noche necesarias, una en Dakhla y otra en El Aaiún, para cruzar el país en dos días y medio. Si bien hay poco que ver, de ahí que solo fuese de paso, es uno de los lugares más interesantes y extraños que me ha tocado conocer: Primero por tratarse de una atípica ex-colonia española, segundo por ser un desierto inhóspito en el que realmente no hay absolutamente nada y tercero por ser un territorio ocupado por Marruecos.

mapa Sahara Occidental

Situación política

Existe mucha controversia por la situación política en esta región del mundo. Sin entrar en detalles históricos, se puede decir que esta región estuvo mucho tiempo en disputa entre españoles, marroquíes, mauritanos y los propios saharauis autóctonos. En los años 70, después de décadas de ocupación española y tras años de un proceso descolonizador auspiciado por la ONU, España abandona la región y la zona se sume en una guerra entre el Frente Polisario (saharauis apoyados por Argelia), Marruecos y Mauritania. Esta última no tarda en caer derrotada y es finalmente Marruecos quien se lleva el gato al agua ocupando la franja oeste (la costera) de todo el país y relegando al Frente Polisario al interior del desierto. En la actualidad, se habla de la existencia de un muro que atraviesa el país de norte a sur en cuyo lado este vive la población autóctona en campos de refugiados y al oeste, en la costa, conviven saharauis y una creciente población marroquí que, junto a los políticas de desarrollo promovidas desde Rabat, están trayendo sorprendentes mejoras a la región. Y así, con la mediación de Naciones Unidas, se escucha hablar de referendum, repartición de territorios, constitución de un estado saharaui dependiente de Marruecos… ¿tendrá fin alguna vez esta historia? Esperemos que sí y que acabe siendo justa para el pueblo saharaui.

Travesía

Dicho esto, cruzar la carretera que conecta Mauritania con Marruecos es una larga travesía de casi 1000 kilómetros que debe hacerse al menos en dos días. Yo la recorrí en 2009 desde el sur partiendo desde Nouadhibou, al norte de Mauritania, donde existe una “estación” desde la que parten taxis colectivos hacia Dakhla, a unos 430 kilómetros. Al poco de partir desde la ciudad se llega a la peculiar frontera con el Sáhara Occidental, también conocida como “No Man’s Land“, 3 kilómetros que separan ambos controles fronterizos en tierra de nadie. Después del control marroquí, cientos de kilómetros de desierto en los que solo se alcanza a ver el mar de vez en cuando hacia el oeste, mucha arena por todos lados y una carretera de doble sentido como única guía.

camellos sahara occidental

El viaje podría haber sido muy tranquilo si no fuese porque pinchamos una rueda a mitad del camino y, poco después, también la de repuesto. Por lo que nos quedamos tirados con el antiguo Mercedes colectivo en medio de la nada, en una carretera muy poco transitada. Pasaron al menos un par de horas en las que solo pasaron un par de vehículos que no pudieron ayudarnos. Nuestra última esperanza para no tener que pasar la noche en un coche en mitad del desierto era que el siguiente taxi colectivo que partiese desde Nouadhibou hacia Dakhla, pasase sin haber pinchado también y nos dejase su rueda de repuesto con la cual continuar. Uffff, y pasó! Montaron la rueda y continuamos, ya casi de noche, ambos coches con 4 ruedas pero sin ninguna de repuesto. Sin alguna de las 8 ruedas pinchaba, lo cual parecía probable en los más de 200 kilómetros que quedaban, estábamos perdidos! Pero la suerte nos acompañó en el camino y conseguimos cruzar el Trópico de Cáncer para llegar a Dakhla. No sin haberme empezado a sentir febril durante el camino y bastante indispuesto. Parece que algo que comí en Mauritania antes de salir me sentó mal. Pero nada que no pudiese soportar con una pastilla que me cortase la inminente diarrea.

Dakhla

La llegada a Dakhla, también conocida como Dajla, fue surrealista. Una señora que venía todo el camino en el taxi, que al principio me cayó mal porque tuve que cederle el asiento posterior (por ser mujer y para que no viajase al lado de hombres), nos invitó a todos a casa de unos familiares a cenar. Se imaginarán… un salón inmenso y repleto de alfombras, las bellas hijas veladas nos servían la comida, y el patriarca, que hablaba español contando historias sobre el país. Impagable! Pese a que aún no me sentía bien, compartí el pavo del cual todos comíamos en un plato central pellizcándolo con nuestras propias manos. Se hacía tarde y no sabía muy bien si la familia me iría a ofrecer alojamiento en su casa. Tras pasar finalmente por el baño, no sin hacer escándalo, el señor me acompañó a un hostal cercano donde pasé la noche antes de emprender nuevamente el camino a El Aaiún al día siguiente. En la mañana tan solo me dio tiempo de pasar por un cajero y desayunar antes de acudir al punto de partida de los taxis colectivos. Por lo poco que puede ver de la ciudad, conocida en tiempos de ocupación española como Villa Cisneros, me sorprendió su relativa modernidad y la belleza del trozo de mar que se adentra al lado interior de la península donde se encuentra la ciudad. Por lo visto, un lugar conocido entre los kite-surfistas europeos.

De Dakhla a El Aaiún

Camino en el taxi colectivo hacia El Aaiún, a 535 kilómetros de distancia, íbamos nuevamente hacinados en el viejo Mercedes. Un total de siete hombres: el chófer, dos en el asiento de copiloto y 4 en el asiento trasero, en el que cual me encontraba. Lo mejor del viaje fueron las conversaciones con ellos: un marroquí que había vivido en España y que defendía la pertenencia del Sáhara Occidental a Marruecos y un ex-miliciano que nos hablaba de cuando luchó contra el Frente Polisario en el desierto. También fueron muy agradecidas las paradas en el camino para beber té en Boujdour y comer tajín en un restaurante de carretera, toda una delicia después de lo mal que se comía en Mauritania. Pese a que el marroquí insistió en que me quedase con él esa noche para salir de fiesta con unos amigos (a saber qué tipo de fiesta a juzgar por lo poco que pude conocerlo durante ese día), le perdí intencionadamente de vista y me las arreglé por mi mismo en la ciudad.

El Aaiún

El Aaiún, también conocida como Laayoune, me sorprendió por su modernidad y desarrollo. De verdad me sentí en casa por única vez en todo un viaje de más de 3 meses. El parecido urbanístico a España era asombroso, no tanto por razones históricas sino por las nuevas construcciones. Paseé un rato aquella noche para buscar algo de cenar. En el paseo vi una gran plaza en conmemoración a la Marcha Verde y la antigua Catedral de la ciudad, aún en funcionamiento y construida antes del abandono de España. Tras mucho insistir llamando a la puerta (era tarde y estaba ya cerrada), me abrió el cura, un español de Castilla y León si no recuerdo mal. Sorprendido por la visita de un mochilero español, me invitó a visitar el interior oscuro de la catedral, que parecía más una iglesia de barrio obrero que un “duomo”.

Autostop, camino de Essaouira

A la mañana siguiente, decidí continuar mi camino hacia Marruecos haciendo autostop. Los continuos controles militares en la carretera me hicieron pensar que sería algo seguro. Cogí un taxi que me acercase a la salida de la ciudad y allí, tras esperar muy poco tiempo, me recogió una pareja de señoras holandesas en caravana que casualmente había conocido en el hostal de Nouadhibou. Con ella llegué hasta la frontera imaginaria con Marruecos, a la altura de Tarfaya, frente a las islas Canarias, las cuales se podían divisar lejanas en el horizonte! Allí intenté nuevamente el autostop y fui recogido por un amable saharaui con el que me comuniqué en francés. Con él llegué hasta Agadir donde aún alcancé a coger un taxi colectivo que me llevase finalmente a Essaouira. Tras uno de los trayectos más horribles que recuerdo, llegué muy tarde a la ciudad, después de haber recorrido más de 830 kilómetros aquel día. A duras penas conseguí encontrar un hostal donde dormir. Pero ahora sí, ya estaba en Marruecos y amanecí en una de las ciudades que más me gustó de todo el país.

En total, 1700 kilómetros recorridos en tres días! La prueba de que a veces la parte emocionante de un viaje no es el destino sino lo que se vive hasta llegar a él. Todo para atravesar el Sáhara y pasar de la Mauritania profunda al corazón de Marruecos, a dos pasos de Sevilla y la familia, que me esperaba con muchas ganas!

mapa Sahara