Una semana para conocer Corea del Sur

Mentiría si dijera que Corea del Sur era una de mis prioridades en Asia. Pero tampoco me hubiese perdonado no ir quedándome tan de paso entre China y Japón. Mi etapa por Asia Oriental no estaría completa sin visitar Corea. Además, ganas tampoco me faltaban después de haber conocido tantos coreanos a lo largo de mi vida y haber estudiado tanto sobre su historia más reciente.

bandera corea del sur

Lo tenía claro. Después de un mes en China, volé a Incheon desde Pekín, ya que era más barato que los ferries. Haciendo un sencillo recorrido de 3 paradas hasta el sur, donde tomé un barco con destino a Japón. Apenas una breve pero intensa semana en la que exploré Seúl; me acerqué a la frontera con Corea del Norte; tomé contacto con la Corea más auténtica y profunda en Yangyang y Sockho, en la costa nordeste; y rematé la visita al país con la apacible Busan.

itinerarios corea del sur

Os lo cuento con más detalle a continuación. ¡Ah! y podéis cliquear en el mapa anterior para navegar por el itinerario.

Seúl, una capital viva, pero gris

La capital de Corea del Sur no fue ningún descubrimiento. Seúl es una capital bastante viva, pero también muy gris. Probablemente no te enamores de ella, pero si te mantendrá entretenido un para de días con los numerosos lugares que se pueden visitar y las cosas que se pueden hacer.

No hay visita a Seúl sin subir al monte del parque Namsan, donde se encuentra la torre N de Seúl. No es necesario pagar la entrada para subir a la torre, los miradores que quedan a los pies son ya suficientemente altos para disfrutar de las vistas de la ciudad y el atardecer.

Si no has estado en muchos países asiáticos antes, quizá sea interesante visitar algunos de los palacios reales de la ciudad. Las entradas son bastante económicas y se conservan bastante bien. Los más recomendables son Gyeongbokgung, Changdeokgung, Gyeonghuigung y Deoksugung.

templo gyeongbokgung

Por lo demás, disfruté mucho paseando por la ciudad y observar el comportamiento de la gente en la calle. Perderme por mercados como los de Dongdaemun o Gwangjang. Toparme con grandes monumentos como la puerta Sungnyemun. Otra visita casi obligada en Seúl es la del Memorial de la Guerra de Corea, donde la entrada es gratuita y en el que se exponen piezas originales de la guerra y postguerra entre las dos coreas.

memorial guerra corea

De igual manera, fue muy enriquecedor pasear por el tendencioso barrio Hongdae con Miae, una ex compañera de universidad que no veía desde hacía 8 años. En Seúl me hospedó Adam, un profesor de inglés canadiense a través del cual pude conocer un poco de la gran comunidad angloparlante que vive y enseña inglés en Corea del Sur.

¡Ah! Y no dejéis de pasar una noche en un Jjimjilbang, unos baños/sauna públicos con espacios comunes repletos de colchonetas donde dormir. Sí, parece raro, pero en Corea del Sur es muy común entre los jóvenes ir a este tipo de lugares en la noche para echar un rato con los amigos o dormir en un lugar económico tras una noche de fiesta en la ciudad.

Jjimjilbang

Yo me quedé una noche en el Dragon Hill, junto a la estación Yongsan, por 13.000 wons (unos 11€). Las atracciones del lugar no fueron muy especiales que digamos, pero la experiencia de ser parte de esta peculiar práctico hizo que valiese toda la pena. Sea en este u otro de los muchos que hay en toda Corea del Sur, no dejéis de vivir esta particular experiencia.

Frontera con Corea del Norte

Hay varias maneras de entrar en contacto con Corea del Norte, pero cuanto mayor es el acercamiento, más alto son los precios. La primera opción es entrar en el país con un tour guiado desde Pekín, pero suele ser carísimo y el control es tan grande que puede llegar a arruinar la visita. La opción más recurrente es ir con un tour guiado desde Seúl al DMZ, en el que te llevan a los edificios que quedan justo en la línea fronteriza, donde pueden verse a soldados del vecino del norte. El costo ronda los 60-100 euros al cambio dependiendo del ofertante. Por último, la opción más económica, por la cual opté, es ir en transporte público hasta el Observatorio por la Unificación de Odusan, un museo pro-unificación en el que se muestran artículos originales de Corea del Norte y se goza de vistas inigualables a la desembocadura del río Imjin, frontera natural entre las dos Coreas en el extremo occidental. A apenas 2 kilómetros, en la otra orilla, se puede observar una porción de Corea del Norte.

corea norte

Se puede visitar en un día desde Seúl. Hay que tomar el metro hasta la parada Daehwa, al extremo noroeste de la línea 3, y, a continuación, tomar un bus local hasta los pies de observatorio, desde donde salen buses gratuitos.

observatorio corea del norte

Buscando la Corea profunda en Yangyang y Sokcho

Una vez visitada la capital y sus alrededores, decidí hacer una parada en una región más remota y rural antes de llegar a mi destino final, Busan. Tras indagar en internet y otros blogs y ver que tipo de experiencias ofrecía couchsurfing, decidí irme hasta la costa nordeste del país para explorar la región de Yangyang y la ciudad de Sokcho. Allí me hospedé con Sunny Li Kim, una joven y simpática estudiante coreana, y su hospitalaria familia en una casa rural a las afueras de la ciudad. Esta convivencia y poder descubrir el día a día de una familia coreana, fue incluso mejor que los agradables paseos que di con Sunny para conocer la región.

puente sokcho

Si decidís ir por esta zona os recomendaría visitar el templo budista de Naksansa, situado sobre la costa a medio camino entre Yangyang y Sokcho.

templo naksansa

Yangyang no tiene mucho que ver, merece mucho más a pena Sokcho. Tiene un mercado de pescado y marisco bastante grande y un barrio habitado por refugiados de Corea del Norte llamado Abai en el cual es típico comer calamar relleno.

calamar relleno sokcho

Esta zona también es famosa por las haenyeo, mujeres de avanzada edad que bucean a pulmón para recolectar mariscos de las profundidades. Y si disponéis de un poco más de tiempo también se puede dedicar un día para hacer un trekking en las cercanas montañas de Seoraksan.

Pasados este par de días, emprendí rumbo al extremo sur haciendo autostop por la carretera que baja toda la costa oriental de Corea del Sur. Como ya venía siendo habitual en este país, el autostop se dio muy fácil. Tiempos de espera cortos y conductores muy agradables. Durante el camino me llamaron la atención las playas que iba pasando a mano izquierda. Aún hacía frío para bañarse, pero pintaban muy bien para el verano. ¡Aunque ni quiero imaginar lo abarrotadas que deben de estar!

Busan, la ciudad habitable

Busan, la segunda ciudad más grande de Corea del Sur, sería la última parada en el país. Aquí tomaría el ferry a Japón, pero no sin antes pasar un par de días explorando la ciudad. Busan cuenta con un buen puñados de atractivos por los cuales recorrerla con gusto. Destacarías el gigantesco mercado Jagalchi, de pescados y mariscos, donde se encuentran especies que jamás pensé que existieran; la zona de Haeundae, con una amplia playa; el barrio artístico de Gamcheon, una antigua zona pesquera ahora rehabilitada con gallerías de arte y grafitis…

playa haeundae

Pese a ser bastante extensa y dispersa, Busan es probablemente la ciudad más habitable que haya conocido en toda Asia. Si tuviese que elegir un lugar donde vivir en Asia considerando tan solo la calidad de vida de la ciudad, sin tener en cuenta otros muchos factores también determinantes, elegiría Busan.

busan

Nuevamente, el contacto con locales marcó la diferencia también en esta ciudad. Me hospedé en casa de una joven pareja coreana, Yacho y Chang, y pasé una tarde con Ji Yeong, la amiga coreana de otra amiga que vivió junto a ella en Milán. Fue muy extraño pasear por Busan hablando en italiano con una coreana.

mariscos raros

Consejos varios:

Comida: Pese a la clara influencia china y japonesa, bastante particular. Intentad no dejar el país sin al menos probar una barbacoa coreana (bulgogi), el gimbap, el tteokbokki o el hotteok, dulce típico de Busan. Otro clásico es el kimchi, pero ese lo acabaréis probando tarde o temprano, ya que es un acompañamiento que nunca falta en la mesa. La comida, incluso en los supermercados, es bastante cara, incluso más que en Japón. Se hacía difícil encontrar artículos básicos y baratos con los que salir del paso.

Transporte: Aunque recorrí el país en autostop, que se da bastante fácil, los transportes son relativamente asequibles, precios equiparables a los de España.

Alojamiento: Igualmente no tuve problemas en encontrar lugares en Couchsurfing para que me alojasen familias locales. Las habitaciones compartidas en hostales son también relativamente asequibles, las hay desde 10 euros (al cambio) la noche. Una alternativa barata son los jjimjilbang, saunas abiertas 24h con estancias donde dormir en colchonetas.

Visado: 3 meses “on arrival” para europeos comunitarios. Sin ningún tipo de problema al ingresar en el país, aun sin tener billete de salida.

Lengua: El coreano, aunque se habla inglés considerablemente mejor que en China y Japón.

Otros: Un país muy seguro. Encontraréis redes wifi abiertas por todas partes.

coreanos

Con esta visita a Corea del Sur, aunque muy breve, me llevé una buena idea de cómo es este país del que tantas personas había conocido. Pese a haber tenido la oportunidad de convivir con familias coreanas y visitar zonas lejanas a las grandes ciudades, puedo decir que Corea del Sur no fue la experiencia más “asiática”, llamémoslo así, de mi viaje por el continente. Fueron vivencias impresionantes y muy auténticas, pero quedan muy lejos de las que viví en China y Japón. Seguramente porque estos dos países son mucho más diferentes culturalmente a nosotros los occidentales. A su favor diré que, los sudcoreanos, son personas de trato más sencillo y fácil que el de sus vecinos. Y, para acabar este post, me mojo atreviéndome a decir que las chicas coreanas fueron las que más atractivas me parecieron de toda Asia Oriental.