Sicilia: Despedida de Italia y preludio de un gran viaje

Durante los dos años que viví en Roma, me fui reservando para el final la región de Italia que sabía que me iba a gustar más: Sicilia. Por lo que antes de coger todo lo acumulado en este tiempo y emprender rumbo a mi casa familiar en Sevilla, me tomé apenas 5 días para llevarme una mínima impresión de la isla. Pero este viaje no solo fue mi manera de despedirme de mi querida y odiada Italia, sino que en cierta manera también fue el preludio del gran viaje por el mundo que comenzaría tan solo un mes después. En él probé mi nueva cámara, el equipaje candidato a acompañarme durante meses y, sobre todo, mis reacciones ante un nuevo modo de vida basado en viajar.

Sicilia no defraudó todas las buenas expectativas que me había creado sobre ella durante todo este tiempo. No es ni más ni menos que la región más representativa de un sur que se presenta como la Italia más auténtica pueda encontrarse. Con gente de un verdadero carácter mediterráneo, lugares genuinos y precios a la medida de un país de la Europa meridional. Una isla de una riqueza cultural y natural sin igual.

En 5 días y dependiendo de las escasas conexiones en transporte público que existen en la región, intenté ver tanto como pude. Mi gran consejo para visitar a fondo la isla es, sin duda, alquilar un coche. En este viaje volé, tanto a la ida como a la vuelta, al aeropuerto de Trapani, en el noroeste, a una hora de Palermo. Dediqué un día a la capital antes de dirigirme al extremo este, a Catania, desde donde me quedé dos noches para conocer la ciudad y visitar Taormina. Las últimas dos noches las pasé en el sudeste, entre Siracusa y Ragusa, para centrarme en las ciudades barrocas de la región. A la vuelta hice una breve parada en la ciudad de Trapani antes de coger el avión de vuelta a Roma.

Palermo

La primerísima parada fue en la capital de la región, Palermo. La ciudad más grande y moderna de la isla. Pese a que me hizo muy mal tiempo, pude disfrutar de los rincones que encontraba al pasear. El lugar más auténtico es el mercado de Ballarò, en pleno centro, donde uno no sabe si está en Europa o más bien en algún mercado callejero del norte de África o Latinoamérica. Con todo lo positivo que esto pueda suponer para un viajero en busca de la autenticidad italiana. En la misma línea está el centro histórico, que gira en torno a la denominada Vucciria.

La ciudad está repleta de arquitectura de diversos períodos históricos. No se puede dejar pasar la iglesia de San Cataldo, los Quattro Canti, el Palazzo dei Normanni y los teatros Massimo y Politeama. Por último, también es interesante la catedral, que para mi gusto desentonaba mucho en calidad y estilo con la ciudad. ¡Ah! y no iros de Palermo sin probar la comida de calle, especialmente los panini de milza y los de panelle.

Palermo

Catania

Catania es la segunda ciudad más importante de la isla, eterna rival de la capital. Una localidad mucho más tranquila y en la que empieza a abundar el barroco, como en todo el este. De allí son típicos los cannoli, el delicioso dulce estrella de la repostería siciliana. Desde la maravillosa plaza del Duomo, donde está la catedral y la famosa fuente del elefante, símbolo de la ciudad, puede contemplarse el volcán Etna, al final de la concurrida via Etnea. Tampoco pueden olvidar visitar las iglesias barrocas de la via dei Crociferi y los restos romanos del teatro y el anfiteatro.

banderas catania
catedral catania

Taormina

No lejos de Catania, en dirección norte, puede visitarse Taormina. Una pequeña localidad al borde del mar y que, desde lo alto, se asoma al estrecho de Messina. Cuenta con uno de los teatros griegos más espectaculares que existen en el Mediterráneo y con un bello centro histórico digno de ser paseado.

teatro taormina

Siracusa

Ya en el extremo sudeste de la isla se encuentra Siracusa, probablemente la ciudad que más me gustó de toda Sicilia. Una ciudad que irradia luz por todos sus costados y con interesantísimos lugares que visitar. El centro histórico es una suerte de isla llamada Ortigia, con numerosas calles por las que perderse y una espectacular catedral construida en la estructura de un antiguo templo griego. Aunque lo que más me gustó de mi breve paso por Siracusa fue la iglesia de san Giovanni alle Catacombe, una iglesia en ruinas y sin techo que aún sigue en pleno funcionamiento, de las pocas en el mundo de estas características. Bajo la iglesia pueden visitarse unas catacumbas cristianas y una antigua cripta supuestamente visitada por el apóstol san Pablo.siracusa

catedral siracusa
iglesia san giovanni siracusa

También a las afueras de la ciudad, sobre un paraje natural bastante peculiar, se encuentran los antiguos restos griegos y romanos de la ciudad grecoromana, donde destacan el anfiteatro y el teatro. No dejéis de entrar en la Oreja de Apolo, una extraña cavidad en la peña donde se apoya el teatro. ¡Os sorprenderá su acústica!

anfiteatro siracusa

Noto

De Siracusa hacia el interior para visitar las denominadas ciudades barrocas del este de Sicilia. Noto es la más pueblerina y tranquila, una joya urbanística.

catedral notocalle noto

Modica

Famosa por su chocolate, el cual reconozco que no me entusiasmó por su consistencia terrosa. Con una peculiar disposición en la que, cortada por una avenida principal, asciende paralelamente en dos laderas que se enfrentan. Inconfundible con sus decadentes edificios e iglesias barrocas de color ocre.

modica

gato modica

Ragusa

Y la más importante de todas, Ragusa. También muy barroca y emplazada en un terreno muy montañoso. La parte histórica y más valiosa se llama Ragusa Ibla, situada al margen de la ciudad sobre un montículo rodeado de valles y más montañas.

ragusa iblabarroco ragusa
En la piazza della Libertà de Ragusa encontramos uno de los muchos edificios fascistas que Mussolini construyó en Sicilia. Pese a que el período este histórico fue fatal precisamente en cuanto a libertades, reconozco que su arquitectura me resulta siempre interesante, especialmente en Italia.

arquitectura fascista ragusa

Trapani

Ya de vuelta en el oeste de la isla, la última parada fue en Trapani, una ciudad con poco que ver pero de paso obligatorio si se quiere ir a la isla de Favignana. Aproveché para degustar algunas de las delicias gastronómicas de Sicilia.

comida siciliana

Pese a que me quedó mucho por ver, volví satisfecho de todo y cuanto pude visitar, que fue también mucho y muy de mi agrado. Fue bonito visitar la Sicilia en primavera, con flores allá donde miraba y sin las hordas turísticas estivales, pero también fue doloroso tener que sacrificar sus paradisíacas playas y el ascenso al Etna, ya que el tiempo aún no era lo suficientemente cálido para hacerlo. De igual manera, la falta de tiempo hizo que prescindiera de el Valle de los Templos, Agrigento y la zona interior, con fabulosas ciudades y yacimientos como Piazza Armerina. Tuve que priorizar por ver una cara de la isla más diferente al mucho mundo romano que llevo visto y a los numerosos yacimientos griegos que iría a ver pocas semanas después en mi inminente visita a Turquía.

En definitiva, tendré que volver y, a ser posible, en verano. ¡Sicilia bien lo merece!